Nazario Romero, apasionado por las noticias, el periodismo y las letras

  • “De niño leía México a través de los siglos en El Universal. No había luz eléctrica. Leía en la noche con un candil y me quedaba la cara negra por el humo”.
  • Llegó a trabajar en 1952 a un periódico que se llamaba La voz del Trópico, cuando tenía 23 años de edad.
  • Trabajó 35 años haciendo tres noticieros radiofónicos en Martínez de la Torre, con reporteros ciudadanos.
  • Fue amigo de Froylán Flores Cancela, quien lo invitó a trabajar en Diario de Xalapa.

Miguel Valera

Martínez de la Torre, Ver.- Tuvo la oportunidad de trabajar en el Ingenio Independencia en la mejor época del coloso azucarero, pero no quiso. El Gerente, don Manuel Zorrilla Rivera, le ofreció chamba, una plaza, la seguridad laboral para él y su familia. Le dijo que no.

Ya para entonces era reportero, le gustaba conversar, entrevistar a este personaje que había sido suplente de Manlio Fabio Altamirano y tras su asesinato en el Café Tacuba de la Ciudad de México, precandidato al gobierno de Veracruz contra Miguel Alemán Valdés.

—¿Qué le motivaba a seguir la carrera del periodismo, frente a una plaza de este importante ingenio de Martínez de la Torre que le daría seguridad laboral?, le pregunto.

Don Nazario Romero Díaz toma un sorbo de café y enciende otro cigarrillo, para contestar de prisa: “La pasión por las noticias. Desde niño me gustó esto”.

Sentados en una mesa de un café en la zona del libramiento de Martínez de la Torre, frente a tres reporteros, Salvador Muñoz; su hijo Luis Romero Herrera, y quien esto escribe, don Nazario nos desgrana su vida, su trayectoria, los recuerdos de esta profesión que eligió y en la que trabajó por casi 70 años.

A sus 90, con el invierno estacionado en su abundante cabellera y con una gran vitalidad, don Nazario nos habla de cómo se inició en el periodismo en esta región, de la invitación que le hizo su amigo Froylán Flores Cancela para trabajar en Diario de Xalapa en la capital, y del éxito que tuvo en la transmisión de noticias en los espacios radiofónicos que condujo en esta ciudad.

Nacido en Jicaltepec, el pueblo que un grupo de migrantes franceses escogió para vivir, a la orilla del río Nautla, Nazario Romero vivió su infancia en Paso Largo, municipio de Martínez de la Torre, en donde sus padres se instalaron.

Ahí en el rancho, cuenta, su padre recibía todos los días diez ejemplares de Excélsior y diez de El Universal, que él repartía entre algunos suscriptores. El Universal, recuerda, publicaba una serie que sería famosa, México a través de los siglos. “Todos los días salía un capítulo, lo iba yo leyendo y los archivaba en recortes. Ahí empezó mi gusto por la lectura”, indica.

“No había luz eléctrica. Leía en la noche con un candil y me quedaba la cara negra por el humo del candil”.

—¿Ahí empieza también su pasión por las letras?, le interrogo, sabedor de que se convirtió en un gran devorador de libros.

“La afición, la afición más bien, me corrige”, para contarnos que tuvo un patrón y amigo, el señor Valenzuela, quien fue el que instaló la primera imprenta en Martínez de la Torre con capacidad de imprimir un periódico, que le proporcionaba libros.

Don Nazario Romero Díaz habla con las manos. Acomoda sus lentes bifocales con armazón café y extiende las palabras con los brazos. Su amplia frente está surcada por las arrugas que le ha dejado el paso del tiempo, las cuales, con la expresividad de su rostro, danzan al ritmo de la falla de San Andrés en terremoto.

Habla y parece que sonríe. Sonríe y habla. Cuando nos sentamos al café y le pedí la entrevista, me dijo botepronto: “No tengo cambio”, y soltó la carcajada. Ya Luis, nos había contado que así le dijo alguna vez a un reportero local que se acercó a entrevistarlo. “No tengo cambio”, repitió, y todos sonreímos recordando la anécdota.

