Desde los nueve años ve personas muertas y tiene premoniciones

Soy escéptico, no creo en ese tipo de cosas, pero busco una explicación, dice Arturo Velasco, un xalapeño que habla a Espejo del poder sobre este fenómeno que podría considerarse paranormal.

Por Juan Pablo Armas

Arturo Velasco es un profesionista xalapeño, hombre maduro, serio, que durante toda su vida se ha conducido de manera intachable y correcta. No es afecto a las bebidas alcohólicas ni a las drogas. Sin embargo, desde los nueve años ve personas muertas y tiene premoniciones.

Ha visto a su padre fallecido con la ropa que usaba frecuentemente, montado en su vehículo y lo ha escuchado en el ritual que cumplía todos los días en su casa, antes de irse a dormir: revisando que las puertas estuvieran cerradas, lo mismo que las llaves del agua de la cocina y apagando las luces de las habitaciones.

En una ocasión lo vi y me dijo: vengo por ti. Al otro día tuve un accidente muy grave en mi vehículo, en donde me desvanecí y casi pierdo la vida”, cuenta.

A lo largo de muchos años, Arturo ha visto a personas con sombreros, con overol, con trajes oscuros y hasta a una tía recién fallecida. A todos los ve quietos, callados, mirándolo, pero sólo en tres ocasiones ha tenido miedo y un gran escalofrío ha recorrido su cuerpo. En las otras veces las figuras aparecen y se pierden en cuestión de segundos.

Arturo Velasco dice que siempre ha sido escéptico, no cree en los fenómenos paranormales ni en apariciones, pero ve sombras, espectros, personas muertas, incluso en casas nuevas a donde ha llegado a vivir, porque por lo regular se le aparecían en casas viejas.

Por eso, añade, ha buscado explicaciones, ha leído al respecto, ha visitado a expertos y no ha encontrado una respuesta racional o científica para este y otro tipo de fenómenos que ha experimentado a lo largo de su vida.

COSAS RARAS, A LOS SEIS AÑOS

A los seis años tenía un sueño recurrente: me iba en una espiral sin fin, como en un túnel. Cuando despertaba, algunas veces tenía temperatura, porque había estado delirando. Las sábanas que me cubrían terminaban empapadas de sudor y mi madre estaba a mi lado tratando de despertarme.

“La primera vez que vi una figura fue como a los nueve años, en la casa de mis padres. Era una figura humana, pero como si fuera neblina, gris. La vi enfrente de mí y así como la vi, se desvaneció. Estaba en mi habitación, a oscuras y vi la silueta de un cuerpo humano, sin rostro. No me dio miedo. No supe qué había sido”.

“En la infancia siempre creí que todo esto era parte de un sueño o de mi imaginación. No tenía conciencia de lo que me pasaba”, relata, y no recuerda más experiencias de esa época.

“De niño yo soñaba mucho, pero despertaba cansado. Yo no quería soñar, porque eso me representaba un cansancio físico, sin saber que esos sueños podían tener una explicación o prevenir un acontecimiento”.

A MUCHOS MUERTOS LOS CONOCE

De las personas que Arturo Velasco ha visto, a muchas las ha conocido y a muchas no. “En una ocasión soñé que moría alguien que yo conocía. Yo estaba en Zongolica y hablé a casa de mis papás para saber cómo estaban y me dijeron que había muerto una vecina. Soñé que se había muerto alguien y que lo conocía, pero no supe quién”.

Ese sueño fue un lunes y la llamada el martes. El miércoles, añade, soñé que se moría otra persona que conocía y vuelvo a marcar por teléfono y efectivamente esa noche había muerto otra persona que conocía. Eso ha sido muy recurrente, indica.

“A mi papá lo he visto muchas, muchas veces. Lo vi en su coche, lo vi en la casa varias veces, observándome. Ahí no era una sombra, era él, físicamente, a quien estaba viendo. Incluso he coincidido con otras personas que también lo han visto en el mismo lugar donde yo”.

—En este caso, ¿cuál fue tu reacción, no intentaste hablarle?

