OPINIÓN

El esfuerzo puesto en marcha por el presidente López Obrador y secundado por el ministro Presidente de la Suprema Corte, Zaldívar, solo alcanzará reconocimiento cuando veamos resultados en la práctica, es decir, que jamás se condene a México por atentar contra los derechos humanos y se renazca la  esperanza de justicia y bienestar social; está tan cerca, al mismo tiempo, tan lejos…

SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN, CORRUPCIÓN IMPARABLE

José Lima Cobos *

Donald Trump nos tomó la medida y se da el lujo de llamarnos drogadictos y bandidos, porque enviamos 500 mil millones de dólares en drogas, que matan a 100 mil personas y robamos el 32 por ciento de la industria automotriz, pero nada dice de los miles de millones que obtienen por los bienes que confiscan y menos aún, de los depósitos  que empresarios y  políticos corruptos mexicanos  tienen invertidos en su país y que, por millones de armas que nos envían, el país es un cementerio nacional.

Nuestra debilidad es elocuente en materia económica, política y social, si se observa que  quienes han gobernado han sido sirvientes sumisos y usufructuarios de la corrupción -que ahora se pretende destruir con las resistencias normales y férreas- por quien, desde la presidencia de la república, enarbola principios que había quedado sepultados y cuya tarea no es nada fácil, si se analiza el contubernio que ha prevalecido de por siempre para sean dependientes de esa nación.

Ahora que se ha destapado la cloaca de  la corrupción, la Suprema Corte de Justicia de la Nación,  a través de su presidente, Arturo Zaldívar, ha confesado lo que ha sucedido y sucede dentro de ese poder, que es esencial para acabar con ese flagelo que ha hundido al país y evidentemente las resistencias de sus pares, cuya infiltración del narco, hace elocuente lo que Trump ha denunciado y, una prueba contundente lo constituye que, a diez años del crimen cometidos con los niños de la guardería de Sonora, donde está involucrada un pariente del expresidente Calderón, claman justicia y castigo para los responsables.

No es casual, luego entonces, que el gobierno de los Estados Unidos y de Inglaterra nos den cuenta, con mil detalles, que el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Medina Mora,- que de manera fraudulenta logra que el Senado de la República lo apruebe en ese cargo, a propuesta por su compadre, el ex presidente Peña Nieto, violando el artículo 94 de Constitución- acumula riquezas inexplicables o bien, que el ministro Pérez Dayan, conceda la suspensión de la ley de remuneraciones de los servidores públicos, cuando el artículo 64, que reglamenta las acciones de inconstitucionalidad, expresa lo prohíbe y no se produzca ninguna consecuencia, lo que da margen, no tan solo para un gobierno extranjero haga mofa y escarnio de los mexicanos, sino que solo falta que nos orine un perro.

Hay muchos hechos y actos que nos condenan y merecemos que se nos estigmaticen  como el país más corrupto del mundo, cuando en las cárceles están los miserables, sin embargo, quienes se han enriquecido a costa de la nación, viven y presuman su gloria y, además, aún se resisten a que este país cambie, pues no conformes con llevar a la quiebra a la nación, sino lo peor, a que firmaron contratos cuya ilicitud es por demás reprobable y sin consecuencias, porque aprobaron leyes que avalan las pillerías, por aquello de “pacta sunt servanda”.

En el pecado llevamos la  penitencia, así es que solo estamos cosechando lo que a través de tantos años,- desde Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto- hemos sembrado, endeudar al país y estar al servicio de la minoría rapaz e insaciable a quien solapamos durante tanto tiempo y extirparlos no es tarea fácil, de ahí proviene la debilidad que al primer destornudo, surge la pulmonía, y se nos ve seguir exhibiendo como corruptos si la unidad de Inteligencia financiera, de la Secretaría de Hacienda, no profundiza en el lavado de dinero y el uso de recursos de procedencia ilícita, no  tan solo en el poder  judicial sino en todos órdenes de la vida política o empresarial de la nación, porque ahí está el meollo de la corrupción.

El esfuerzo puesto en marcha por el presidente López Obrador y secundado por el ministro Presidente de la Suprema Corte, Zaldívar, solo alcanzará reconocimiento cuando veamos resultados en la práctica, es decir, que jamás se condene a México por atentar contra los derechos humanos y se renazca la  esperanza de justicia y bienestar social; está tan cerca, al mismo tiempo, tan lejos.

limacobos@hotmail.com

Twitter: @limacobos1

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here