Fiscalía incapaz = impunidad e injusticia

Por Juan Manuel Herrera Sosa

A propósito de señalamientos recientes a jueces por “soltar” a presuntos -o más que notorios- delincuentes, se me viene a la mente el binomio que representa el gran problema de este país, la corrupción y su hermana gemela la IMPUNIDAD.

La impunidad se debe a muchos factores, falta de educación, ética, estado de derecho débil, entre otras; sin embargo, en el tema de la prosecución de delitos, un factor por demás importante es el tema de las fiscalías. Actualmente en México y en Veracruz tenemos un índice de impunidad de alrededor de 98%, es decir, de 1000 delitos que se cometen, apenas se persiguen y se condenan 20, con ese incentivo –me dijo un conocido- está más atractivo ser delincuente que abrir mi tienda todo los días.

Los fiscales son los encargados de la persecución de los delitos, de armar la historia y contársela a los jueces, no hay que olvidar que los juzgadores -en teoría- resuelven con el expediente que tienen en la mesa, y este consiste principalmente en una carpeta de investigación, que es un legajo de documentos en el que constan los registros de las actividades que se llevaron a cabo en la pesquisa que realizó el fiscal, para la que se auxilia de la policía y los peritos, además de asesores jurídicos y defensores.

¿Qué está pasando entonces para tener una impunidad tan alta? Esta pregunta se la hicieron los Senadores de la Comisión de Justicia a la catedrática emérita del CIDE Ana Laura Magaloni, candidata a Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en el penúltimo nombramiento, y con la brillantez y amplio conocimiento que le caracteriza contestó más menos así: “Llega la carpeta, la cachan y mandan un conjunto de diligencias relativamente homogéneas por tipo de delito, lo que sucede es que cuando le contestan esas diligencias y ya pueden hacer una lista de que cumplió con todas, la manda al archivo, pero antes de eso sube una instancia que revisa que tenga todos los papeles, por tanto tenemos un “ritual de los archivos””, cuál es su solución, además de toneladas de capacitación, separar la función de investigar con la de acusar, y así crear un método de investigación adecuado.

Y creo tiene razón, se debe transitar del problema de origen que tiene que ver con la investigación de los delitos, para evitar que los que sí se quieren judicializar y obtener una sentencia condenatoria (como cuando se persiguen a los enemigos políticos en turno) sean los únicos que se investigan correctamente, al común denominador de una investigación sólida y una acusación no discrecional. Para que esto suceda, deben observarse y mejorarse algunos aspectos que considero importantes:

La independencia, los fiscales carecen de, pues deben sujetarse a las instrucciones de quienes los pone ahí, sólo hay que ver los sistemas y formas de designación de los titulares para darnos una idea, esto acota el marco de actuación en que se pudiera incidir o las investigaciones, si se tiene que “pedir permiso” para actuar, dudo mucho que a los amigos o aliados de los jefes se investiguen sus posibles delitos, justicia selectiva no es justicia.

Otro aspecto que considero importante son las condiciones laborales de los fiscales y el personal de apoyo, acorde con la naturaleza de su encomienda debe de invertirse en capacitación y en mejoramiento de sus sueldos y condiciones laborales, es muy difícil que el personal trabaje de forma eficiente permanentemente si no encuentra motivación alguna en el quehacer de su trabajo, la mal entendida austeridad (que sólo aplica cuando conviene) no debe verse reflejada en sueldos insuficientes y condiciones laborales deplorables, recuerdo haber acompañado a un amigo a denunciar un robo y el fiscal rodeado de una cantidad inimaginable de expedientes se cabeceaba de sueño, y en confianza nos comentó que no dormía ni comía bien tenía 3 días, que ansiaba ver a sus hijos pero que sus jefes lo presionaban al punto de casi no dormir, tenía lista la renuncia en el cajón para en cualquier momento presentarla y largarse (con esas y otras palabras un poco más rudas), al final mi amigo mejor se quedó con su pérdida, justicia inaccesible no es justicia.

Diferente aspecto es también la organización de recursos humanos, por ejemplo, se sabe que se implementó un sistema de rotación de fiscales que no ha servido para mucho o puede que todo lo contrario, el volver a empezar a conocer las carpetas que cada fiscalía tiene asignadas sólo ha retrasado su agilización y resolución, si se quiere evitar la corrupción me parece que existen formas que compliquen menos el trabajo de los señores fiscales, imagino un fiscal que tiene 200 carpetas de investigación estudiadas, al menos conocidas, que lo rotan y lo mueven a otra fiscalía donde hay otras 200 que no tiene idea qué contiene cada una, nada más en este hipotético caso hay 400 carpetas en atraso, es volver a empezar 2 veces, el fiscal que se fue y el que llega; bueno, ahora el problema hay que imaginarlo en todo un estado (como Veracruz por ejemplo), justicia incompleta y tardía no es justicia.

Cuando me preguntan los estudiantes, por qué creo que los jueces son corruptos y sueltan a los criminales si ganan muy bien, respondo lo mismo, no es cosa de los jueces (desde luego que los hay también), el problema en la mayoría de las veces viene de origen en las fiscalías, y en cómo hacemos las cosas en México, al “ahí se van”, si la reforma penal se hubiera concentrado en profesionalizar la policía de investigación y capacitar y mejorar las condiciones de los fiscales y no al revés, haber empezado por el sistema judicial, otra cosa sería, imaginen 2 o 3 fiscales que llevan el caso de un gobernador corrupto (como Duarte), que tienen que armar contra viento y marea una investigación que luego tienen que defender ante un juez, unos fiscales que no sólo llevan esos casos si no cientos más, que les pagan mal y que en muchas ocasiones también los tratan mal, bueno, esos fiscales se tienen que enfrentar a un equipo de abogados capacitados (muchos que fueron fiscales incluso) y que están concentrados en ese caso, no son 2 o 3, sino 20 o 30 bien pagados (dinero que irónicamente sale de nuestros propios impuestos), ¿quién creen que tiene más posibilidades de ganar el juicio? La respuesta es obvia, así a cualquiera se le antoja llevarse una millonada que se litigará después en los tribunales.

Si se trata de trascender y en realidad hacer algo por bajar la escandalosa tasa de impunidad que traemos arrastrando tiene años (incluso les sirve para sus fines electorales), por ahí podemos empezar, no se debe de desaprovechar la oportunidad de los nombramientos históricos de las señoras fiscales y la señora Presidenta del Tribunal en Veracruz, las mujeres deben de probar que hacen más y mejor, de “juanitas” ya hemos tenido bastante, no debemos perder que la crisis económica que viene va a disparar la incidencia delictiva, el foco debe ser tratar de crear condiciones que abonen a una eficiente procuración de justicia y judicialización exitosa, se trata de que el delincuente sepa que si hace algo es bastante probable que termine condenado y pagando su crimen, no más y no menos, hay que quitarles el antojo de delinquir a los que piensan que no pasa nada, como por ejemplo a los que tienen mucha necesidad de tomar del dinero público, es un reclamo social vigente por décadas, molesta (¡encabrona mucho!) que se salgan con la suya, ojalá esta oportunidad no se desaproveche.

*Ex asesor en la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Profesor de Amparo en la Universidad Anáhuac.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.