“Mi reacción fue de sorpresa. Nunca he tenido miedo, pero no te da tiempo, porque es muy rápido. Se queda uno pasmado y no da tiempo de articular una palabra. Lo he visto hasta con la ropa que él usaba”.

EN BLANCO Y NEGRO Y A COLOR

—¿Sueñas o ves a las personas a color o en blanco y negro?

“Al principio, cuando me hacían esa pregunta, no sabía responderla, hasta que en una ocasión, en un sueño puse atención en eso y me di cuenta que una señora, de las que estaban en un velorio, traía unos aretes verdes. Entonces dije: ah, sí sueño a colores. También en las apariciones veo a personas en blanco y negro y a color”.

Uno de los casos que más le ha impresionado es la visión de una persona vestida de negro, con sombrero y capa, que se le aparecía en la cochera donde guardaba su auto, a cuatro cuadras donde vivía, en Xalapa.

Llegaba a las doce o una de la mañana todos los días y la verdad ya no quería guardar mi coche ahí, porque siempre veía a esa persona. Ahí estaba, todo de negro, con sombrero y capa”, indica.

“Ahí sí ya empecé a sentir que era algo malo. Algo me lo decía, que eso no era bueno. No sentí lo mismo que con las otras que había visto. Esta persona me generaba resistencia. Ya no quería verlo”.

—Dicen que en algunos casos un escalofrío recorre el cuerpo, ¿te ha pasado?

“A pesar de que he visto tantas cosas, tantas veces,  durante tantos años, solamente me ha pasado en tres o cuatro veces que un escalofrío recorre toda mi columna. Es un escalofrío que me está diciendo que algo está mal. Algunas veces no ha sido solamente ver, sino sentir”.

LAS GALLINAS DE LA CASONA DE ZAMORA

Cuenta que en una ocasión, mientras estudiaba en la Facultad, con 18 o 19 años, vivía en una casa muy vieja en la calle de Zamora, frente a la Primaria Enrique C. Rébsamen, de Xalapa. Una noche se encontraba trabajando en la cocina, como a la una de la mañana, escribiendo a máquina, cuando de pronto empezó a sentir un gran escalofrío.

“Fue un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. En esa casa, que era una pensión, la señora tenía un patio con gallinas y en ese momento vi que las gallinas empezaron a subir las escaleras, calmadas, en fila, una tras otra, y pasaron enfrente a mí. Pensé: ellas no andan de noche y menos en filita, algo está pasando. En ese momento tomé mis cosas, mi máquina, mis hojas, apagué la luz y me fui a dormir, porque sentí la presencia de algo o de alguien. No sé qué era, pero era algo”.

—¿Tú creías en fantasmas o espíritus?

“No creía, porque son cosas que no tienen explicacióny sobre todo por la formación religiosa que he recibido. Esas cosas las asociamos al mal o simplemente no creemos en ellas. Si hay alguna explicación, pensamos que es el mal, es el Maligno el que está ahí.

En esa misma casa de Zamora, añade Arturo Velasco, en otra ocasión, en la recámara que ocupaba, con muebles muy antiguos, empezó a escuchar un ruido que pegaba en su cama: , , .

“Yo estaba muy cansado de tanta tarea y ya me estaba quedando dormido, pero ese ruido no me dejaba. Pensé que lo que sonaba era la figura de un Cristo que estaba en la cabecera. Entonces me paré y lo agarré para que ya no sonara, pero cuál fue mi sorpresa, que se seguían escuchando los golpes en la cabecera, , , ”.

“Era una cabecera de latón antiguo, indica. Seguían golpeando la cabecera pero no había nadie en esa habitación, solo yo. Me levanté, prendí la luz y no descubrí nada, pero nunca supe qué pasó, quién golpeaba mi cabecera”.

Otra cosa que recuerda de esa casona vieja de la calle de Zamora fue que una noche sintió que lo estaban asfixiando. “No podía despertar, no podía, hasta que lo logré y me levanté. Pensé que sólo había sido un mal sueño”.

