La Ciudad Universitaria en París: una utopía hecha realidad

La Ciudad Universitaria en París: una utopía hecha realidad

Juan José Barrientos

A fines de los años veinte, el gobierno francés invitó a México a participar en el proyecto de construcción de la Cité Universitaire o Ciudad Internacional Universitaria de París, pero el edificio de la Casa de México sólo se construyó más de veinte años después y se inauguró el 8 de octubre de 1953.

Desde esa fecha, la casa ha acogido a cientos de estudiantes mexicanos que luego de reintegrarse al país han contribuido intensamente a su desarrollo, entre ellos Manuel Felguérez, Cuauhtémoc Cárdenas, Paul Leduc, Margo Glanz y Fernando del Paso.

Dotada de las instalaciones y servicios necesarios para una residencia de estudiantes, la

Casa de México, que está subvencionada por la Secretaría de Educación, alberga en su seno a la Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz (antes Benito Juárez), una de las cinco bibliotecas especializadas de la Cité Universitaire, y propone un variado programa de  actividades culturales tanto a sus residentes como al público externo.

Preocupado por los problemas de alojamiento de los estudiantes y en el contexto pacifista de los años veinte, un industrial francés, Emile Deutsch de la Meurthe, le sugirió al rector de la Universidad de París fundar la Cité Universitaire a fin de favorecer el intercambio entre los estudiantes del mundo entero, ofreciéndoles alojamiento y servicios que les permitieran proseguir sus estudios en buenas condiciones.

André Honnorat, que era el ministro de Instrucción pública, aprobó entonces el proyecto y durante cerca de treinta años consagró toda su energía a su realización, solicitando el apoyo de banqueros, industriales y gobiernos, para recabar los fondos necesarios.

Por un decreto de fecha 6 de junio de 1925 se estableció una fundación y la Universidad de París le otorgó el predio de 34 hectáreas, donde luego se construyeron las cuarenta residencias en que actualmente se alojan unos 12,000 estudiantes graduados procedentes de unos 140 países.

Emile Deutsch de la Meurthe hizo la donación que permitió la construcción de los primeros edificios que debían llevar su nombre y el de su esposa, los cuales recuerdan por su arquitectura a las universidades inglesas. La Maison des étudiants belges se construyó también en 1924, gracias a la generosidad de Jean-Hubert Biermanns y su esposa, Berthe Lapôtre, mientras que la Casa de las Provincias de Francia (1932) debe su existencia a un ciudadano anónimo de Mulhouse y a un ciudadano de los Estados Unidos, Murry Guggenheim, así como a numerosas contribuciones del resto de Francia.

Un comité creado en 1926 por el embajador de Holanda en París recolectó las aportaciones necesarias para la construcción del College Néerlandais, sobre todo la donación muy generosa de Abraham Prever, un ciudadano de los Estados Unidos, en memoria de su hijo, el teniente aviador Arthur Prever, quien había muerto en el frente francés en 1918.

Debido a la crisis económica, las obras se interrumpieron entre 1933 y 1937, pero la contribución de los gobiernos holandés y francés permitió terminar el edificio inaugurado el 2 de diciembre de 1938.

La Casa de los Estudiantes Canadienses, inaugurada en 1926, se debe a la iniciativa de Philippe Roy, alto comisionado del gobierno canadiense en París, y la Fundación de los Estados Unidos (1930) a la del industrial Homer Gage.

Desde 1927, Boghos Nubar Pacha respondió al llamado de Emile Deutsch de La Meurthe y de André Honnorat con una donación de tres millones de francos para la construcción de la Casa de Armenia en 1931, el año en que también se inauguró la Casa de los Estudiantes Suecos.

La Fondation danoise también fue una de las primeras que se construyeron a fines de los años veinte, mientras que la Casa de Noruega, la Casa de Brasil, diseñada por Le Courbousier, y la Casa de Italia, se construyeron como la de México en los cincuenta.

En cuanto a la Maison internationale que recibe diariamente más de seis mil visitantes y donde se realizan las más diversas actividades culturales y deportivas, se construyó gracias a la generosidad del mecenas John D. Rockefeller, junior, entre 1933 y 1936. A petición suya, el arquitecto  Jean Frédéric Larson se inspiró en el castillo de Fontainebleau para crear este edificio.

En resumen, la Cité Universitaire no se hubiera podido construir sin el apoyo decidido de innumerables filántropos. Los “amos” de México se deberían dar una vueltecita por ahí.

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