Gobiernos que apoyen y no que obstaculicen

Confirmé mi convicción de que sin leyes ni estado de derecho cualquier sociedad es inviable, que las operaciones mercantiles necesitan la garantía de un andamiaje jurídico que les dé certeza…

GOBIERNOS QUE APOYEN Y NO QUE OBSTACULICEN

Iván López Fernández

A los cinco años de fundado, nuestro despacho xalapeño ya contaba con una respetable cartera de clientes y yo tenía la oportunidad de combinar el trabajo profesional con la docencia en diferentes niveles académicos. Mis colegas me habían dado el gran privilegio de elegirme como Presidente del Consejo Directivo del Colegio de Contadores Públicos y fue el Gobernador Miguel Alemán Velasco quien nos tomó protesta, a mí y al resto de mis compañeros de la dirigencia, en una ceremonia que se celebró en el Salón de Banderas de Palacio de Gobierno.

Prácticamente ése –el de la toma de posesión— fue el momento de mayor cercanía que tuve hasta entonces con la administración pública y las autoridades, pues estaba realmente concentrado en el desarrollo de mis actividades docentes, de contador-auditor y, ahora, como representante del gremio profesional.

En 2004, el contador Rafael Murillo Pérez, a quien yo había conocido como funcionario de la Universidad Veracruzana, me invitó a participar en un programa especial de carácter político. Lo llamaban “Mesas para el Financiamiento” y se trataba de un mecanismo de diálogo y compromiso que buscaba integrar a los sectores productivos de Veracruz, pero sobre todo a los empresarios con capacidad de invertir, en un esquema de desarrollo que permitiera potenciar los efectos del gasto público, orientándolo a la creación de empleos productivos, al aprovechamiento de las reservas de recursos naturales del estado y fomentando la inversión.

Era una iniciativa del entonces candidato a la Gubernatura, Fidel Herrera Beltrán, a la que se sumaron muchos jefes de empresa de prácticamente todas las regiones de Veracruz. Se hicieron muchas reuniones y siempre me admiró el número de participantes y el interés con que solían contribuir a los trabajos.

A pesar de que se trataba de una elección competida, estas mesas tenían un formato muy interesante y exhibieron un claro respaldo del empresariado a las ofertas del candidato que las convocaba; debo decir que se hizo un trabajo realmente serio de compilación de las propuestas del sector privado, muchas de esas ideas eran realmente creativas, innovadoras y viables. Todo el material se puso a la disposición del postulante al gobierno estatal pero también de sus colaboradores más cercanos y en su momento, de los candidatos a diputados.

Para mí fue una experiencia sumamente interesante y pude participar en la organización de prácticamente todos los trabajos y conocer de cerca los puntos de vista de personas muy interesantes que, más allá de los rollos políticos, viven el día a día de la realidad económica y no pocas veces ven a los gobiernos más como un obstáculo que como un apoyo eficaz para las buenas prácticas, las empresas socialmente responsables y la creación de riqueza. Verdaderamente aprendí mucho de esa experiencia.

Confirmé mi convicción de que sin leyes ni estado de derecho cualquier sociedad es inviable, que las operaciones mercantiles necesitan la garantía de un andamiaje jurídico que les dé certeza y un gobierno que asegure el patrimonio de la gente, y por supuesto el cumplimiento puntual y sin exclusiones de todas las normas. Esa necesidad de leyes que funcionen y se apliquen es mucho más notable hoy, que los problemas de seguridad y la volatilidad de los mercados internacionales son factores que repercuten directa e inmediatamente en el avance o retroceso de las economías locales.

También es un hecho que me quedó claro desde entonces, que los consumidores deben ser protegidos, que los monopolios y los privilegios hacen daño irreparable allí donde se permiten y que Veracruz necesitaba –y sigue necesitando— certeza y condiciones propicias para la atracción de capitales, para generar financiamiento y elevar las condiciones de vida de todos.

Terminada la campaña, me reincorporé al despacho y continué con mis actividades contables. Nunca me lo había planteado ni estaba en mis expectativas, la administración pública, por lo que consideraba que mi mejor espacio de servicio era el ejercicio profesional.

Fue durante la organización de esas mesas cuando conocí a Javier Duarte de Ochoa, un muchacho extremadamente vivaz, que se desplazaba constantemente entre la Capital de la República, Xalapa y los distintos sitios del estado donde había actividades de proselitismo, y cuya cercanía con el entonces candidato a Gobernador era evidente y que –nadie lo imaginaba— ocuparía posiciones de gran relevancia en el nuevo gobierno. Pero como dijera nuestra entrañable paisana Loló Navarro, la “Nana Goya”, esa es otra historia.

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