Lectura de poesía y textos creativos en 60 aniversario de La Naval

Con una jornada de lectura de poesía y textos creativos que se llevó a cabo la tarde del sábado 15 de junio, la cafetería La Naval que administra Ángel Roberto Fernández, siguió con los festejos por el 60 aniversario.

En uno de los espacios de este tradicional café ubicado en la calle Ignacio Zaragoza 14, en el corazón de Xalapa, leyeron poesía María de los Ángeles Martínez Quiroz, Elba Prior Domínguez, Miguel Valera, Rocío Martínez Reyes, Ángel Roberto Fernández y la moderadora, la maestra Ángela Galindo, hija del gran escritor Sergio Galindo, compartió los textos que envió Juan José González Mejía.

Compartimos una poesía de cada autor.

A JUAN RULFO

María de los Ángeles Martínez Quiroz

Usted me sabe a las horas

que no tienen manecillas

Al lugar que no se ubica

porque está en todas partes.

 

Le leí de niña… le leo ahora

 

Me recuerda las revoluciones

el dolor, la muerte

el grito de la tierra seca

¡La indolencia de un gobierno sin madre!

 

Usted sabe a todas las letras

que gritan justicia

… y sabe escribirlas

 

Usted sabe al amor

que no se oculta

en la tierra polvorienta.

 

PERTINAZ

 Elba Prior Domínguez

 Tu recuerdo ha vuelto pertinaz

como gota horadando mis sentidos,

ya no quiero lastimarme con tu ausencia

sé, no volverás jamás a mi existencia.

Me reprocho los lapsos no vividos,

espacios  perdidos en celos y reproches,

desperdicio de horas sin abrazos

sin besos ni caricias… que hoy añoro.

Qué paradojas el destino crea:

me envuelve el pasado en la congoja,

locamente concibo un mañana,

y vivo el hoy atestado de tristeza.

Noviembre 2017

 

HOMBRE CIUDAD

 Juan José González Mejía

 ciudad recuerdo

geografía/ geometría

enormidad de nostalgias

empequeñecida por un fuego de iras

sombras huérfanas

la distancia es memoria métrica

presagio de luces pútridas

nunca se llena el alma

miro todo

estoy ciego de sonidos

¿acaso nadie me oye?

toco puertas de eternidades frágiles

mis amigos son ahora funcionarios

y se malgastan en labores sin fondo

me duele la vida

fuego fugaz

vuelo en vilo

alas de ebrios aires:

mi pecho ataúd de vacíos

Xalapa es mi cueva

es mi exclamación diaria

poblado de nombres

de fatigados alfabetos

el mundo es una mirada que aborta edades

y laberintos siniestros

que se burlan de la inocencia perdida

mi pensamiento es una loza

no puedo llegar — de este modo

a Tampico mi Ítaca infame

soy estas líneas

estos dolores pulverizados

entre clases de matemáticas y cine

soy la nieve que arde en la ausencia

en la brutalidad de vacuos días

cae la lluvia

la rutina de letras y horarios de cocinas caníbales

grito y nadie me oye

hilo de brumas

bruñido de soledades

semillas longevas de esperanzas

noches analfabetas

manos ebrias de hechizos

mírame conjúgame

soy un verbo con deudas

con lágrimas añejas

con árboles y arroyos/ piel líquida

conjúgame nunca en pasado

montañas de sombrías

olor a mar

salitre clandestino

compañía de detritus

estatuas de sal

aquí en mi costado

en mi sangre siempre prófuga

ciudad recuerdo

puñado de historias

que instalan su reino

de instantes eternos alternos internos

ciudad hombre

de calles-venas

de herrumbres

de latitudes sin ángeles

hombre de largas preguntas

escombro de cielo roto.

 

OTRO SONETO A LA VIDA

Miguel Valera

Con su hipnótico canto de sirenas,
y la melodiosa voz que te atrapa
nunca imaginarías que se escapa
a pesar del esfuerzo en tus faenas.

Sí, te embelesa, gozas, no te frenas.
Con la brisa del Sorrento te empapa,
y no puedes más con ella, te atrapa,
porque es la vida un canto de sirenas.

¿Por qué le crees? Es la vida-la muerte,
un parpadeo fugaz en el tiempo,
que algunas veces te deja a la suerte.

O te abraza y te consiente a destiempo
pero siempre, con dejo de amargura
te lleva del delirio a la locura.

En un día frío y lluvioso
Marzo 04, 2016

 

ME DUELES

 Rocío Martínez Reyes

 Será el frío o la sensibilidad que está a flor de piel.

pero hoy los recuerdos

han sido removidos cubriendo de nostalgia

 

mi inerme ser.

 

El céfiro otoñal de tu aliento en mi permanece,

me recorre,

me acaricia,

 

me cobija.

 

Extraño tus besos,

tu susurro,

tus sueños impregnados

del aroma de dos,

tu piel palpitante

con brillo de Orión poseyendo vehemente

la Constelación del Unicornio.

 

Necesito tus palabras recorriendo mi piel

cual si fueran tus dedos, tus ojos desnudando

 

mi alma taciturna

con su suave resplandor…

 

Hoy, hoy me dueles

hasta donde llega el olvido

 

DE MAGIA

 Ángel Fernández

 María Kodama, sacerdotisa y diosa;

la cábala, el corán, la biblia entera.

Sabiduría arabesca que he ingerido

en la oscura infusión de hace ya siglos,

los libros todos de los benedictinos

no permiten cifrar los sabios ojos.

 

Dólmenes de Erín que cobijaron

para estudiar el cielo, astros y estrellas.

Las frases que hacen caminar al gólem,

ese que está muy dentro de mi cuerpo;

las he perdido en el correr de siglos,

el santo grial en que bebí la sangre.

 

Nefertiti y su tiara, Coyalxauhqui,

el vellocino de oro y las hespérides;

pedazos de la cruz y del sarcófago,

el áspid raudo que mancilló a Cleopatra,

la cicuta que dio fin a mi Maestro,

los rollos del mar muerto y mil papiros.

 

El Amazonas con jíbaras cabezas,

el martillo de Thor, la espada inglesa;

el tótem hopi, la imagen de Afrodita.

Códice azteca e indumentaria quechua,

Colmillo bien labrado de la morsa

y lapislázuli con que encendió la noche.

 

Todo indica que el edén se encuentra cerca

el movimiento final de la partida

última partitura de inconclusa

la Gioconda y sonrisa misma cosa,

carcajada del gato y mi locura

al recordar los ojos y tu caos.

 

Los tesoros del mar y el Himalaya

lunares y tatuajes que los tuve,

la calavera en vidrio y el Vitrubio,

el corazón por rosas destrozado

lo que fui, soy, seré; lo cambiaría

por tenerte por siempre, aquí conmigo.

 

Por el camino las miradas siguen

se pierden las sonrisas, llega el frío.

Lejanía de la voz y las palabras

y el adiós descalabra y me maltrata;

cuando muy lento el féretro ya baja

y la madera se inunda con tu lágrima.

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