Miríada

Que los muertos entierren a sus muertos, en tanto que los vivos sigan viviendo la vida, pensó, y siguió mirando cómo el sol despuntaba, entre el rojizo caserío de la ciudad de su vida.

Miríada

Por Nabucodonosor

Se está muriendo la gente que antes no se moría, le dijo aquel amigo que solía repetir frases comunes, ideas viejas, como sucursalero de pensamientos. Sería una noche muy fría y se acurrucó en su cama, cubriéndose de la mejor manera. Despertó en la madrugada, impulsado, como siempre, por el resorte de la vida. Sus ojos vieron con emoción el horizonte rojizo del amanecer. Sorbió de su taza de café y solo pensó en eso, en que estaba vivo. Que los muertos entierren a sus muertos, en tanto que los vivos sigan viviendo la vida, pensó, y siguió mirando cómo el sol despuntaba, entre el rojizo caserío de la ciudad de su vida.

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