Transparencia, un sueño posible

Hace más de tres décadas que egresé, orgullosamente, de la Universidad Veracruzana. Estudié un doctorado y desde casi 33 años me dedico profesionalmente a la auditoría, es decir, al trabajo de supervisión, que es una de las especialidades más apasionantes de la profesión…

TRANSPARENCIA, UN SUEÑO POSIBLE I

Iván López Fernández

Creo que ni siquiera tuve que escoger: fue natural que estudiara para ser contador público. Mi mamá y mi papá lo eran y ambos daban clases en la Universidad. En casa no se hablaba de otra cosa que no fueran los procesos contables, el control de costos y, por supuesto, las dificultades de impartir una cátedra que a unos cuantos emociona pero a muchos les parece árida, por no decir aburrida, demasiado técnica y, no pocas veces, cuadrada. Parece que “pensar como contador” es ver la vida en términos de blocks tabulares –en esta época cibernética, de hojas de cálculo automatizadas— y de columnas que sólo suman y restan.

Pero la realidad es muy diferente. Tablillas de arcilla con escritura cuneiforme de la Mesopotamia y viejísimos papiros egipcios preservados por miles de años, no se refieren sólo a cuestiones religiosas y temas épicos: gran cantidad de ellos, si no la mayoría de los que se conservan, contienen principalmente registros contables.

Es imposible separar el concepto de civilización, tal y como actualmente lo entendemos, de la necesidad de ordenar el patrimonio público y privado, de las ventajas que nos brinda la posibilidad de planear, de registrar los intercambios de bienes y servicios, de establecer las justas proporciones de lo que la gente debe aportar a su comunidad y de contar con información adecuada para tomar buenas decisiones, en los asuntos públicos y en los negocios privados.

Hace más de tres décadas que egresé, orgullosamente, de la Universidad Veracruzana. Estudié un doctorado y desde casi 33 años me dedico profesionalmente a la auditoría, es decir, al trabajo de supervisión, que es una de las especialidades más apasionantes de la profesión. Pero creo que el mayor privilegio que he tenido en la vida, junto con el de esposo y padre, ha sido el de contribuir a la formación de muchas generaciones de nuevos contadores públicos y auditores; ser maestro es realmente espléndido, pues no hay duda de que el docente aprende mucho más de sus alumnos y que el contacto con los jóvenes revitaliza, lo obliga a uno a la permanente actualización y exige actuar con sensatez y coherencia. Ciertamente, la enseñanza es muy demandante y a mí me habría gustado disponer de más tiempo y espacio para dedicárselo.

También he tenido una vida activa en mi gremio, buscando mejores condiciones para el desempeño de nuestra carrera y manteniendo una gran interlocución con las autoridades, particularmente las fiscales; es por ello que a lo largo de estos años, he sido miembro de varias organizaciones y colegios profesionales y en distintas ocasiones me han distinguido eligiéndome como su presidente.

Hace por lo menos veinte años que me certifiqué y tengo los registros profesionales necesarios para fungir como dictaminador fiscal. En la federación, estoy empadronado ante la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, ante el IMSS y el INFONAVIT, ante la Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de la Función Pública. A nivel estatal también cuento con los registros necesarios, por ejemplo para el dictamen del impuesto sobre nóminas.

En todos estos años, he participado en investigaciones contables del H. Congreso del Estado a través del Órgano Superior de Fiscalización, de la Contraloría General del Estado y, también de los entes fiscalizadores federales (la propia Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de la Función Pública).

Debido a los debates que se están presentando sobre los problemas de corrupción, a nivel local y nacional, y las difíciles experiencias que han significado frustración y daños muy graves a la sociedad y a las instituciones públicas, creo que será de utilidad compartir con los generosos lectores mis experiencias, tanto en el sector público como en el privado, y contribuir no sólo a la discusión y la polémica, sino a la propuesta de una serie de medidas que, en mi modesta opinión, pueden ser de utilidad para mejorar las buenas prácticas de control gubernamental y perfeccionar los procedimientos y las normas para que la sociedad se beneficie de un control más eficaz de los recursos públicos y, por supuesto, de los gobiernos honestos que con toda razón y derecho exige.

En las próximas entregas trataré de compartir con toda sinceridad y apertura mis experiencias buenas y malas, lo que viví durante mi paso por el Gobierno de Veracruz, las cosas buenas y los errores que se cometieron. Creo que es mi deber de ciudadano hacerlo, pensando en lo inmediato pero también en Veracruz y el país que queremos para el futuro. Y también creo que la sociedad merece respuestas claras a sus inquietudes y expectativas. Lo hago con la mejor buena fe y con la intención de que estas colaboraciones sean de provecho. Sé que habrá cuestionamientos y críticas, de todos seré respetuoso pues precisamente de lo que se trata de es abonar a un clima de entendimiento y consenso, pero también a la legalidad y a la justicia.

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