SUMARIO

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“Pinche panadero”

Gustavo González Godina

Tengo un amigo que es Amlover, o sea, que ama a López Obrador. Pero lo ama con locura, apasionadamente, con delirio, como sólo se puede amar a López Obrador. Me parece que más que a su mujer y a sus hijos. Y cuando sale a la plática alguna de las genialidades de su amado líder (que es cada vez menos frecuente porque hace tiempo comprendí que donde hay un loco con uno basta, ya con dos se vuelve un manicomio), obviamente salimos en desacuerdo, y como no hay argumento que valga, cuando ya no tiene más que decir y con el ánimo de ofender me llama “panista”. Más concretamente “pinche panista”, o “pinche panadero” que a sus oídos le suena más fuerte.

¿Por qué cree que soy panista? no lo sé. Nunca me ha visto apoyar a ningún candidato del PAN, nunca -que yo sepa- me ha visto en algún mitin del PAN, a no ser que haya ido yo a reportearlo como lo he hecho con los del PRI, de Movimiento Ciudadano, una vez platiqué mientras caminábamos por la calle Esparza de Tepa con Andrés Manuel López Obrador; tampoco ha visto que tenga yo alguna credencial del PAN, mucho menos que alguna vez haya votado yo por el PAN porque el voto es secreto. Pero así da por terminada la discusión mi amigo: “Ya cállate pinche panadero”.

Su amor por el Señor de los Cachitos y el que sea yo anti AMLO no han podido destruir nuestra amistad y espero que no ocurra, que no lleguemos a distanciarnos por eso, como en cambio sí me alejé ya de un amigo veracruzano porque no pierde oportunidad de insultar a quienes no apoyan y critican a López Obrador, lo borré de la lista y no me lo encuentro más en ninguna de las redes sociales. Mi amigo éste de Tepa no, no insulta, no ofende, fuera del “pinche panadero” que es para terminar la alegata, no es grosero. A veces levanta la voz pero hasta ahí, es un gran amigo del que se puede tolerar su fanatismo.

Pero ¿a qué viene todo esto? si tengo también excelentes amigos panistas, priistas y del Movimiento Ciudadano… Bueno, fue un preámbulo para contarle lo que me pasó esta semana en la Ciudad de México, en la que llevo dos (semanas) y donde algo comí que ya me mataba, yo creo que fue la comida china de la que me atiborré la semana pasada en un restaurant de la calle Madero en el centro de la ciudad. Ya sabe usted, como se puede comer uno todo lo que quiera por un mismo precio, y como todo está sabroso pues… los que crecimos entre carencias traemos una pobreza ancestral que nos hace comer, qué digo comer, tragar hasta casi reventar, sale uno de ahí rodando. Y entre tantas comidas de los chinos alguna me hizo daño.

Me dolió terriblemente el estómago casi toda la noche del sábado al domingo, pero mucho, ni siquiera me pude terminar un café lechero en La Parroquia del centro de la Ciudad. Con algunas pastillas que compró mi hija en un Sanborns, ya cerca de las 4 de la mañana pude dormir un rato. Pero el domingo otra vez el dolor, bueno, con decirle que no se me antojaba ni la Coca Cola y eso que soy adicto a esa porquería de bebida, no toleraba nada mi estómago. Total, que pasé otro día y otra noche pagando algunas de las que debo.

Para no hacerle el cuento largo, el lunes por la mañana fui a donde me dijo mi hija que había dos médicos, uno al parecer de la Alcaldía Benito Juárez y otro de una farmacia del Doctor Simi. Estaban uno a media cuadra del otro y el primero que se me atravesó fue el de la Alcaldía, una Unidad de Salud de reciente creación que, no me lo va usted a creer, atiende a los jodidos, como a Miguelito, como si fuera el hospital privado más caro. Saludan amables, se ponen a sus órdenes de uno, preguntan en qué le pueden servir… “Pues es que llevo dos días con un dolor de panza que ya no lo aguanto”.

-“Pase usted por aquí -me dijo la que parecía encargada de la farmacia, aunque había ahí dos hombres más, bien vestidos-, primero lo va a revisar la enfermera”. Salió a mi encuentro la enfermera, me llevó a un lugar donde me midió la presión, me pesó, me preguntó lo necesario y me acompañó otra vez a un pasillo donde había cuatro o cinco personas esperando. Mmmm voy a tener que esperar -pensé. Pues no, apenas me estaba sentando cuando salió la doctora, dijo mi nombre y “acompáñeme por favor”. Todo amabilidad. Estaba yo desconcertado porque se trataba de un establecimiento del gobierno.