A contraluz, porque lo tenemos de espaldas a la carretera y mientras sigue con la taza de café y el cigarro, el mejor ritual para las conversaciones, don Nazario Romero Díaz nos cuenta que llegó a trabajar en 1952 a un periódico que se llamaba La voz del Trópico, cuando tenía 23 años de edad.

Antes estuvo en la Ciudad de México. Estuvo trabajando en Viana y Compañía. “Era vendedor de estufas, refrigeradores, licuadoras, ventiladores y radios. Me encontré en un bar al dueño de un periódico que hacía aquí. Pomposamente se anunciaba como Periódicos Veracruzanos Unidos. Me fui con la finta. Yo creí que tenía instalaciones y maquinaria. No tenía nada. Escribía en una mesa del comedor de su casa. Yo renuncio y vengo a lo que yo quería, hacer periodismo y me encontré con eso. Sólo estuve seis meses ahí”.

Luego de esa experiencia se fue a trabajar con Valenzuela ya con imprenta. “Aunque era formato a mano, letra por letra, ahí pasaba las horas y hasta la media noche. Tenía compañeros que también escribían como el licenciado Martí. El Mayor Aristi. Ahí nos juntábamos, tomando café, tomando la copa y cada quien escribiendo lo suyo. Me pasaba las noches felices en el taller. Es bonito y más me gustaba cuando hacíamos calaveras entre los tres. ¡Qué ingenio!”, recuerda.

En El Sol de la Costa, Nazario Romero llegó a ser subdirector. “De hecho yo hacía prácticamente todo el periódico, porque el director tenía negocios y yo me encargaba de toda la edición. Eso fue de 1952 a 1960”.

“En 1959 llegó la radio y me jalaron, casi forzadamente. Yo no quería, pero el que fue mi jefe me dijo la situación que tenía en sus negocios y me recomendó que fuera, que si me iba mal me regresara. Me fui a la radio. Primero fui gerente de la XEHU. Y prácticamente me tocó fundarla aunque no era yo el gerente. Yo era un colaborador de la estación XEHU. Luego, en 1964 la compró don Pedro Manterola”.

“De hecho yo se la vendí, porque la empresa me comisionó para venderla. Me quedé aquí. Me querían llevar a otra plaza, a México, a Veracruz, a Tampico. El dueño era don Carlos Ferráez y estaban montando lo que hoy es Televisa. Había conseguido una concesión para Televisora de Veracruz y como necesitaba dinero tuvo que vender esta estación que le daba buenas utilidades. Esto fue en 1964”.

35 AÑOS EN NOTICIEROS Y SIN REPORTERO

Aunque se ha puesto de moda en la actualidad, en esa época, cuenta don Nazario, él ya tenía a su servicio a los “reporteros ciudadanos”, habitantes, pobladores, ciudadanos de aquí y de allá, de puestos estratégicos, que le informaban de lo que ocurría. Así estuvo al aire 35 años en noticieros radiofónicos.

“Me quedé aquí al frente de la estación, después me hice cargo de noticieros. Yo elaboraba tres noticieros diarios. Uno a las 7, otro a las 2 de la tarde y uno más a las 7 de la noche. No tenía reporteros. Tenía yo orejas y checaba noticias con amigos de la Cruz Roja, de Teléfonos de México, del Hospital, del Seguro social. Tenía amigos y amigas ahí que me pasaban información en la madrugada y ni modo, anotar al amanecer. A las seis checaba y a las siete ya estaba el noticiero bien actualizado de lo que ocurría en Misantla, San Rafael, Tlapacoyan, Teziutlán y luego Martínez de la Torre”.

Periodista de a pie, que se formó a través de un curso por correspondencia, pero sobre todo en el ejercicio diario, don Nazario dice que nunca recibió aclaración o reclamación por alguna nota informativa.

“Trabajé en la radio sin reporteros. Con el teléfono checaba si había algún muerto, algún herido. Checaba bien y nunca tuve reclamaciones de ninguna especie. A mí nadie me aclaró, nadie me contradijo, nadie me catalogó de que eran falsas las noticias, porque nunca he tenido malas intenciones, no he tenido ningún veneno que derramar sobre nadie”, aclara.