“Sin embargo, al otro día, a la hora del desayuno se lo platiqué a la dueña y a su sobrino. Vi de inmediato su cara de sorpresa. Les pregunté lo que pasaba y me dijeron que una niña de ocho años, de una familia que vivió ahí hace muchos años, se había suicidado. Luego, un tío de ella había estado durmiendo ahí y también lo trataron de asfixiar”.

Este señor, señala, les había platicado también que había visto una niña. “A esa niña yo no la vi, pero él decía que era la misma que se había suicidado. El sobrino de la dueña contaba que por las noche sentía que le jalaban la cobija, pero que a él eso no le daba miedo y por eso no le daba importancia”.

SUEÑOS PREMONITORIOS

Arturo Velasco también ha tenido sueños premonitorios, como el que tuvo el escritor Mark Twain, quien soñó a su hermano, muerto, dentro de un ataúd, con un ramo de flores blancas. El sueño se cumplió, porque Henry Twain falleció días después en el incendio de un barco de vapor donde viajaba y su ataúd y flores eran idénticas a las que soñó su hermano.

En otra ocasión —añade Arturo— mientras hacía su servicio social, todos los días pasaba una amiga por él, al departamento donde vivía, en la Avenida 20 de Noviembre, para irse caminando hasta el lugar de trabajo y un día soñó que la atropellaba un vehículo en la esquina con la calle Revolución.

“Ella pasa, como cada día y nos vamos caminando por 20 de Noviembre. A ella le gusta platicar mucho y me va contando cosas. De pronto, en la esquina con Revolución se cruza, sin fijarse que viene un auto y en se momento se escucha el rechinido de las llantas al frenar. Estiro el brazo para tomarla del hombro, pero no alcanzo a agarrarla y el auto la atropella, la avienta y cae al piso boca arriba, con los ojos abiertos. Hasta ahí terminaba mi sueño”.

Al otro día pasa por mí y le voy contando lo que soñé. Como es espantada, me dice: no me cuentes, no me cuentes, no quiero escuchar y en ese momento íbamos llegando a la esquina de Revolución y al irme diciendo que no quiere oír, que no le cuente, no se fija y se pasa la calle y entonces se oye el rechinido de llantas, igualito que en el sueño, y yo estiro el brazo y la agarro del hombro y el auto pasa delante de ella pero no la atropella porque yo la logré agarrar, lo que no pude hacer en el sueño”.

“Para los dos esto fue muy impactante. Eso que yo soñé, pasó idéntico y hasta el día de hoy no tolera que le cuente esa historia. Cuando le quiero recordar ese hecho no quiere oír. Fue impresionante”.

LA SINCRONICIDAD

Arturo Velasco también ha tenido experiencias de “sincronicidad”, término que Carl Gustav Jung empleaba para aludir a la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal.

Es decir, una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar.

“Me ha pasado que estoy pensando en alguna persona a la que le tengo que hablar y justamente en ese momento me entra la llamada de esa persona. Incluso me ha pasado al grado de que en una ocasión le hablé a mi mamá y a la hora que entra la llamada ella levanta la bocina, no se escucha el timbrar y escucho cómo ella está marcando los número de mi teléfono, pero ella no se dio cuenta que yo ya le había marcado”.

CUANDO INVESTIGA, MÁS SUCEDEN

“Cuando me empiezo a adentrar, a leer, empiezan a suceder cosas con más frecuencia y me da incertidumbre. No es que las esté inventando, son cosas que pasan y que se pueden comprobar”, dice Arturo Velasco de su interés por encontrar respuestas.

Está consciente de que su experiencia no es única, que hay más personas a las que les pasa todo esto. “Hay muchas personas que me han dicho que todo esto está en libros, que no soy la única que ve todo esto y que hay escuelas que te ayudan a entender y a potenciarlo para que tengas mayores capacidades, pero realmente no me he interesado”, indica.

Lo han invitado a visitar médiums y chamanes, pero tampoco ha acudido. “No me dan confianza. En general todo esto no me da miedo. Ver muertos, soñar cosas raras, ya es algo cotidiano para mí”, concluye.

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