En Roma, el Papa Francisco recuerda al Cardenal Sergio Obeso Rivera; “no hemos nacido para la muerte”, señala

Fotografía Vatican Media.
  • Preside Misa en honor de los cardenales y obispos fallecidos durante el año.

El Vaticano.- El Papa Francisco recordó hoy al Cardenal veracruzano Sergio Obeso Rivera, fallecido el pasado 11 de agosto de 2019 en su casa de Coatepec, luego de un incidente ocurrido en el puerto de Veracruz que le mermó su salud y por la que estuvo delicado varios días hasta su muerte.

A las 11.30 horas de la mañana, hora de Roma, el Pontífice católico presidió la Misa en memoria de los cardenales y obispos fallecidos durante el año, 13 cardenal y 147 obispos y arzobispos, 160 en total durante este año.

De los 13 cardenales, 5 de ellos pertenecen a diócesis o jurisdicciones de Latinoamérica o de España, como Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo emérito de Pamplona y Tudela (España), José Manuel Estepa Laurens, arzobispo militar emérito de España, Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo emérito de San Cristóbal de la Habana (Cuba), Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito de Xalapa (México) y José de Jesús Pimiento Rodríguez, arzobispo emérito de Manizales (Colombia).

Asimismo, de los 147 obispos y arzobispos, 54 formaban parte de jurisdicciones eclesiásticas de América Latina, España y Estados Unidos.

El Papa comenzó su homilía declarando que “no hemos nacido para la muerte sino para la resurrección”, pues así lo recuerdan las lecturas del día y planteó: “¿Qué me sugiere la idea de la resurrección? ¿Cómo respondo a mi llamada a resucitar?”. Igualmente, a lo largo de la misma, planteó tres estímulos con vistas a la resurrección.

De este modo, remitiendo al Evangelio de Juan, Francisco expuso que la primera ayuda proviene de Jesús que manifestó: “Al que venga a mí no lo echaré afuera” (Jn 6,37) y remarcó esta invitación “ir a Jesús, el que vive, para vacunarse contra la muerte, contra el miedo a que todo termine”.

Después, el Pontífice emitió una serie de preguntas que ayudan a concretarla, tales como “¿ (…) vivo yendo al Señor o doy vueltas sobre mí mismo? ¿Cuál es la dirección de mi camino? ¿Busco solo causar buena impresión, conservar mi puesto, mi tiempo, mi espacio, o voy al Señor?”.

Dijo que “la vida es toda una salida: del seno materno para venir a la luz, de la infancia para entrar en la adolescencia, de la adolescencia hacia la vida adulta y así sucesivamente, hasta la salida de este mundo”.

“Hoy, mientras rezamos por nuestros hermanos Cardenales y Obispos, que han salido de esta vida para ir al encuentro del Resucitado, no podemos olvidar la salida más importante y más difícil, que da sentido a todas las demás: la de nosotros mismos”.

Sólo saliendo de nosotros mismos abrimos la puerta que lleva al Señor. Pidamos esa gracia: “Señor, deseo ir a Ti, a través de los caminos y de los compañeros de viaje de cada día. Ayúdame a salir de mi mismo, para ir a tu encuentro, tú que eres la vida”.

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