De campaña en campaña

Yo sé que esto es difícil de creerse, pero es la verdad: a la entrada al salón de la toma de protesta fue en ese momento cuando me enteré que el Gobernador me designaba Contralor General del Estado. Yo lo no esperaba, no estaba en mis planes y puedo asegurar que fui el más impresionado por la noticia…

DE CAMPAÑA EN CAMPAÑA

Iván López Fernández

Muchos filósofos están convencidos de que inevitablemente la historia se repite, en ciclos que tienen que ver con las sociedades y en momentos que los individuos nos enfrentamos a hechos y circunstancias por los que ya habíamos pasado. El dramaturgo irlandés George Bernard Shaw lo expresaba casi con resignación: “Si la historia se repite, y siempre ocurre lo inesperado, lo sorprendente, lo que le queda al hombre es aprender de la experiencia.”

Y digo esto porque durante los seis años del Gobierno de Fidel Herrera Beltrán no participé en ninguna actividad oficial y tampoco tuve contactos con las autoridades, más allá de mi trabajo como contador y auditor privado. Sin embargo, casi cinco años después de la campaña de FHB, el contador Rafael Murillo –a quien ya me he referido— volvió a buscarme y me dijo que Javier Duarte de Ochoa sería candidato a diputado por el distrito de Córdoba y que me pedían, de nueva cuenta mi colaboración para los trabajos de proselitismo.

Curiosamente, además de los contactos con los empresarios y el sector productivo (algo que ya había hecho en la anterior campaña de Gobernador, con las mesas de financiamiento del desarrollo), me pidieron que participara en el control de los gastos de campaña, un tema electoral especialmente crítico desde que las regulaciones limitan rigurosamente los recursos que pueden usar los candidatos y un exceso o una mala comprobación pueden ser causa hasta de anulación de las elecciones.

En esta ocasión, siendo una campaña para diputado federal, el clima era relativamente más relajado y en ese momento Javier Duarte tenía una presencia significativa en el distrito, por lo que la elección fue relativamente holgada, con resultados claros y sin incidentes relevantes. Fue en esa oportunidad cuando empecé a tener un contacto más cercano con el candidato a diputado, pues con mucha frecuencia viajaba yo a Córdoba, participaba de algunas de las reuniones de estrategia de la campaña, hacía los controles del gasto y establecía las relaciones con algunos empresarios y organizaciones del sector productivo.

Javier rebosaba entusiasmo, era incansable e hizo una campaña verdaderamente agotadora. Siempre decía que no iba a confiarse ni a dormirse en sus laureles y, como hay numerosas constancias, recibió un gran respaldo popular.

Tiempo después, el diputado pediría licencia a la diputación para ser candidato al gobierno del estado y… de nueva cuenta, la historia volvió a repetirse. Esta vez de manera personal y directa fue Javier quien me invitó a participar en las mesas de financiamiento para el desarrollo, lo que se convertía para mí en la tercera experiencia de trabajo proselitista.

Nunca me pidieron que me afiliara a ningún partido y, con toda sinceridad, puedo decir que jamás hablamos de que me invitaría a su gobierno; yo tampoco esperaba que me fuera a incorporar; estaba convencido de que él representaba la mejor opción, compartía su visión del desarrollo de la economía y, por supuesto, siempre tuve claro que tener una buena relación personal con el Gobernador del Estado, es útil para todos. Pasada la elección del 4 de julio de 2010, me reincorporé de tiempo completo a mi despacho, que para entonces estaba en pleno proceso de expansión. Durante los casi cinco meses entre la elección y la toma de posesión, prácticamente no tuve mayor contacto con el Gobernador Electo ni su equipo, salvo para la revisión de los reportes financieros de la campaña y algunas consultas de poca relevancia que me hicieron.

El Gobernador Electo en el palacio de gobierno llevaría a cabo la toma de protesta y presentar a su gabinete con el que contaría en su encargo, algo me hizo sentir que debía ir, en realidad por mera curiosidad. Me puse un traje y una corbata, que solía usar poco en ese tiempo, y al llegar al palacio de gobierno, uno de sus colaboradores mas cercanos me dijo que me apurara, que me estaban esperando.

Yo sé que esto es difícil de creerse, pero es la verdad: a la entrada al salón de la toma de protesta fue en ese momento cuando me enteré que el Gobernador me designaba Contralor General del Estado. Yo lo no esperaba, no estaba en mis planes y puedo asegurar que fui el más impresionado por la noticia.

El Gobernador nunca me hizo una invitación formal y fue hasta después de la ceremonia de toma de posesión que pude hablar con él y recibir sus instrucciones. Así me convertí, por primera vez en mi vida, en servidor público.

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