Adriana Gil Maroño, la aviadora del INAH-Veracruz que cobró 15 años sin trabajar

Venida a menos ahora, pero considerada en algún momento de la “alta sociedad” de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, Adriana Gil Maroño se desempeña como investigadora tipo B del Centro INAH Veracruz y fue denunciada el pasado 4 de abril de 2018 en la Delegación de la llamada entonces PGR en Veracruz, por el delito de fraude, fraude procesal especial por simulación de contratos laborales y otros, abriéndose la carpeta de investigación 2384/2018.

Durante 15 años, la académica, cobró un sueldo de 28 mil pesos mensuales como investigadora en el Centro INAH Veracruz, pero nunca se presentó a trabajar y así quedó consignado en las pruebas de la denuncia que presentó el abogado Raúl Valencia Hernández. Su vida, en esos años, la desarrolló en Madrid, España y en Houston, Texas, en una residencia por la que pagaba inicialmente 11 mil dólares mensuales en las mejores zonas de la ciudad  y luego, venida a menos, 5 mil 300 dólares de renta mensuales, unos 120 mil pesos mexicanos.

A raíz de la denuncia de Valencia Hernández, Adriana Gil Maroño se vio obligada a presentarse a “trabajar” en las oficinas del INAH Veracruz, en Benito Juárez 425 y 431, entre Miguel Hidalgo y Francisco I. Madero, en el corazón del puerto de Veracruz.

Atrás quedó su vida glamorosa del 1503 Banks Street de Houston, Texas. De nada sirvió la defensa que hizo de ella el entonces Delegado del INAH, Julio Ignacio Martínez de la Rosa, quien dejó para la historia aquella famosa frase de que “los investigadores pueden trabajar desde su casa”.

Adriana Gil Maroño trabajó por 15 años desde su casa en Madrid, España y en Houston, Texas y durante ese tiempo cobró recursos públicos sin presentarse a trabajar y sin comprobar un plan de trabajo o proyecto de investigación.

Hija de un arquitecto que tuvo cierto éxito construyendo casas en los años 70 y 80, para la sociedad porteña de élite en la zona de Costa de Oro, su empresa se vino abajo estrepitosamente ante el exigente ritmo de vida que le imponía su esposa María Teresa Maroño de Gil, quieren era conocida en el mundillo rosa jarocho por altiva, soberbia y dedicarse a observar la vida de los demás y comunicarla en calidad de fake news, lo que le daba cierto protagonismo en las fiestas.

La crisis de 1993 los arrasó y a eso se sumaron un cúmulo de “tragedias” sociales que le restaban el brillo y limitaban el futuro que pretendían imponer a su hija Adriana, quien tuvo la suerte de contraer nupcias con un exitoso empresario veracruzano.

Separada ahora y venida a menos económicamente, Adriana Gil Maroño ha tenido que regresar a Veracruz a cubrir el tiempo que marca la ley para un trabajo regular, pero la investigación que se inició en su contra se detuvo, protegida por manos extrañas en una dependencia federal que ha sido nido de aviadores por décadas.

El misterioso caso de Adriana Gil Maroño sigue siendo un pendiente que la Cuarta Transformación tiene que resolver, para que el discurso de la lucha contra la corrupción tenga efectos reales y sea creíble.

En la zona conurbada Veracruz-Boca del Río aún se recuerda la carta que el abogado Raúl Valencia Hernández envió al entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

“En las pasadas elecciones hemos dicho ya basta de corrupción y eso es lo que exigimos al votar por Andrés Manuel López Obrador. México tiene que cambiar. No es posible que personas como ésta vivan en Estados Unidos engañando a las autoridades de ese país y del nuestro”, aseguró Raúl Valencia Hernández.

A más de un año de la denuncia, ninguna autoridad federal ha intervenido para corregir este evidente caso de corrupción.

“Nos prometió que no daría lugar a privilegios ni a cochupos. Esta es una buena oportunidad de dar un pequeño, pero un gran ejemplo de combate a la lacra que significan los miles de aviadores en el país que sangran la nómina y dan mal ejemplo, ostentándose como profesores o investigadores”, le dijo el abogado al ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador.

El Delegado que la protegió, Julio Ignacio Martínez de la Rosa ya fue despedido, relevado del puesto por solapar este tipo de situaciones y cuestionado por presuntos actos de corrupción y complicidad. Su puesto lo ocupó Víctor Hugo Valencia Valera, a quien también se le informó de la situación de Adriana Gil Maroño, sin que actuara en consecuencia.

Por lo que se ve, en el INAH Veracruz se sigue solapando la corrupción y en el caso de Adriana Gil Maroño están involucrados cómplices que van desde ex Delegados del INAH por omisos o complaciente y compañeros que solapan esa situación, porque es sabido que el INAH Veracruz es pista de aterrizaje de muchos aviadores.

Además de llevar prácticas corruptas para detener inversiones generadoras de empleo con el pretexto de encontrar vestigios arqueológicos que se dedican a sembrar y luego disfrazar sus extorsiones solicitando recursos para investigar, como si el presupuesto de la dependencia no se  los proporcionará.

Hemos escuchado historias que desglosan hasta las hojas y lápices que usarán en sus “supuestas investigaciones” para justificar ingresos de pagos de extorsión para permitir que continúen las inversiones.

Es urgente que la Fiscalía General de la República y su Delegado Gonzalo Medina den cuentas de estos procesos de presuntos actos delictivos que lesionan el proyecto de combate a la corrupción emprendido por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La investigación contra Adriana Gil Maroño debe llegar hasta sus últimas consecuencias o en Veracruz se quedará la idea de que el combate a la corrupción es solo un discurso de la Cuarta Transformación.

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