Miríada

Por Nabucodonosor

La Navidad debería ser un carnaval, una fiesta de la carne. Sí, una celebración exultante, porque el Dios trascendente, omnipotente y lejano del hombre, toma su condición de “carne” para “sentir”, “vivir” y “morir”. Por eso el amor solo se entiende y pasa a través de la carne, de los cuerpos. Como “espíritus encarnados” no podemos amar sin tocar, sin besar, sin sentir.

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