SU AMISTAD CON DON FROYLÁN FLORES CANCELA

Nazario Romero Díaz conoció, convivió y tuvo amistad con el periodista misanteco Froylán Flores Cancela, quien llegó a ser subdirector de Diario de Xalapa en la época de don Rubén Pabello Acosta.

“Fuimos compañeros aquí. Iba yo a Xalapa y me ofreció chamba también en el Diario de Xalapa. Fuimos amigos. Me venía  a ver aquí a Martínez de la Torre. Me ofreció irme a Xalapa pero le acepté trabajar como corresponsal de ese periódico en esta región. También fui corresponsal de El Dictamen”.

—¿Los unió la amistad con don Manuel Zorrilla o el ejercicio periodístico?

“El ejercicio periodístico. Yo le pasaba notas de aquí, le pasaba información por teléfono”.

—Pudo haber sido obrero o periodista en Xalapa…

“Pude haber sido obrero del Ingenio Independencia o trabajador de las noticias en Xalapa con Froylán, que era el dedo chiquito de don Rubén Pabello”, contesta el hombre que a lo largo de su trayectoria combinó su pasión por las noticias en el periodismo impreso y radiofónico.

DIFUNDIR LO QUE ESTÁ PASANDO

Sin ser teórico del periodismo, pero sí un experimentado conocedor de esta profesión, don Nazario nos habla del presente social y de la importancia de difundir lo que está pasando, no lo que ya pasó, sobre todo en la era de la instantaneidad.

“En aquel tiempo estaba aquí La Opinión de Poza Rica y el corresponsal se quejaba porque cuando llegaba el periódico a eso de las diez u once de la mañana ya había yo quemado las noticias por radio, porque como no había otra radio más que la nuestra pues la noticia la pasaba yo cinco veces al día en una hora. Entonces cuando llegaba el periódico ya no se vendía”.

—La importancia de la oportunidad de la noticia…

“Claro. Ahora la radio no ha podido o no ha querido aprovechar los cambios. Hace poco la radio hablaba de lo que había pasado y ahora deben difundir lo que está pasando, no lo que ya pasó”.

—Y ese es el reto más grande ahora.

“Claro, claro y tan fácil con los medios de comunicación ahorita, no tiene gracia ya”.

—¿Y cómo ha visto este tránsito noticioso en las redes sociales?

“Muy bien, pero sigue siendo el mismo reto, informar de inmediato, quemar la noticia para que se enteren todos. Además la noticia tiene consecuencias. Ahí los efectos secundarios. Antiguamente el reportero debía trabajar bajo la primicia de responder seis preguntas: qué, quién, dónde, cómo, cuándo, y por qué”.

“Ahora no. Ahora las noticias se dan a medias. Le tapan los ojos. No dan nombres. Antes se daban nombres e incluso decíamos hijo de don fulano, hija de zutana y ahora ya está prohibido. Había más libertad antes que ahora”.

EN LOS TIEMPOS DE LA CENSURA

“Antes en los tiempos recientes, porque cuando yo empecé la radio nos censuraba las noticias el jefe de telégrafos, como representante de la Secretaría de Comunicaciones”.

“Llegaba y había que enseñarle las noticias que iban a pasar. Eso nos obligaba a hacer dos noticieros. Uno para que lo leyera el representante y otro para que lo leyera el locutor”.

“Así estaba la censura tan bárbara, hasta Díaz Ordaz. Cuando llegó Díaz Ordaz, una de las primeras acciones fue eliminar la censura, pero antes la radio era propiedad del estado y había que respetar. Respetar al gobierno, respetar al PRI, respetar a la CTM. Era obligatorio. Teníamos problemas si criticábamos a la organización, a los líderes”.

—¿Algún otro tema que no se podía tocar?

“No se podía tocar al PRI, era intocable, castigo severo para quien lo hiciera. Todo contra los partidos de oposición, libremente, pero sin tocar al PRI, ni al presidente municipal, ni al gobernador, ni a los diputados, senadores, todos ellos eran totalmente intocables. En aquellos tiempos cuando empecé a trabajar en la radio”.

