SENTIDO COMÚN

Lo cierto es que ya pagamos el avión, primero a través de nuestros impuestos y ahora con cooperaciones de los que se atrevieron, como yo, a comprar un cachito…

SENTIDO COMÚN

Gabriel García-Márquez

¡ME SAQUÉ EL AVIÓN!

“Tanto preocuparme por ahorrar para comprar una casa adonde llevar a vivir a mi familia, hasta que por fortuna se nos ocurrió comprar un cachito de la lotería para el sorteo del avión presidencial y heme aquí ahora viviendo nada menos que en Santa Lucía, en la suite presidencial de esta aeronave que inteligentemente rifó el presidente de la República. Como dice el dicho “nadie sabe para quién trabaja” y lo que el expresidente Felipe Calderón consideró una gran decisión como fue comprar un avión a todo lujo, para recorrer el país de cabo a rabo, resulta que vino a resolver mi gran problema de tener una casa. Y vaya que esta es una muy buena casa, ubicada en uno de los lugares más seguros del país, que es el aeropuerto militar de Santa Lucía donde el mismo presidente de la República autorizó a que se le diera espacio a esta aeronave. ¿Cómo la ven?

Por cierto, estoy muy agradecido con la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, que decidió condonar el pago del impuesto generado por el premio, porque de lo contrario habría tenido que desembolsar 150 millones de pesos que equivalen al 6% de los 130 millones de dólares que vale el avión, que ahora humildemente se ha convertido en su pobre casa. Yo sí la voy a disfrutar, porque lo que es el expresidente Peña Nieto y su esposa Gaviota, tal vez durmieron una que otra vez en esta suite donde todavía se siente el espíritu de la pareja presidencial. Pues sí, en esta alcoba se duerme de maravilla, ya habrá oportunidad de invitarlos y tengan la seguridad de que no correrán ningún riesgo al visitarme, porque alrededor de nosotros tenemos a los elementos de la defensa nacional resguardando éste que es el lugar más seguro del país.

La verdad es que me siento bien contento de estar aquí, pero más feliz porque me siento como durmiendo en las nubes, aun cuando mi casa voladora permanece en tierra (usted se imagina lo que cuesta echarla a volar). Sin embargo, lo más importante es que estoy muy orgulloso de haber cooperado para adquirir equipos médicos y hospitales donde se atiende de manera gratuita a la gente pobre, además de que resolvimos de alguna manera el problema financiero que significaba para el gobierno pagar el avión que ahora me entero es un Boeing 787 Dreamliner.

Yo compré uno de los 6 millones de cachitos y no sé ni cómo le hice para juntar los 500 pesos que me costó el boleto, pero entre mi esposa y yo los juntamos para ayudar al presidente a cumplir su palabra de deshacerse de este avión tan costoso.

Con la venta de todos los cachitos se lograron juntar cerca de 2 mil 500 millones de pesos, suficientes para pagar la deuda de la aeronave e inclusive cubrir 500 millones de pesos que corresponden a un año de mantenimiento. O sea que por los servicios no me debo preocupar, pero lo que no he preguntado es si tengo qué pagar tenencia o en mi caso que lo ocuparé como vivienda, tal vez tenga que pagar predial. No lo sé.

Me enteré que mucha gente no se animó a comprar el billete, porque no confían en nuestro gobierno y otros porque pues pensaban que para qué lo iban a ocupar si se lo sacaban, otros que dónde lo iban a estacionar, en fin no se animaron, allá ellos; otros sí se animaron nada más por puro morbo, para ver qué pasaba con el sorteo. Yo en mi caso, me animé porque nunca me he sacado nada y dije a ver si es chicle y pega. Y que le voy pegando.

No cabe duda que el presidente se empecinó en cumplir su palabra de que iba a vender el avión y juró y perjuró que nunca se iba a subir en él, pero por angas o por mangas en un año no lo pudo vender. Pero que se le ocurre lo de la rifa y aunque muchos pensaron al principio que se trataba nada más de una broma, que va siendo cierto, porque el presidente siempre cumple lo que dice. Yo en lo personal creo que fue una gran idea, que debería repetirse para muchas otras cosas, no con premios tan pretenciosos como un avión, pero podrían rifar casas, automóviles y hasta locales comerciales para que quienes no tenemos dinero podamos hacernos de un patrimonio propio. Igual podrían rifar plazas en Pemex, plazas de maestros o hasta parcelas. ¿Por qué no se le habrá ocurrido a ningún otro presidente una solución como ésta?

Lo cierto es que ya pagamos el avión, primero a través de nuestros impuestos y ahora con cooperaciones de los que se atrevieron, como yo, a comprar un cachito.

Por cierto, ya invité al presidente a que venga a mi casa, a ver si un día de estos se anima aun cuando rompa su promesa de no subirse nunca al avión presidencial”.

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