Atropellados, baleados, violados y abandonados, la tragedia de 450 perros que cuidan en el albergue Ada Azul

• Ubicado en Arco Sur 122, junto al Poder Judicial, en Xalapa, este albergue protege a 450 animales y necesita tu ayuda.
• Puedes adoptar. Más información en el teléfono 22 83 15 14 91 o en Facebook Ada Azul Benzon.

Miguel Valera

Hace 20 años, en una mañana soleada, la joven Azul Fernández se encontró a la orilla de la carretera Xalapa-Veracruz a un perro atropellado, adolorido, con un festín de gusanos entre sus llagas. Ya no podía ladrar, estaba al borde de la muerte y aunque pedía ayuda con su mirada, solo recibía la indiferencia de quienes por ahí transitaban.

Azul se encontró con ese perro y conmovida por la indiferencia —que era también su indiferencia, dice— lo levantó, se lo llevó, lo lavó, le curó las heridas, le dio agua, lo alimentó y lo curó hasta que estuvo sano, buscándole un hogar para que fuera feliz.

Ese perro atropellado, agusanado, el desinterés de la gente por un ser vivo, marcó la vida de Azul Fernández para siempre. Desde ese día, junto con su amiga Silvia Martínez y bajo el lema “Ayúdame a ayudar”, fundó el albergue canino “Ada Azul” ubicado en Arco Sur 122 junto al Poder Judicial, en Xalapa.

“Así es como empezó el albergue Ada Azul. Inicié esto para ayudar un poco a los que no hablan y ahí se quedan sufriendo hasta que mueren, por inanición”, me dice en entrevista a la entrada de este noble espacio con 450 mascotas rescatadas del abandono.

PERROS ATROPELLADOS,
BALEADOS Y ABANDONADOS

Enfundada en jeans de trabajo, manchados por el trajinar diario de los perritos que se le acercan, que abraza, que acaricia, que baña, con ayuda de voluntarios, con una camiseta negra en donde se lee “LOVE Ada Azul”, con la huella de una mascota y lentes negros para protegerse del sol, Azul Fernández me habla de la tragedia de mascotas que fueron felices un tiempo y luego repudiadas y abandonadas.

“La mayoría son perros rescatados de la calle. En el albergue se reciben de 40 a 60 reportes diarios, desde las seis de la mañana y hasta las doce de la noche. La mayoría son perros atropellados, baleados, violados y olvidados por sus dueños en las azoteas. Hemos encontrado perros amarrados en los patios traseros de las casas o simplemente abandonados en las calles, sin saber qué hacer”.

—Esta es la tragedia de un ser vivo, le comento.

“Sí”, asienta. “Mucha gente viene y deja aquí a sus perros porque ya son grandes o están enfermos, sin tomar en cuenta que lo que están abandonando es una vida, un ser que también siente y que algunos llegan a morir de tristeza al ser abandonados aquí”, refiere.
Dice que tiene historias de mascotas que vivieron 15 años con los cuidados de sus dueños “y de pronto las familias deciden abandonarlos, deshacerse de ellos”.

“Siempre se les invita a que hagan conciencia y que entiendan que están abandonando a un familiar prácticamente, pero la mayoría de la gente no entiende y simplemente dicen, ahí se los dejo o lo dejan en la calle”.

—¿Y esas personas apoyan económicamente al albergue?

“No, es lo peor. La mayoría de la gente que viene y deja un perro aquí en el albergue, te dice que es nuestra obligación recibirlo, porque creen que estamos beneficiados por algún apoyo de gobierno, lo cual no es así y si les comentas que bueno, mínimo dejen para el bulto de croquetas por un mes, te dicen estás lucrando. Es súper difícil”.

El caso de los perros abandonados es gravísimo en Xalapa, me dice. “Hay demasiados. Aquí hay perros que han sido violados, que han sido drogados, que los ocupan para pelea, que los machetean porque van a buscar comida a las casas, envenenados. Tenemos alrededor de 40 Pitbull que en algunas colonias de Xalapa son muy usados para peleas”.

“Recientemente nos dejaron un gran danés o dogo alemán. Lo dejaron aquí prácticamente en los huesos. Se estaba muriendo por inanición. Cuando le preguntamos al dueño de por qué estaba en esas condiciones, nos comentó que para él, la prioridad es su familia y después un perro. ¿Entonces por qué lo tenía?, le preguntamos. Nos dijo que porque se lo habían regalado y ya no lo querían, y así la mayoría de las historias”.

400 KILOS DIARIOS DE CROQUETAS

Para mantener a 450 perros en el Albergue Ada Azul se necesitan 400 kilos de croquetas diarias o 3 mil pesos. “Es muy difícil tener ese recurso diariamente. Por eso pedimos de manera permanente el apoyo de la ciudadanía que ama a los animales, sobre todo a los animales rescatados”.

—¿Cómo le hacen? Es un trabajo ingente, le pregunto.

“Para sustentar el albergue la mayoría de las veces rifamos cosas, cosas que la gente nos dona. También hacemos boteo en la calle para conseguir los 400 kilos diarios de croquetas”.

—¿Tienen algún programa de adopción?

“Todos los días tenemos adopción de 8 de la mañana a 2 de la tarde. Pedimos comprobante de domicilio, copia de credencial de elector. Los interesados se pueden comunicar al teléfono 22 83 15 14 91, en Facebook a la cuenta Ada Azul Benzon o directo en el albergue en Arco Sur 122 junto al Poder Judicial”.

Azul Fernández le sugiere a los xalapeños que si quieren comprar un perro no lo compren. “En el albergue tenemos de todo tipo, pequeños, medianos, grandes, de raza, sin raza. En lugar de comprar un perro, como este, hermoso, que es un cruce de Labrador, pueden llevarlo a vivir a su casa, adoptarlo y a nosotros nos sería de gran apoyo”, indica.

EN LAS CALLES, MILES DE PERROS

El problema de perros en las calles de Xalapa, es gravísimo, añade Azul Fernández. “Si usted va a las colonias de la periferia de Xalapa, es increíble cómo hay perros callejeros, perros que fueron abandonados por sus dueños, que dicen ya no los quiero y lo sueltan en la calle para convertirse en perro de la colonia a quienes mucha gente ayuda o mucha gente envenena”.

El maltrato animal es otro problema. “Hay demasiado maltrato. Nosotros siempre intentamos ayudar. Ya tenemos 460 perros y es imposible recibir más, pero entonces es donde nos unimos con el doctor Víctor Tobías, para hacer campañas de esterilización y creo que es la única forma de poder mediar un poquito este problema. Con la esterilización, una perra deja de procrear alrededor de 100 perros en su vida”, asevera.

La entrevista concluye. Azul Fernández me muestra los espacios del albergue. Uno de los voluntarios reparte un costal de croquetas entre los perros que ladran, se corretean, se molestan entre ellos, pero todos felices, por tener un espacio en dónde jugar y alimentarse, mientras llega alguna familia que quiera adoptarlos y regresarles los años felices que han perdido.

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