Xalapa, el lugar ideal para aplicar “la teoría de las ventanas rotas”

La historia es de sobra conocida. En 1969 el profesor de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo, en Estados Unidos, realizó un curioso experimento, abandonó un coche descuidado, sin placas y con las puertas abiertas en las sucias calles del Bronx de Nueva York.

A los 10 minutos empezaron a desvalijar el automóvil. A los tres días sólo estaba la carrocería, sin una pieza de valor. En los días subsecuentes empezaron a destrozarlo, con saña, por deporte, hasta que quedó un amasijo de fierro sin forma.

En otro momento de este experimento, abandonó otro coche, en mejores condiciones, en una zona pudiente de Palo Alto California. Ni una mosca se le paró. Ni en el primer día ni en la primera semana. Zimbardo fue más allá y golpeó con un martillo la carrocería del auto.

Con esas adecuaciones, en pocas horas el vehículo empezó a ser destrozado. Este experimento, indica el profesor Antonio Argandoña —El País, 18 de octubre de 2004—, dio lugar a la teoría de las ventanas rotas, elaborada por James Wilson y George Kelling: si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos.

“¿Por qué? Porque es divertido romper cristales, desde luego. Pero, sobre todo, porque la ventana rota envía un mensaje: aquí no hay nadie que cuide de esto”.

Este experimento y sus conclusiones han servido a gobiernos de muchos países para mejorar las condiciones del entorno y con ello, la conducta de sus habitantes.

En México, se ha aplicado bajo el concepto de “tejido social” y se ha buscado abatir los índices delincuenciales desde el origen, mejorando los espacios públicos, embelleciendo parques y jardines, enviando un mensaje de que hay una autoridad, de que hay quién cuide la ciudad.

Sin embargo, en Xalapa, en los últimos meses, esta teoría ha pasado desapercibida para los académicos que nos gobiernan.

En #EspejoDelPoder hemos recibido una denuncia durante los últimos diez días, de vecinos de la calle de Honduras en la colonia Francisco I. Madero. Han pedido hasta el cansancio que el Ayuntamiento que preside Hipólito Rodríguez Herrero retire un montón de basura que los vecinos debida o indebidamente dejaron en ese sitio en donde existe un letrero que indica pertinentemente que no se debe sacar la basura hasta que no pase el vehículo.

Sin embargo, nos dicen que han pasado ya 20 días y la basura sigue ahí. Y claro, la gente que ve basura tirada, tira más y los perros la revolotean y por las noches, las ratas salen de un canal de aguas negras colindante y se dan un festín de desechos orgánicos.

“El mensaje es claro, añade el profesor Antonio Argandoña: una vez que se empiezan a desobedecer las normas que mantienen el orden en una comunidad, tanto el orden como la comunidad empiezan a deteriorarse, a menudo a una velocidad sorprendente. Las conductas incivilizadas se contagian”.

El problema de la ineficiencia en la recolección de desechos sólidos en Xalapa ha venido contagiando a los ciudadanos, necesitados de un lugar dónde colocarlos.

Si se cambian las rutas sin avisar, si los trabajadores descuidan su trabajo, si a la autoridad no le interesa el problema y se dejan en el olvido montones de basura, como el caso de la calle de Honduras, lo lógico es que la gente se contagie y vaya por aquí y por allá tirando basura.

Ojalá se haga algo pronto y rápido, para que Xalapa no se convierta en la capital de la basura, lugar ideal para un análisis de la teoría de las ventanas rotas.

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