Llegan 700 mil peregrinos a la Basílica de Guadalupe en Xalapa

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  • El arzobispo Hipólito Reyes Larios preside la eucaristía y luego de media noche le cantan las mañanitas a la Virgen morena del Tepeyac.

Abarrotada, así lució la noche del 11 y la madrugada del 12 la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en el barrio de El Dique en Xalapa. Más de 700 mil peregrinos han visitado este centro de culto mariano, informó el padre José Manuel Suazo Reyes, vocero de la Arquidiócesis de Xalapa.

“Son muchos los peregrinos que en diferentes lugares, los santuarios, las basílicas y los lugares donde se venera la Virgen de Guadalupe están asistiendo. Son más de 700 peregrinos los que han llegado de la propia ciudad capital, de la región, de la provincia y de diversos estados de la República mexicana”, indicó.

Comentó que “son millones de peregrinos los que este día caminan hacia los santuarios guadalupanos. Por eso, con mucha alegría nos encomendamos a la Santísima Virgen María de Guadalupe para que interceda por nuestra patria y nos conceda la paz”, aseveró.

Antes de la medianoche, el arzobispo Hipólito Reyes Larios presidió una misa en honor de la Virgen de Guadalupe y al término de la celebración se entonaron las tradicionales mañanitas que hicieron vibrar el templo guadalupano del barrio de El Dique.

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

PRIMERA APARICIÓN

En la madrugada del 9 de Diciembre de 1531, un indio converso, Juan Diego, se dirigía a Tlatelolco a oír misa, cuando pasaba al pie del cerro del Tepeyac vio una luz brillante en lo alto del cerro y oyó música celestial. Lleno de admiración se quedó quieto. Luego oyó una voz femenina que le pedía que subiera. Cuando llegó a la cumbre vio a la Santísima Virgen María de pie entre luz gloriosa, vestida con esplendor celestial. La belleza de su aspecto juvenil y su tierna mirada llenaron a Juan Diego de indescriptible felicidad cuando escuchaba las palabras que le decía en su lengua indígena. Le dijo que ella era la Inmaculada Virgen María, Madre del verdadero Dios y la hizo saber de su deseo de que se construyera un templo ahí, donde ella pudiera manifestar su amor, su compasión, su socorro y protección. “Pues yo soy una madre misericordiosa”, dijo “tuya y de todos los que habitan esta tierra; que me amen, confíen en mí e invoquen mi ayuda”. Por lo tanto, ve a donde se encuentra el obispo de México y dile que Yo, la Virgen María, te ha enviado a ti para hacerle saber mi gran deseo”.

SEGUNDA APARICIÓN

El obispo no creía la historia que el mexicano le decía. Así que Juan Diego regresó al Tepeyac donde encontró a la Santísima Virgen esperándolo y le contó su fracaso.

Ella le pidió que regresara nuevamente. Cuando lo hizo, el obispo le pidió que la Señora le diera una señal. Juan Diego informó a la Señora, quien le prometió darle lo que solicitaba a la mañana siguiente. El no pudo acudir a la cita debido a la repentina enfermedad de su tío, Juan Bernardino.

TERCERA APARICIÓN

Dos días después, el 12 de Diciembre, cuando Juan Diego se dirigía a la Iglesia de Tlatelolco a traer a un sacerdote para su familiar moribundo, al pasar por el Tepeyac, la Santísima Virgen se le apareció en su camino. Escuchó la disculpa de Juan Diego por no haber venido el día anterior. Cuando terminó de hablar ella dijo: “Esta bien hijo mío, el más pequeño y más amado, pero ahora escúchame:

No permitas que nada te aflija y no temas a ninguna enfermedad, accidente o dolor. ¿Acaso no estoy aquí yo que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y protección? ¿Necesitas alguna otra cosa? Tu tío no morirá ten la seguridad que ya está bien”. Al oír estas palabras, se regocijó y le suplicó que le diera la señal que debía llevar al obispo. Ella le pidió que subiera a la cima del cerro donde la había visto y le había hablado anteriormente. Le dijo que encontraría muchas flores, que tenía que cortar y traerle. Juan Diego hizo lo que se le ordenó, aunque en esta cumbre rocosa nunca antes había habido flores. Encontró un rosedal, jardín milagroso. Cortó las rosas como Nuestra Señora le había dicho, y se las llevó. Ella las arregló en su tilma, diciéndole que las llevara luego al obispo, que esa era la señal que lo convencería para cumplir sus deseos.

CUARTA PARICIÓN

Cuando Juan Diego, radiante de felicidad estuvo ante el obispo, Fray Juan de Zumárraga y le contó de su último encuentro con la Virgen, abrió su tilma para mostrarle la señal que le había pedido, y las flores cayeron como cascada al suelo. Para asombro del obispo y sus acompañantes, sobre la burda tela de la tilma de Juan Diego y tal como la había descrito previamente, apareció el retrato de la Virgen María maravillosamente pintado con los colores más exquisitos.

QUINTA PARICIÓN

Ese mismo día 12 de Diciembre muy temprano también se le apareció al tío de Juan Diego y le devolvió la salud, tal como se lo había dicho. Juan Diego y Juan Bernardino… fueron de los primeros nativos que renunciaron a su religión pagana. Fueron bautizados en 1525, solo cuatro años después de la conquista.

LA TILMA DE JUAN DIEGO

La Tilma sobre la cual se halla la imagen de la Santísima Virgen está tejida a mano con fibras de maguey. Esta tela normalmente tiene una duración de veinte años. Mide seis pies y medio de largo por cuarenta y dos pulgadas de ancho y tiene una costura en el centro.

Directamente sobre la burda tela está la exquisita y delicada imagen de Nuestra Señora, la que mide cuatro pies y ocho pulgadas de alto. Esta imagen de la Virgen María es su único retrato auténtico, y ha permanecido fresco y adorable por más de cuatro siglos. Puede verse y venerarse en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, donde ocupa un lugar de honor sobre el altar principal.

 
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