Lanfranco Marcelletti, entre Bach, un vaso de mezcal y un plato de pasta

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  • Un viernes, como hoy, hace 13 años, Lanfranco Marcelletti llegó como Director invitado a la Orquesta Sinfónica de Xalapa y así estuvo por cinco años. Después fue Director titular por ocho, sumando 13. Hoy, viernes 13, se despide, emocionado.

 Miguel Valera

 No concibe su vida sin las personas que quiere, sin Bach, sin la naturaleza, sin un vasito de Mezcal y un plato de pasta. Bach le encanta porque le crea una “estructura excitante”, le da una tranquilidad que le llena el alma, “parece que me estoy poniendo inyecciones de vida, de placer”. Su amor por el plato de pasta lo heredó de la sangre italiana que lleva en las venas y “su manera de sentir la vida” es la herencia brasileña, del país donde nació.

Un viernes, como hoy, hace 13 años, Lanfranco Marcelletti llegó como Director invitado a la Orquesta Sinfónica de Xalapa y así estuvo por cinco años. Después fue Director titular por ocho, sumando 13. Hoy, viernes 13, se despide, emocionado, con el concierto ¡Obrigado maestro! ¡Gracias maestro!, que se llevará a cabo en Tlaqná Centro Cultural, a las 20.30 horas.

En entrevista con Espejo del poder, Lanfranco Marcelletti nos dice que el amor, la música, el piano y el público, son esenciales para su vida y su carrera artística. —¿Los xalapeños? “Muy, muy, muy amados”, me añade, sonriente, luego de uno de los ensayos para este gran concierto de despedida.

—La Orquesta Sinfónica de Xalapa: muy, muy amada. —La Sala Tlaqná: sin palabras. —Los músicos: muy agradecido. —La Universidad Veracruzana: muy agradecido. —Xalapa: una historia de amor. —Coatepec: ¡uy, mi casa! —Veracruz: aprendí muchas cosas aquí de la cultura. —Brasil: donde nací. —México: donde tengo el corazón.

MÉXICO Y EL MEZCAL

“El mezcal”, cuenta, le confirmó su amor por México y hoy, todos los días no solo escucha a Bach, también toma un vasito de mezcal antes de comer.

“La cosa que me ha hecho mexicano realmente es el amor que tengo por el mezcal. Cuando llegué aquí pasé un año sin probar tequila. Fui al doctor porque me dolía mucho la garganta y el doctor me dijo: tome un poquito de tequila antes de comer. Le va hacer bien a la garganta. Tequila, este hombre está loco, pensé”.

“Entonces sucedió que justo al final de mi primer año fui a comer a la casa del Concertino de la Orquesta (Mikhail Medvid) y me dijo: tú vas a probar hoy un tequila. Lo hice y fue algo que me encantó y ya después empezaron a decirme: ¿Por qué no un mezcal? El mezcal es muy diferente y aunque viene del agave uno se tiene que acostumbrar también. Me fui acostumbrando”.

“Tengo un músico de la Orquesta que trae mezcal de Oaxaca, de primera clase, empecé a tomar y hoy no concibo tomar otra cosa si no es mezcal. Tomo poquito, muy poquito, pero antes de la comida, un mezcalito. A veces viajo y llevo alguna botella chiquita para tomar un vasito antes de la comida, en el restaurante”.

“Mi amor por México se confirmó con el mezcal. Yo me siento mexicano hoy en día, con el mezcal. Me gusta con sal de gusano, con naranja, de pechuga”, me dice sonriendo, como si saboreara el trago que disfrutará antes de comer”.

—¿Se ha imaginado alguna vez la vida sin música?

“Sí, sí me la imaginé e incluso intenté, pero no lo logré”.

—¿Es imposible la vida sin la música?

“Para mí sí”.

—¿Por qué?

“Porque ha sido mi compañera desde que lo recuerdo. Me rebelé en cierto momento y dejé de estudiar, no quería, pero no conseguía parar de escuchar. Un día, mi propio padre me dijo: mira, vuelve a la música porque ya veo que no puedes vivir así. Pienso que fue un gran consejo y volví, pero ¿por qué? No sé. La misma razón que tengo cuando como un plato de pasta”.

—¿La misma razón por la que usted respira?

“¡Exacto! Yo no puedo vivir sin un plato de pasta”.

— ¿Qué le ha apasionado más, dirigir una Orquesta o arrancarle notas a un piano?

“Los dos. No concibo contestar uno mejor que el otro. Quizá el piano, como si fuera una prolongación mía de los dedos. La Orquesta somos muchos juntos. El piano son solo unas teclas de madera, pero en la Orquesta son personas, así que la belleza es diferente, que saca uno de otro”.

