LÍNEA CALIENTE

Hoy el sarcasmo y las admoniciones presidenciales; la burla y la sorna; la minimización y evasivas del “yo tengo otros datos” se fueron a la basura al correrse el maquillaje de una tan presunta como real presencia de la narcopolítica en la cúpula del poder…

Línea Caliente

AMLO ¡Guácala… que renuncie!

Por Edgar Hernández*

¡Ovidio para Presidente!

La república hoy está de rodillas, se rinde ante el crimen organizado.

Lo de ayer en Culiacán no hace más que confirmar la añeja complicidad, primero del PRD, luego de Morena, con permiso de la autoridad –Andrés Manuel López Obrador- con los cárteles delincuenciales.

Siempre fue un secreto a voces eso del oscuro patrocinio delincuencial en favor del eterno andar en campaña del PEJE, 20 años.

Siempre se mantuvo bajo sospecha ese extraño maridaje de diálogo y amnistía para los criminales y que Andrés Manuel, ya como candidato a la Presidencia, pudiera transitar con sus huestes, por zonas vedadas y bajo control de los cárteles.

Ese compromiso de iniciar campañas de educación “no formal” para evitar el consumo de drogas, ese patrocinar a los “ninis” y “chairos” hasta con 4 mil pesos, esas admoniciones de acusar con sus mamás y abuelitas a los criminales y ese grave desliz de que “si por mí fuera desparecería al ejército”.

Todos fueron indicios de lo que hoy vivimos como una brutal realidad.

Una brutal realidad a la que hoy se suma esa maldita sospecha de que luego de la masacre de Ayotzinapa, la opinión pública no ha dejado de preguntarse si el crimen organizado ya desde entonces estaba vinculado con el financiamiento primero del PRD luego de Morena.

Como referencia baste un dato.

Los Abarca –el alcalde de Igual José Luis Abarca y su esposa, jefa del Cartel- siempre fueron protegidos por López Obrador, porque financiaron el activismo de AMLO en la construcción de la naciente Morena, según documentó en su momento el columnista Ricardo Alemán.

Y ahora se entiende porque en su campaña presidencial por Nayarit, el tabasqueño calificó de “una masacre” el enfrentamiento acontecido en febrero de 2017 en Tepic, donde un operativo de las fuerzas armadas consiguió abatir a 16 integrantes del cártel de los Beltrán Leyva, entre los que se encontraba Juan Francisco Patrón —alias El H2—, líder del grupo delincuencial.

“López Obrador acusó a las fuerzas armadas de ajusticiar a los delincuentes en su mayoría de las víctimas eran niños y jóvenes”, gritó airado López. “Pero eso se acabará”, dijo.

Y, en efecto, se acabaría pero pactando con los criminales de la misma forma en que lo hizo con Enrique Peña Nieto, de quien tiene todas las pruebas de la corrupción sexenal y la famosa “Mafia del Poder”, pero no mueve un dedo para llevarlo a juicio.

Hoy, eso de vivir en el reino del amor va más allá del populismo discursivo.

Lo de Culiacán corre el maquillaje de presuntas alianzas y oscuros compromisos del presidente de México.

La respuestas al comportamiento presidencial podrían tener una explicación en un sector de la prensa local y en testimonios de periodistas regionales que, en redes y en portales, han documentado la abundancia de dinero en las campañas de Morena; la repentina aparición de modernas y costosas camionetas a su servicio que recorren pueblos y rancherías regalando todo tipo de despensas y enseres.

Es decir, de un momento a otro —y de la nada— irrumpió Morena con una costosa estructura capaz de movilizar todos los recursos necesarios para ganar votos ¿Quién, en un país dominado por el narcotráfico, financia a ese partido? ¿Por qué la defensa incondicional de AMLO?

Eso de minimizar y darle un tonto matiz de justificación a lo de Culiacán es grave. Abre la caja de pandora de lo que hay atrás del proyecto de la Cuarta Transformación.

Hay muchos datos sueltos que mueven a la sospecha.

Por qué no se ha explicado a cabalidad el asunto de Marco Antonio Mejía López, “El Puma”, Coordinador de Seguridad de la campaña de AMLO en 2006 quien fue a prisión acusado del asesinato del general Mauro Enrique Tello.

A pesar de que El Puma fue relacionado con Los Zetas, fue liberado y en 2008 ya era director del penal de Benito Juárez —Cancún—, donde entregó la concesión de alimentos a Rafael Marín Mollinedo, colaborador de AMLO en el Gobierno del Distrito Federal. La concesión se hizo a petición de Nicolás Mollinedo, ex chofer de AMLO y hoy poderoso empresario.

Otra perla.

Alfonso Miranda Gallegos llegó al Congreso de Morelos con apoyo de Martí Batres y AMLO, según Tania Valentina Rodríguez, dirigente estatal del PT.  Miranda Gallegos —también ex alcade de Amacuzac—, era socio del grupo delictivo “Los Rojos”

En 2010, el entonces diputado federal del PRD, Julio César Godoy Toscano —medio hermano del ex gobernador de Michoacán Leonel Godoy—, fue escondido para rendir protesta en la Cámara de Diputados, en complicidad con Alejandro Encinas, aliado de Obrador. Godoy Toscano era jefe de “Los Templarios”.

En febrero de 2015, Miguel Ángel Almaraz, salió de prisión vinculado con Los Zetas. Almaraz fue líder del PRD en Tamaulipas y en 2006 coordinó la campaña de AMLO en esa entidad.

Lo de “Aguililla” en Michoacán es otro indicio de disputa de plazas delictivas eliminando a la policía, masacrándola.

Y lo del agradecimiento a López Obrador de parte de la familia de Ovidio, hijo de El Chapo, ayer liberado por instrucciones presidenciales pareciera un asunto de familia, pareciera un asunto de complicidad.

Qué importa la humillación y traición a las fuerzas armadas que ayer quedaron sin honor. Vale madre que los criminales hayan puesto a la república de rodillas. Lo importante para el Peje es que sí cumple con sus compromisos con la verdadera mafia del poder.

Hoy el sarcasmo y las admoniciones presidenciales; la burla y la sorna; la minimización y evasivas del “yo tengo otros datos” se fueron a la basura al correrse el maquillaje de una tan presunta como real presencia de la narcopolítica en la cúpula del poder.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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