“A un señor que fue mi jefe, que fue Director de La Voz del Trópico, un semanario, lo encarceló el presidente municipal por criticarlo. Eleazar Martínez Mora, preso, en la cárcel de Martínez de la Torre. Estuvo dos o tres días”.

REPORTERO, DÍA Y NOCHE

Entre el mar de recuerdos, le comento que en alguna ocasión su hijo Luis —quien ya conducía noticias en esa época— me contó que llegó tarde a casa en un día en que el pueblo estaba inundando.

Encontró a su padre, don Nazario, en la sala, preocupado y molesto, quien le dijo: “Aquí estoy, esperando al conductor de las noticias de la radio para que informe a la población lo que está pasando”.

“Claro, sí, es el compromiso del reportero, de quien da noticias, día y noche hay que estar pendiente de lo que está ocurriendo. Para captar y mantener al auditorio es necesario tenerlo informado”, señala.

—Esa es la receta de siempre…

“La única, no hay de otra”.

—¿Alguna vez pensó o dirigió a alguno de sus hijos para que se dedicara a esto, al periodismo? ¿No les dio línea?

“No, no, de ninguna manera. Siempre les di libertad para estudiar lo que quisieran. Yo no los influí. Ellos se orientaron”.

—¿Y qué siente que uno de sus hijos haya seguido este camino?

“Ah, me gusta, Luis, me agrada. Sí, cómo no”.

“El sí traía cambio”, interviene Salvador Muñoz, reconociendo el elogio del padre hacia el hijo, dirigido por mi pregunta. Todos reímos.

—¿Cuáles son los consejos que le ha dado para el ejercicio de esta profesión?

“No le doy consejos”.

—Con razón. Ahora se entiende todo, añade Salvador Muñoz.

“Como dice Miguel Alemán, yo no doy consejos porque los inteligentes no los necesitan y los pendejos no los obedecen”.

“Siempre hablar con don Nazario es de una riqueza increíble”, anota Chava Muñoz, cuando la entrevista va concluyendo.

Al final, nos habla de su pasión por la historia y de las lecturas de Armando Fuentes Aguirre en contra de la historia oficial; de Borges, de Arturo Pérez Reverte, entre otros.

Con el café y los cigarros vienen a su memoria más calaveras, de diversos personajes locales.

Observador tranquilo de la realidad, ahora, nos dice, “escribe en el face. Historias en el face, historias de los episodios más importantes que han ocurrido en la región”.

Dueño de una memoria privilegiada y de un archivo sin igual, nos comenta que está hablando cada semana de Misantla, Tlapacoyan, la zona Costera de Costa Esmeralda, San Rafael, Martínez, Atzalan, “porque a lo largo de los años que estuve trabajando guardé mis apuntes y ahora refresco la memoria cada vez que quiero, busco en mi archivo y encuentro datos que si no los recuerdo los compruebo o si tengo dudas los compruebo con lo que escribí en aquel tiempo, del 52 para acá”.

Salvador Muñoz reconoce su inteligencia, perspicacia y sentido del humor.

Sobre los ensayos históricos nos dice que pretende publicarlos impresos. “Tengo el ofrecimiento de una revista para diez ediciones mensuales con 44 páginas cada una”.

Nos levantamos del café y con Luis al volante, lo llevamos al parque del centro de la ciudad de Martínez de la Torre donde uno de sus amigos lo espera para conversar. Llegamos, lo saludamos y nos despedimos con un apretón de manos. El amigo nos recomienda: “vayan con cuidado, porque esa carretera solo tiene baches, migrantes y uno que otro pendejo”.

Poco después del mediodía de ese sábado 1 de junio, salimos de Martínez de la Torre, rumbo a Perote. La estampa naranja de los floridos framboyanes que inundan algunas zonas de la carretera, nos despiden. Llevamos en la grabadora y en nuestra memoria la historia de un hombre que ha vivido apasionado por las noticias, por el periodismo y las letras.

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