“Como pianista lo que está sucediendo está intrínsecamente ligado a ti. Como Director está ligado a ti pero está ligado también al conjunto que tienes adelante. No sé. Son dos bellezas”.

“Cuando ves que el conjunto está tocando algo que estás pensando, es una sensación muy padre. Y como pianista también, pero como pianista yo lo puedo tener más frecuente, porque tengo un piano en casa, me puedo sentar, estudiar y obtener en casa algo. Con la Orquesta siempre hay un escenario”.

Es una comparación entre lo íntimo y lo comunitario.

“¡Exacto! Podría ser. Qué buena manera de decirlo. Yo pienso que el piano siempre va a ser para mí un amor privado, prácticamente. Lo quiero volver a tocar, pero es privado ante todo. En la Orquesta estás con gente, no solo aquí, con el público, es diferente”.

—Ahora me decía de su pasión por Bach, pero también he visto que le ha apasionado Mozart, ¿por qué Mozart y los niños en su carrera artística?

“Ah, sí, es verdad que yo con los niños. Yo pienso que Mozart tiene algo muy particular. Hace poco vi un video que me llamó mucho la atención, de Mozart y el buen gusto. Un gran pianista que se llama Malcon Bilson hace esa comparación de dos piezas muy parecidas, una de Mozart y otra de un compositor contemporáneo y percibe que Mozart en cada nota, en cada momento, siempre sorprende, con cosas chiquitas. Mozart no consigue hablar, es decir voy a hacer el resto bonito, no, cada momento es importante. Mozart tiene esa cosa que es sutil pero tan viva, tan presente. Es por eso que le encanta a todas las generaciones”.

—¿Y entonces Bach es su músico de cabecera?

“Ay, Bach, yo no sé si le encanta a todos, yo espero que sí. A mi Bach me crea siempre mucha estructura, una estructura excitante, yo me siento tranquilo, pero un tranquilo exaltante, no un tranquilo muerto, un tranquilo que parece que me llena el alma, que parece que me estoy poniendo inyecciones de vida, de placer, pero siempre con mucha estructura, quién sabe por qué Bach me ayudó siempre mucho de pequeño y me daba una estructura que nunca deja de ser magnífica, sorprendente, pero es estructura”.

—De todos los países en donde ha estado como Director de Orquesta, en el ámbito cultural y artístico ¿qué le deja Xalapa?

“Uy, me deja todo, me deja todo. Yo salgo de aquí como una persona muy muy grata, por la oportunidad que he tenido con ellos. No fueron ocho años, fueron 13. El último concierto es el día 13. A mí me gusta mucho, ah, viernes 13”.

“La primera vez que dirigí la Orquesta fue un viernes y hace 13 años. Por cinco años vine como Director invitado y ocho como titular. Así que es mucho tiempo de historia”.

“Lo que más agradezco a Xalapa es que pude aprender mucho a entender a las personas. Aparte la música, pero la música es extraordinaria con esta orquesta. No, trabajar con personas, trabajar en equipo. Esa es la cosa que yo aprendí aquí. Aprendí y al mismo tiempo llegué ya queriendo ser así. Hacer música con ellos es increíble, desde un primer ensayo, realmente es una gran orquesta”.

—Además es usted un Director muy querido…

“Bueno, eso no lo puedo decir yo, espero que así sea” (sonríe).

—¿Qué le deja la Orquesta Sinfónica, una institución con reconocimiento internacional?

“Me deja como un mejor músico, como un mejor director”.

—¡Obrigado maestro! ¡Gracias maestro! ¿Qué esperamos los xalapeños en este concierto?

“Ay, ni yo sé qué esperar. Es mucha emoción, son muchos sentimientos encontrados. El programa está formado por cada país en el que he vivido. Nací en Brasil, fui a Viena, viví en Italia, no puse Suiza, estudié en Suiza pero no viví ahí. Volví a Brasil, fui a Estados Unidos, pasé un año y medio en España y después México. Son esos seis países”.

“Quiero contar un poco la historia de cómo llego a México, pero empezando desde el inicio. Son muy interesantes las coincidencias. Yo puse a Brahams, representando a Viena, un gran alemán, pero toda su vida profesional importante fue en Viena. En Viena, una gran pieza, Opus 82, fue el año que yo llegué a Viena, así que fui buscando”.

“En Verdi fue el momento en que yo desisto de la música y puse la pausa del concierto después. Yo desisto de la música porque muere mi abuela y con ella muere un poco mí ilusión con la música. Pasé un año y medio separado de ella”.

“Bueno, no separado porque mi primer trabajo fue en una televisión como asistente artístico en un programa de música clásica. Yo trabajé en la televisión, por eso empecé a dirigir, por la televisión, porque grababa, era asistente del director de cámaras para grabaciones de concierto de orquesta, de todo tipo, dúo, cuarteto, trío, orquesta, orquesta de cámara y ahí tenía que leer una partitura”.

