La cuaresma nos debe ayudar a mejorar la sociedad y esto empieza por cada uno de nosotros: Iglesia católica

Al recordar que con el rito de la imposición de la ceniza —el próximo miércoles 26 de febrero—, inicia en la iglesia católica el tiempo de la cuaresma, el padre José Manuel Suazo Reyes, vocero de la arquidiócesis de Xalapa, expresa que este tiempo litúrgico “nos debe ayudar a mejorar la sociedad y esto empieza por cada uno de nosotros”.

SE ACERCA LA CUARESMA

El miércoles 26 de febrero de 2020, con el rito de la imposición de la ceniza, iniciará en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica el tiempo de la Cuaresma, un periodo que nos prepara para la gran celebración de la Pascua.

El número 40 recuerda los cuarenta días del diluvio (Gn 6, 5ss), los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto (Dt 8, 2-4; 29, 4-5), los cuarenta días que Moisés transcurrió en la cima del monte Sinaí (Ex 34, 28) o los cuarenta días y cuarenta noches que el profeta Elías pasó caminando en el desierto hasta el monte Horeb (1 Re 19, 8)  y desde luego los cuarenta días y cuarenta noches que Jesús pasó en el desierto en oración y ayuno (Mt 4, 2).

Durante la Cuaresma se nos invita a la conversión. Se trata de vivir ese periodo como un itinerario que nos conduce a Dios, escuchando su Palabra, celebrando los sacramentos, entre ellos la Eucaristía y la Reconciliación, orando con insistencia, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas.

La Cuaresma inicia con la imposición de la ceniza, en un ambiente de ayuno y oración. El día miércoles de Ceniza resuena en nuestras Iglesias y en nuestro interior la invitación que hace Jesús al comienzo de su predicación: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). Convertirse significa volver la vista a Dios, cambiar de mentalidad, corregir el camino, renovarse. Se trata de pasar del hombre viejo al hombre nuevo. El hombre nuevo es el que cree en Jesús, se hace su discípulo y lo empieza a seguir asumiendo los valores del Evangelio.

El miércoles de Ceniza para el mundo católico es día de ayuno y abstinencia. Ayunar por ayunar no hace mejor a las personas, se necesita cambiar la mentalidad y el corazón. Hay que tener presente que hoy en día muchos ayunan, porque no tienen qué comer. Lamentablemente la pobreza y la miseria que se viven en nuestro país son un verdadero escándalo. Esta realidad no se superará con dádivas clientelares, se necesita invertir en educación y crear mejores oportunidades para todos.

El ayuno y la abstinencia son medios que nos ayudan en la conversión personal. El ayuno es signo de solidaridad con los que no tienen lo necesario para vivir ni lo indispensable. Con el Ayuno uno se solidariza con los que tienen hambre; el ayuno nos lleva a preferir otro tipo de alimento que también es necesario para vivir, el pan de la Palabra de Dios; Con el ayuno se frena un poco el consumismo, te impulsa a compartir lo tuyo, y sobre todo lo que tú eres.

Y para hacer del ayuno un estilo de vida y una cosa agradable al Señor, es bueno tener presente lo que dice Dios a través del Profeta Isaías: “Este es el ayuno que yo deseo: romper las cadenas injustas, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados y arrancar todo yugo; compartir tu pan con el hambriento, acoger en tu hogar a los que no tienen techo, vestir a los que veas desnudos y no abandonar a tus semejantes. Así surgirá tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente; tus justas acciones te precederán, te seguirá la gloria de Yahvé. Cuando llames, Yahvé te responderá, pedirás socorro, y dirá: aquí estoy” (Is 58, 6-9).

Este tipo de ayuno, no es sólo para un día o una temporada, más bien es un ayuno para toda la vida que refleja una manera de ser. Este tipo de ayuno transforma nuestra persona y nuestro entorno, ya que no se queda sólo en un asunto de ascética personal  sino tiene un impacto social. La cuaresma nos debe ayudar a mejorar la sociedad y esto empieza por cada uno de nosotros.

Que la Cuaresma que iniciamos el próximo 26 de febrero, nos ayude a transformarnos para vivir en nuestra propia vida la pascua de Cristo; que el periodo de la cuaresma nos ayude a ser más solidarios con quienes nos necesitan, concluye el presbítero José Manuel Suazo Reyes.

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