De Tajo

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El dengue del dengue (o sacarle raja)

Juan Antonio Nemi Dib

Para decirlo en sus letras: el dengue es una enfermedad gripal potencialmente mortal para la que NO existe tratamiento específico, que produce muchas molestias y que puede pasar de simple a grave, además de complicarse con otras enfermedades o condiciones del paciente.

Una persona puede estar infectada de dengue y no presentar síntomas; si una hembra de mosquito (generalmente de la especie Aedes Aegypti) pica a un individuo infectado (asintomático o no), el vector (o sea el agente transmisor de la enfermedad, en este caso la mosquita) puede incubar el virus en lapsos que van de 4 a diez días y luego de eso, puede infectar a quienes pique, durante toda su existencia. Los mosquitos machos no pican.

La vida promedio de un Aedes suele ser de 18 a 30 días, aunque hay casos registrados de hembras que lograron “hibernar” hasta por seis meses en ciertos ambientes; está claro que la vida del mosquito depende de las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimento. La hembra picará tantas veces en su vida como necesite comer. Cada nueva picadura de una hembra portadora del virus es un riesgo de infección a humanos.

No es común pero puede ocurrir, aunque asuste: se han detectado casos excepcionales en los que una misma hembra de Aedes es portadora simultánea de infección múltiple: dengue, zika y chikunguña. Estas dos últimas enfermedades, también de tipo gripal, son parecidas al dengue pero más complejas, molestas y riesgosas y es posible que dejen secuelas de por vida en quienes resultan infectados con ellas. Una hembra de mosquito puede poner huevos cuatro o cinco veces en su vida y en cada ocasión, la postura puede ser de entre 400 y 500 huevecillos; es decir que si se le lograran todos, una mosquita podría llegar a producir hasta 2,500 nuevos Aedes.

Los mosquitos son parte de la cadena alimenticia y necesarios para la supervivencia de algunas otras especies de insectos, mamíferos y reptiles. En algunos casos, los mosquitos son agentes polinizadores y por ende, necesarios para el mantenimiento de los ciclos vegetales. No están en el mundo sólo para infectar.

Están científicamente demostrados varios hechos: 1) los Aedes Aegypti tienen una gran capacidad de adaptación, que les permite acostumbrarse rápidamente a ambientes hostiles para ellos, lo que asociado al aumento de temperaturas, viene ampliando las zonas con presencia del mosco; 2) los Aedes Aegypti generan rápida resistencia a ciertas formulaciones de insecticidas; 3) las fumigaciones suelen matar a los moscos pero no son especialmente eficaces con las larvas, además de que suelen ser tóxicas y afectar a otras especies. Por lo que se requiere el uso de larvicidas específicos como el abate, un organofosforado que se arroja en pequeñas dosis no tóxicas en los depósitos de agua y durante tres meses puede matar larvas, pero no así pupas (el estadio intermedio entre la larva y el mosquito maduro); las larvas pueden permanecer en estado latente por muy largos periodos y una llanta podría albergar millones de ellas.

Hay una vacuna contra el dengue de reciente desarrollo que ha sido aprobada por la Organización Mundial de la Salud para el combate de brotes epidémicos pero es costosa, no se produce en las cantidades que serían necesarias y falta tiempo para garantizar su efectividad en grandes poblaciones.

Algo que debiera decirse de manera enfática es que los mosquitos Aedes NECESITAN AGUA para incubarse, desarrollarse y multiplicarse. Todos los objetos recipientes con posibilidad de acumular agua son potenciales criaderos de mosquitos y fuentes de dengue. Estos recipientes pueden ser naturales como los huecos en árboles, rocas y taludes, axilas de plantas y acúmulos de agua fresca en cunetas y caminos. Sin embargo, el mayor riesgo de crianza de mosquitos está en los depósitos artificiales: tinacos, tanques y piletas, cisternas, tambos, cubetas, floreros domésticos y panteoneros, bebederos para animales, chatarra, juguetes y plásticos de todo tipo, basura doméstica como plásticos con agua acumulada, neumáticos, viejas estufas y otros aparatos abandonados en patios y traspatios, macetas de plantas acuáticas, peceras sin filtración…

Los recipientes necesarios e inevitables (cisternas, tinacos, piletas, etc.) deben permanecer adecuadamente cubiertos y su contenido de agua removido y cambiado con frecuencia, además de la aplicación de larvicidas; está probado que eso bastará para controlar los criaderos potenciales. El resto de los objetos siempre tendrán un alto riesgo y obligatoriamente debe tratárseles como basura y RETIRÁRSELES definitivamente de las casas. Algunos reportes señalan que una vivienda veracruzana puede llegar a tener hasta una tonelada de objetos inútiles, susceptibles de ser criaderos de dengue. Limpieza y orden doméstico son claves sustantivas del combate al dengue.
La Organización Mundial de la Salud recomienda además: utilizar medidas de protección personal en el hogar, como mosquiteros en ventanas, usar ropa de manga larga, repelentes adecuados, espirales y vaporizadores insecticidas y agrega que estas medidas tienen que observarse durante el día tanto en casa como en el lugar de trabajo, dado que el mosquito pica durante el día.
Culpar sólo al las autoridades de esta grave problemática sanitaria es irresponsable y absurdo, además de peligrosamente inmoral, pues enmascara la realidad y contribuye a desinformar a la población, propiciando que el problema crezca en lugar de acotarse. Las medidas más efectivas de control del dengue están en manos de la gente y hay que ser claros con eso: sin criaderos no hay larvas, sin larvas no hay mosquitos, sin mosquitos, no hay dengue.
Todo lo demás es un dengue mediático, me temo que nada responsable.

antonionemi@gmail.com

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