-“Me llamo Leslie -dijo la doctora, una mujer no fea, de unos 35 años de edad cuando mucho- ¿qué es lo que le pasa?, cuénteme”. Me interrogó exhaustivamente acerca de lo que había comido en toda la semana, de antecedentes familiares, de alergias, de otros padecimientos, de medicamentos… bueno, lo que debe hacer un médico profesional y luego me dijo “acuéstese ahí, no es cierto, primero sentado” en un mueblecito de esos que hay en todos los consultorios para la exploración, y se puso a escuchar mi corazón, los pulmones y todo lo que pueden escuchar los médicos mientras respira uno profundo.

-“Ahora sí, acostado boca arriba”. Y empezó a darme golpecitos y a presionar en cada punto del estómago y los intestinos. “Trae usted sus intestinos hechos un desastre, ya no es en el estómago, están hechos bolas, retorcidos y se nota que la están pasando mal. Pero no se preocupe, le voy a recetar tres medicamentos y esta misma noche ya va a poder dormir bien, aunque los tiene que seguir tomando como le voy a indicar en la receta”.

Gratamente impresionado por la atención de la doctora y por su amabilidad, le pregunté dónde debía yo pagar y cuánto. “Por la consulta nada -dijo-, si quiere usted comprar los medicamentos en la farmacia de aquí lo hace, y si no los compra donde usted quiera”. Le pregunté si había más unidades de salud como ésta en la Alcaldía Benito Juárez y dijo que estaban montando otra, y que según la demanda seguirían con el programa. Pues -le comenté- parece que la Alcaldía se preocupa más por la salud de las personas que el gobierno federal. Sonrió.

Fui a la farmacia y con menos de 100 pesos pagué los medicamentos que me recetó. Les dije a las tres personas que estaban ahí (a la señora que la atendía y a los dos hombres que iban y venían), que los felicitaba a todos y les agradecía mucho la buena atención y la amabilidad con que me trataron y que, bueno, que yo me dedicaba a escribir cosas y que lo transmitiría. Sonrieron, dijeron que gracias y me pareció que se sintieron como cualquier persona cuando alguien le dice que está haciendo las cosas bien. Siempre será satisfactorio que alguien reconozca el trabajo de uno.

Salí, caminé por la calle Castilla de la Colonia Postal rumbo a Xola, cerca del Eje Central y vi una patrulla. Señor -le dije al policía que estaba parado fuera del auto- ¿sabe usted quién es el que manda en la Alcaldía? “Pues… es el comandante, eeeeh…” No -le aclaré-, no quiero saber quién manda en la policía, sino ¿quién es el Alcalde? “¿Por qué?” -preguntó. Es que -le dije- hay una Unidad de Salud ahí adelante… “¿Qué le hicieron -me interrumpió abruptamente-, lo trataron mal?” No, todo lo contrario -contesté-, me trataron de maravilla, con mucha amabilidad, son muy profesionales y quiero que se sepa, por eso pregunto quién es el Alcalde, lo que antes se llamaba el Delegado…

Se le iluminó la cara al policía. Me dijo que si le daba mi nombre y mi teléfono, y me pidió permiso para tomarme una foto con su teléfono: “Porque esto lo tienen que saber las autoridades, no que puras quejas, puras mentadas de madre…” Accedí a todo e insistí en preguntarle quién era el titular de la Alcaldía Benito Juárez, dijo que no recordaba el nombre pero que era del PAN. Ahí fue cuando me acordé de mi amigo el morenista, el Amlover, que cierra la discusión con el infalible “Pinche panista”, o “Pinche panadero” si lo saqué de quicio demasiado.

El alcalde de la Benito Juárez en la ciudad de México se llama Santiago Taboada Cortina y es del PAN. La Unidad de Salud está en la calle Castilla, entre Almería y Ahorro Postal, frente al mercado de la Colonia Postal.

Ante la crisis por la falta de médicos y medicamentos que hay en el país, y la experiencia que tuve, saque usted sus propias conclusiones. Por cierto ya no me duele la panza y ya tengo ganas de regresar a Tepa.

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