Le “queman las patas al diablo” en despacho de Hipólito en palacio municipal de Xalapa

Le “queman las patas al diablo” en despacho de Hipólito en palacio municipal de Xalapa

Eran las 8 de la noche en el Palacio Municipal de Xalapa y en la Sala Expresidentes, justo junto a la oficina del Presidente Municipal, se encontraba un grupo de funcionarios de una institución federal con sede en la Capital. Se trataba de una de esas reuniones que sirven para coordinar tareas que llevan en conjunto con las autoridades y el personal del municipio. Aunque de rutina, a estas reuniones periódicas asiste personal de nivel directivo.

Como es normal en nuestro país, a la hora pactada todavía no comenzaba la reunión y los dos equipos de funcionarios, tanto municipales como federales, esperaban al anfitrión, el Doctor Hipólito Reyes, cuya oficina se comunica a la sala en cuestión por un angosto pasillo de menos de dos metros de largo, cerrado por una puerta en cada extremo.

La espera seguía y de repente la atención de todos fue puesta en la puerta que comunica a dicho pasillo, junto a las sillas donde se encontraban sentados los funcionarios federales. La desconcertante sorpresa no fue que en lugar del Presidente Municipal saliera alguien de su personal para volver a dar el aviso que solo faltaban unos minutos para que el Doctor Hipólito dejara otra reunión en su oficina, sino lo que dejó confundidos a los visitantes fue el marcado olor que provenía del angosto pasillo. Nadie dijo nada al momento, pero las miradas intercambiadas confirmaban las sospechas que en lo individual se planteaba cada uno de ellos: se trata de un olor muy especial, muy particular, que popularmente se identifica como “olor a petate quemado” y que es una manera chusca de llamarle al aroma que desprende el humo de la mariguana al ser quemada por cualquiera de los métodos que existan para ello.

Me cuenta uno de los presentes, que la reunión se llevó a cabo pocos minutos después, sin la presencia del Doctor Hipólito, a pesar de que les habían avisado que sí se encontraba en el lugar, justo en su oficina, la que está junto a la sala, de donde salía ese olor, que significaba que alguien le estaba “quemando las patas al diablo”.

Al finalizar la reunión, el funcionario asombrado comentó con sus compañeros el hecho solo para confirmar y reírse con asombro de lo descubierto y para ser informado por ellos que no es la primera vez que este olor particular aparece desde ese pasillo en otras reuniones a las que han asistido.

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