Olvidada, la Hacienda Paso de Varas en Puente Nacional

Fue adquirida por Santa Anna antes de 1839 y no fue tan famosa como Manga de Clavo
A mediados de la década de 1840 poseía la mayor parte de las tierras entre el puerto y Xalapa, dice Will Fowler.
Como hacendado y patrón, creó empleos y veló por los intereses de las comunidades.

 

Por Juan Pablo Armas

Ubicada en la carretera 140 Xalapa-Veracruz, entre las poblaciones de Tamarindo y Puente Nacional, el casco de la Hacienda Paso de Varas, que fue adquirida por Santa Anna antes de 1839 y no fue tan famosa como Manga de Clavo, se encuentra prácticamente en el olvido luego de que en 2015 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Conacultacancelara el proyecto de rescate.

Gestionado por varias administraciones municipales, fue la alcaldesa Mercedes Cerda Aguilar quien logró concretar los primeros apoyos para la rehabilitación de este espacio histórico. Las obras y gestiones las continúo el alcalde Nicolás Campos Vázquez y fue el munícipe Segundo Grajales Lagunes, quien al incumplir las reglas de operación del PAICE, obligó a Conaculta a la cancelación del proyecto denominado“Rehabilitación y equipamiento de la Casa de Cultura de Puente Nacional Veracruz” en el convenio de colaboración CNCA/DGVC/COLAB/03924/13.

Hoy, la Hacienda Paso de Varas se encuentra prácticamente en el olvido, porque el monto inicial de 800 mil pesos —cuya inversión global sería de 14 millones— solo alcanzó para aplanar muros, la cimentación del inmueble y la colocación de algunas vigas y lozas en los techos, todo bajo la supervisión del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A decir de los pobladores, quienes son los más interesados en el rescate de este inmueble, que permitiría consolidar a Puente Nacional como un destino turístico, al actual alcalde Fabián SartoriusDomínguez no le interesa realizar ninguna gestión, argumentando que el municipio fue vetado por Conaculta “por los errores de Segundo Grajales”.

A pesar de que una comitiva de ciudadanos le ha pedido que intervenga y busque a la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, quien preside el Consejo Honorario de la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural de México, para gestionar apoyos y el rescate de esta Hacienda sea una realidad, el munícipe se ha negado.

FUE UN ESPACIO MILITAR, DICE CRONISTA

Para el Cronista Lorenzo Montero, en 1803 esta Hacienda estaba en manos del Marqués de Salinas y era administrada por don Pedro Mejía. “Llegaba hasta Actopan. Colindaba con la famosa hacienda de Las Tortugas, por un lado y por otro hasta Santiago de la Peña, que es ahora Cardel, colindando con Zempoala y el Agostadero.

Cuando Santa Anna la adquirió, en 1825, siguió produciendo en todo su territorio, pero esta edificación fue utilizada como un espacio militar, porque se encontraba al pie del Camino Real y arriba del Río de Los Pescados. “Jugó un papel muy importante, por el momento geopolítico. Fue un campo militar de gran importancia”.

De hecho, en la edificación aún se pueden ver los espacios de caballerizas, las troneras para los artilleros, un polvorín e impactos de balas en las paredes.

Lorenzo Montero señala que si la batalla de Cerro Gordo del 18 de abril de 1847, entre el ejército mexicano que comandaba Antonio López de Santa Anna y las fuerzas norteamericanas del General General Windfield Scott se hubiera dado acá en Paso de Varas, este lugar habría tenido más renombre histórico. “La batalla la ganó Santa Anna y Cerro Gordo se ganó un sitio en la historia”, indicó.

SANTA ANNA EL TRAIDOR Y EL HÉROE

Para el historiador Will Fowler, autor del libro Santa Anna, editado por la Universidad Veracruzana, el tiempo ha venido a resquebrajar los mitos que existían sobre Antonio López de Santa Anna, considerándolo un traidor, chaquetero y tirano.

“Santa Anna es hasta nuestros días el líder que a todos los mexicanos (y texanos) les encanta detestar. Para mucha gente, aún es incuestionable la idea de que ‘él fue la causa exclusiva de todos los males de México’… Fue el oportunista que cambió de bando siempre que convino a sus intereses… Fue también un tirano déspota, el ‘Atila de la civilización mexicana’, el ‘Napoleón del Oeste’”.

“Si Santa Anna era tal monstruo, ¿cómo explicar sus repetidos retornos, o que tantas corrientes políticas lo invitasen, en un momento u otro, a rescatar al país”, se pregunta Fowler.

Santa Anna, añade, tenía el don de aparecer en el momento justo, cuando el pueblo mexicano estaba harto de algún gobernante o régimen en particular y deseaba paz y estabilidad, y cuando a los generales de menor rango se les complicaba el combate a los agresores extranjeros o internos.

“Tenía magnetismo y presencia físicos. Inspiraba a quienes lo rodeaban. Impresionaba incluso a sus enemigos su dinamismo, su capacidad de trabajar o marchar hora tras hora sin cansarse, su gran inteligencia”, indica.

Fue un líder natural y por ello fue llamado el Héroe de Tampico, el Héroe de Veracruz, Su Alteza Serenísima y hasta la pierna, que perdió en la batalla contra los franceses en el puerto de Veracruz, era venerada y recibía peregrinaciones de mexicanos que lo querían, en el panteón de Santa Paula en la Ciudad de México, en donde fue enterrada.

PRODUCÍA, CREABA EMPLEOS Y CUIDABA SUS COMUNIDADES

Como hacendado y patrón, dice Will Fowler, creó empleos y veló por los intereses de las comunidades.A mediados de la década de 1840 poseía la mayor parte de las tierras entre el puerto de Veracruz y Xalapa.

Su ganado, con un valor de 315 mil 244 pesos en 1844, proveía tanto al puerto como a la capital de la provincia la mayor parte de sus productos cárnicos. La dependencia de los productos agrícolas de sus tierras era tal que su contribución a la economía local era indispensable.

Las actividades que emprendió en Medellín, Xamapa, San Diego y Tamarindo en 1819 y 1820 sirven como recordatorio de la energía que canalizó a la organización de las comunidades que vivían bajo su control. Del mismo modo, las expresiones de gratitud de la gente que trabajó para él en su hacienda de Colombia en 1858 son también útiles para ilustrar lo que Santa Anna disfrutaba como hacendado y patrón”.

El provinciano muchacho clasemediero que alguna vez fue Santa Anna se convirtió en lo que un historiador denominó, “en términos modernos, un multimillonario, con posesiones, según sus propios informes, de 483 mil acres (1 955 kilómetros cuadrados) en el departamento de Veracruz”.

El rescate de este espacio en el municipio de Puente Nacional sería una gran oportunidad para conocer mejor a este personaje que forma parte de la historia de nuestro país.

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