Hoy soy una mejor persona; así se despidió Lanfranco Marcelletti de la Orquesta Sinfónica de Xalapa

Recordando a su padre, quien le decía que hay que enamorarse profundamente de lo que se hace y sobre todo ser feliz; a su madre, a quien recién perdió —“porque cuando me fui sufrió mucho”, dijo—; a su abuela, quien le enseñó a cocinar pasta —cuyo fallecimiento le hizo alejarse de la música— y a los países en donde ha vivido —Brasil, Viena, Italia, Estados Unidos, España y México—, se despidió Lanfranco Marcelleti Jr. de la Dirección de la Orquesta Sinfónica de Xalapa.

Ante una sala Tlaqná desbordante, que aplaudió entusiasta y ondeó con gran energía banderas de Brasil y México, dijo que se sintió muy feliz de dirigir a lo largo de ocho años la Orquesta Sinfónica de Xalapa. “Tengo por ustedes un gran respeto y admiración. Hoy soy una mejor persona, porque aprendí a trabajar con 95 personas”, dijo, antes de llevar a cada uno una rosa blanca, símbolo —como dijera Martí— de amistad sincera.

Dijo que aunque un director no debiera crear lazos de amistad con los músicos, para no crear grupos de interés, él se hizo amigo de muchos y particularmente agradeció a la chelista Daniela Derbez por su amistad y cariño. “Ella y su esposo, también músico de la Orquesta me cuidaron siempre, siempre, en todo momento”, aseveró emocionado.

Durante esta emotiva noche,  la rectora Sara Ladrón de Guevara felicitó a Lanfranco Marcelleti y le entregó un reconocimiento a nombre de la Universidad Veracruzana por su invaluable labor al frente de la Orquesta Sinfónica de Xalapa y su contribución al prestigio de esta casa de estudios.

Por su parte, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez, quien permaneció en el recinto durante todo el concierto, lo distinguió “por su incansable labor en favor de la cultura musical de nuestro estado y el país. Su titularidad al frente de la Orquesta Sinfónica de Xalapa enarboló con orgullo uno de los estándares artísticos más importantes en el estado, enalteciéndola en escenarios nacionales y extranjeros. Larga vida y música para siempre. Muchas gracias maestro”.

Lanfranco recibió con alegría los reconocimientos, ramos y ramos de flores, un pergamino también que le entregó la Universidad de Xalapa en manos de la doctora Isabel Soberano de la Cruz; otro más del Ayuntamiento de Xalapa que un joven tímido leyó con cierta dificultad y hasta un sombrero de charro mexicano que le entregaron sus compañeros músicos.

La primera pieza que interpretó la Orquesta Sinfónica de Xalapa fue la Obertura “El Guaraní”, de Carlos Gomes (Brasil), seguida de Nänie, para coro y orquesta, de Johannes Brahms (Austria-Alemania).

Dijo Brahms escribió esa pieza por la muerte de un amigo “y para mi es significativa porque yo estoy concluyendo un ciclo y aunque no tiene que ver con la muerte, al concluir un ciclo uno va dejando cosas, hay cosas que mueren y cosas que vienen por descubrir”.

De Giuseppe Verdi (Italia) interpretaron Stabat Mater, para coro y orquesta, de las cuatro piezas sacras. Esta pieza, dijo, con la voz quebrada, “se la dedico a mi madre, porque cuando me fui sufrió mucho”, dijo.

Lanfranco Marcelletti también homenajeó a su abuela, de quien dijo, le enseñó a cocinar pasta y hoy, no podría vivir sin un plato de pasta.

Luego del intermedio, llevaron al escenario a Aaron Copland (Estados Unidos) con Hoe-Down, del ballet “rodeo”, una pieza de apenas cuatro minutos que dirigió con las manos, la batuta y todo su cuerpo.

Antes de la Danza española No. 1, de “La vida breve”, de Manuel de Falla (España), dijo que la primera vez que vino a dirigir a Xalapa estaba en España y fue invitado en un Junio Musical de 2006, dedicado a Brasil.

Luego de reconocer a su manager, a su asistente Nelly Pérez, recordar al ex director Carlos Miguel Prieto, trajo a la Tlaqná a Silvestre Revueltas (México) con La Noche de los mayas —Noche de los mayas, Noche de jaranas, Noche de Yucatán y Noche de Encantamiento—.

Recordó que fue José Ives Limantur (1919-1976), titular de la Orquesta Sinfónica de Xalapa de 1944 a 1952, quien creo los arreglos de esta pieza.

“Veo una sala llena porque un director se va”, dijo emocionado, conmovido, feliz, al concluir el concierto y regalar otra pieza brasileña y un fragmento del Huapango de Moncayo, que hizo sonar las palmas del público asistente.

La noche concluyó apoteósica, con el concierto ¡Obrigado maestro!, mientras afuera de la Sala Tlaqná y del complejo cultural y deportivo de la Universidad Veracruzana, una luna llena iluminaba el firmamento. (Miguel Valera)

Fotografías: Prensa UV

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