La UV y el apoyo al documental Laguna de dos tiempos

Roberto Ortiz Escobar

En el documental Laguna de dos tiempos (México, 1982), Eduardo Maldonado partió de una puntillosa investigación para detallar un plan de desarrollo petrolero en Minatitlán, Veracruz, cuyas diferentes aristas entrañaban la complejidad de un proyecto industrial instaurado por el gobierno federal donde lo regional se vinculaba a un entramado amplio que apostó al incentivo económico del país basado en la explotación de un bien no renovable como el petróleo.

Si bien el documental fue producido por el entonces Instituto Nacional Indigenista, recibió también el apoyo de la Universidad Veracruzana (UV). Basta ver en los créditos el agradecimiento al Instituto de Artes Plásticas (IAP) de la máxima casa de estudios y el reconocimiento en la parte gráfica a trabajadores creativos como Carlos Jurado, Fernando Meza y Luis Aguilar; también aparecen como colaboradores Antonio Galindo y Eduardo Mendoza, que pudieron ser creadores gráficos externos. Hasta donde tengo información, Carlos Jurado y Fernando Meza eran trabajadores creativos del IAP y Luis Aguilar es egresado de Arquitectura por la UV, quien con el tiempo se ha convertido en un importante escenógrafo y director de arte del cine mexicano.

La investigación para el documental se estructuró con tres ejes: “El pasado indígena”, “El presente tecnológico” y “Pasado y presente en perspectiva hacia el futuro”, integrado por varias fechas históricas: 1521, 1900, 1938, 1982 y 2000 (“Hacia el año 2000”).

Los ingredientes temáticos exponen una problemática de gran envergadura, remitiéndose al medio ambiental, al presente y el porvenir de comunidades indígenas, a la visión del futuro de las nuevas generaciones, a las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos, a la idea de progreso y a los proyectos macroeconómicos delineados e instaurados por un Estado pretendidamente benefactor.

En “El pasado indígena” se aborda una festividad religiosa en Pajapan dedicada a San Juan de Dios. Además de la procesión en las calles con la figura del santo, un cura de la localidad menciona el problema de la tenencia de la tierra y las carencias de los peones. Se aluden las tensiones de los campesinos con los ganaderos y la expropiación en 1980 por el gobierno federal de la cuarta parte de las tierras de la zona para establecer un complejo petroquímico en la Laguna del Ostión.

En buena medida, el documental presenta un proyecto de progreso del gobierno de José López Portillo que se preparaba entonces para “administrar la abundancia”, emanada de la explotación petrolera.

Con testimonios de los campesinos, el director logró un registro verista de una situación compleja que no tenía una sola vertiente explicativa: los campesinos se quejan del precio raquítico con el que pretendían pagar cinco mil hectáreas, una mujer señala el problema venidero de la contaminación (“Había mucha fruta…todo eso se va a acabar”), una cámara colocada en la proa de una lancha con motor registra la pesca tradicional de pescadores y familiares en la laguna (con música clásica de por medio); habitantes de viviendas al borde de la laguna se aferran a un ambiente natural y a costumbres ancestrales (“Todo se echará a perder”); varios campesinos dedicados a la agricultura y la pesca tradicional, se enganchan a nuevos empleos de la industria petroquímica, viajando a Coatzacoalcos para convertirse inmediatamente en migrantes laborales.

“El presente tecnológico” se refiere a las vivencias abruptas en complejos industriales como La Cangrejera y Cosoleacaque. Mientras unas voces (preferentemente de técnicos) mencionan las bondades del complejo, otras (casi siempre de trabajadores), increpan los salarios exiguos y la deficiente distribución de la riqueza, donde los ricos acaparan terrenos de manera egoísta. Nuevamente se aluden los problemas generados por la migración. Mientras el jefe de una aduana menciona los ingresos jamás vistos en el centro que coordina, en off se escucha la canción tradicional El fandanguito (“Yo soy como mi jarana…me llamo Arcadio Hidalgo, soy de nación campesina…”).

“Pasado y presente en perspectiva hacia el futuro”, remite en cambio a determinados años como enclaves históricos.

En 1521 existía un Coatzacoalcos independiente a Tenochtitlán, haciendo los conquistadores de ella una de las cuatro provincias establecidas, con todo y los problemas que desde entonces se acarrearon por la tenencia de la tierra.

Hacia 1900 Minatitlán exportaba maderas preciosas y conforme llegó el petróleo, emigrantes del istmo hicieron los cimientos de una región pantanosa e insalubre.

En 1938, un viejo trabajador que vivió la expropiación petrolera recuerda a Lázaro Cárdenas. A través de fotos, se refiere el acto expropiatorio con voz off del presidente de México anunciando la decisión desde un balcón de Palacio Nacional, mientras una muchedumbre asiste al acto; otras fotos complementan el acontecimiento con la música en off de Begin the Beguine.

Una escena de 1982 ilustra el recorrido de una lancha de motor que recoge gente de la rivera de la laguna para conducirla a la gran ciudad, la cual, conforme va cobrando cercanía, evidencia a la izquierda la parafernalia urbana, mientras a la derecha se retrata de manera espectacular el andamiaje industrial, como si la nave naviera ingresara a un averno monumental, con todo y mercancías para comerciar. De nueva cuenta se hace referencia a la contaminación (de carros, calles y ropa) y a la delincuencia como secuela de la migración.

“Hacia el año 2000” remite al público a un plan industrial ambicioso en Laguna del Ostión con el advenimiento de la drogadicción juvenil, amén de la idea de civilización donde la gente vivirá un desarrollo no equilibrado. Algunos niños fastidiados de su presente en el campo, declaran que ahora ganarán más dinero; uno de ellos se queda mudo cuando se le pregunta cuáles son sus planes en el futuro.

El final del documental alude los ciclos referidos por la leyenda indígena del 5º Sol, que plantea la presencia de cataclismos, pero también de un ciclo ascendente con nuevas formas de vida.

Uno de los atractivos del documental son las imágenes poderosas logradas por Francisco Bojórquez. Pero no todo en las imágenes resulta convincente cuando se aborda una realidad compleja (algunas de las entrevistas se tornan previsibles o muy dirigidas, por ejemplo).

El seguimiento de las partes anotadas en este texto remite a un guion ambicioso de profusa investigación, cuya articulación cinematográfica significó una crítica a un proyecto sexenal que apostó a una modernidad proveniente de la explotación petrolera, sin atender debidamente los costos que el progreso abrupto acarrearía a una zona con población indígena empobrecida.

Si bien es un documental realizado hace casi 40 años, Laguna de dos tiempos cobra enorme actualidad en el presente porque la apuesta energética federal sigue siendo el petróleo. Por ello sería importante saber cómo han evolucionado comunidades como Pajapan (población incluida en el proyecto petrolífero), la suerte ecológica de Laguna del Ostión y lo que significó no concluir proyectos industriales y de infraestructura de parte del gobierno federal en aquel momento.

Laguna de dos tiempos (México, 1982) de Eduardo Maldonado. Guion: Eduardo Maldonado, Manuel Uribe, Diana Roldán, Victoria Novelo y Raúl Santoyo. Fotografía: Francisco Bojórquez. Edición: Eduardo Maldonado. Productor: INI, Saúl Serrano, Coca Gaxiola y Saúl Guerrero. Locaciones: Laguna del Ostión, zona industrial de Minatitlán, Coatzacoalcos, Cosoleacaque y Pajapan, estado de Veracruz.

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