“Descaradamente fui a hablar con un famoso profesor en São Paulo y lo invité, venía de Viena, me llamó a su casa, vio que no sabía nada y me dijo: empezamos desde el inicio. Fue mi gran maestro, fue el hombre que me descubrió. Tienes que ser director, tienes que ser director, me dijo. No, yo ya desistí de la música, le contesté. Tienes que ser director, me insistió y al final ganó el”.

—¿Cuál es el mensaje a los xalapeños este viernes de ¡Obrigado maestro!

“Quiero que vengan todos porque quiero agradecer el cariño, el apoyo. Muchas personas me paran en la calle. Ayer mismo tomando un ADO en la Ciudad de México una persona me dijo: ¿maestro, dónde está su batuta? Eso es un patrimonio humano muy importante para mí. Por eso me gustaría que todos vinieran”, expresa.

Lanfranco Marcelleti en frases

La vida: bella.

La existencia: compleja.

El alma: eterna.

El amor: esencial.

Dios: esencial.

La música: esencial.

El piano: esencial.

La batuta: no es esencial.

La orquesta: mi amor.

Mozart: ¡qué envidia!

Bach: ¡qué grande amor!

Beethoven: ¡qué grande admiración!

Los niños: futuro.

El público: esencial.

Los xalapeños: muy, muy, muy amados.

La Orquesta Sinfónica de Xalapa: muy, muy amada.

La Sala Tlaqná: sin palabras.

Los músicos: muy agradecido.

La Universidad Veracruzana: muy agradecido.

Xalapa: una historia de amor.

Coatepec: uy, mi casa.

Veracruz: aprendí muchas cosas aquí de la cultura.

Brasil: donde nací.

México: donde tengo el corazón.

LAS PERSONAS, LA PASTA, LA MÚSICA, LA NATURALEZA


Durante su estancia como Director de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, Lanfranco Marcelletti ha vivido en la Pitaya, una zona arbolada en la región de Briones, entre Xalapa y Coatepec.

“Me encanta. Amo donde vivo. La primera vez que fui a la Pitaya me quedé admirado”, dice el músico nacido en Recife, Brasil.

“Para mí, añade, mi vida son las personas que quiero, la música, la cocina y la naturaleza. Son las tres cosas básicas para mí”.

“La naturaleza, añade, es lo único que me pone realmente en contacto conmigo mismo. Por alguna razón me siento que estoy conmigo, me siento muy lleno de poder escuchar y me quedo escuchando los sonidos de pájaros, de grillos”.

“Una ciudad al poco tiempo me agobia”, dice, al contarnos que en Madrid vivió en el centro, en la Gran Vía. “Al bajar del departamento había solo cemento, cemento. Después de 7 u 8 meses me sentía mal”.

“Tuve la suerte de haber vivido siempre en ciudades no tan grandes donde hay naturaleza. En Recife tenemos playa y mi padre tuvo una finca, muy parecida a Briones. Viena no es tan grande, pero bastante llena de parques. Viví un año y medio en Sao Paulo y salí traumatizado, porque no soportaba esa selva de piedra, de cemento. Después fui a vivir en Estados Unidos, en dos ciudades muy chiquitas, New Haven, en donde está la Universidad de Yale y otra ciudad con kilómetros y kilómetros de bosque para caminar”.

“Me encanta ir a Nueva York, pero después veo a las personas y las siento tan desconectadas, como que les faltara algo”.

—¿La música, la cultura en general, nos hace mejores seres humanos?

“Ah, sí, claro. Sabe por qué, porque yo encuentro que el arte en general viene de una imaginación del ser humano. La imaginación es como un sueño. Nosotros imaginamos un sonido, una pieza, un texto, un paso, un ritmo. Viene de esta parte del ser humano que es muy subjetiva, no es objetiva aunque la obra de arte puede ser objetiva, como una pieza de teatro. ¿Cómo ha hecho Shakespeare para imaginar cómo era un Rey, Hamlet, Romeo, cómo le hacía para imaginar esas personas?”

“Así que yo pienso que el arte viene de una parte de nosotros que nos hace mejores personas”.

—¿Y en la naturaleza también está el tambor primitivo, ligado a la naturaleza?

“Es el ritmo. Más que primitivo, de sentido histórico, es primitivo por el nacimiento, porque cuando el feto crece está muy cerca del corazón. El corazón lleva un ritmo. Los niños que cerraron los ojos reconocen a la madre por el olor y por el ritmo del corazón que los calma. El ritmo es algo con lo que nosotros nacemos escuchando todo el tiempo. Por eso es que las canciones de cuna tienen un ritmo que es muy peculiar, porque es un ritmo del corazón, concluye.


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