El diablo hasta la cocina, la cereza del pastel

Por Juan Manuel Herrera Sosa*

Con toda seguridad, cuando llega la nómina o cuando llega la declaración anual, todos nos hemos preguntado: ¿por qué existen los impuestos? La explicación legal es porque en la Constitución se determina que todos los que vivimos en este hermoso país tenemos derechos y obligaciones, y entre éstas últimas se incluye contribuir a su gasto público, en pocas palabras: pagar impuestos.

Y es que uno pudiera cuestionarse ¿para qué los pago?, si en la misma Constitución también se determina que el Estado tiene la obligación de proporcionar seguridad, educación, salud, impartición de justicia, entre otras cuestiones, que no hay que hacer grandes análisis, para darnos cuenta que nada más no llegan, a veces, nada más a veces, el dinero recaudado en impuestos en el camino se va quedando.

Desde luego, parafraseando al ex Secretario de Hacienda Videgaray, a nadie le gusta pagarlos y mucho menos que se los cobren o se creen nuevos, “pero los impuestos no son un concurso de popularidad, es cuestión de ver cómo se llaman y hay que pagarlos” decía, claro había que ser bastante beneficiario de ese dinero para defenderlos de esa manera; y es que es lo que molesta, que uno le trabaja para que otros se los gasten.

Por eso y muchas cosas más, ha sido todo un juego del gato y el ratón, entre el SAT y los contribuyentes, el determinar, recaudar y pagar impuestos; es un concurso de astucias entre ver cómo burlar la norma y cómo evitar que la burlen, se trata de hacer pagar a como dé lugar a los contribuyentes; al punto que llegaron los actuales gobernantes, con todo el poder en el brazo, y ahora sí no hay para dónde, ya se está haciendo habitual leer que grandes empresas se pongan al corriente con el SAT, ¿cómo se le hacía antes? Ni idea, pero tengo muy presente una plática con un amigo que trabajaba en uno de esos grandes despachos de “estrategias fiscales”, y que alguna vez me comentó que a una empresa de comida, que tiene utilidades de miles de millones anuales, lograron hacerla pagar menos de 100 pesos de algún impuesto en un año, lo que él me presumió como un logro, yo lo vi como un abuso, -al parecer- bajo la complacencia de las autoridades.

Y así, en este juego de policías y ladrones, con tal de salirse con la suya, las partes iban (van) cada vez más lejos, hasta lo que ahora considero algo grave. Se está proponiendo reformar el artículo 45 del Código Fiscal de la Federación, en el sentido de que el Servicio de Administración Tributaria pueda usar tecnología en las visitas domiciliarias porque considera que: “es una parte fundamental para el mejor ejercicio de atribuciones concedidas a las autoridades fiscales”, y con ello ampliar sus facultades de documentación, en etapa de verificación.

¿Qué significa? Que cuando un visitador llegue a una casa o negocio a verificar, revisar papeles o tratar de encontrar alguna anomalía (no especifica si aplica a personas morales y/o físicas), pueda utilizar su cámara para tomar fotos y videos de lo que hay, es decir, tendrían la capacidad de fiscalizar la vida privada e íntima de la gente, con el riesgo inherente de seguridad física y patrimonial que esto representa, se trata pues de abrir de par en par un domicilio u oficina, literal meterse hasta la cocina y tomar video y fotos de todo lo que se encuentren en el camino, un absoluto atropello a la privacidad y a la intimidad.

Y es que, ¿quién se va a ser responsable de que esa información no llegue a manos equivocadas? ¿Qué pasará si esa información es usada de forma incorrecta? Ya ha sucedido y no veo por qué no vaya a suceder otra vez, bastan algunos ejemplos: el primero, el padrón electoral con todos los datos a la venta en internet, sí, todas las credenciales de elector de todos los que estamos registrados con nuestra foto y dirección al alcance de cualquier persona; y 2) el RENAUT, el intento de registro de usuarios de celulares del 2011, absoluto fracaso, ni bien se había terminado y ya estaba a la venta; no es muy difícil encontrar bases de datos de INFONAVIT, FOVISSSTE, la entonces SEDESOL y demás dependencia gubernamentales en internet. No es lejano pensar que esta situación pueda volver a suceder, ahora con fotos y videos de lo que hay dentro de las casas y oficinas.
¿Qué pasará? Como lo veo, de concretarse la reforma, sería inconstitucional, el artículo 6 de nuestro texto fundamental consagra el respeto a los derechos de intimidad personal y familiar, de hecho existe bastantes criterios de la Suprema Corte y doctrina en este sentido, y en el de limitar a la autoridad en la obtención y tratamiento de datos personales e información confidencial; lo que es más, también violaría normas de derecho internacional, pues la propia Convención Americana sobre Derechos Humanos, que México ha reconocido y es OBLIGATORIA, dice en el artículo 17 que: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia”, así sin más, el silogismo de la ilegalidad es muy claro. Ojalá se recapacitara sobre este asunto, pues por buscar cumplir con el objetivo de recaudar, jamás debería de ponerse en peligro a los que, por convicción u obligación, pagamos impuestos.

Que lejos estamos de países como Dinamarca, donde los ciudadanos cada que les bajan impuestos se inconforman, pues saben que directamente afectará la forma en que reciben los servicios públicos, ellos sí tienen la certeza de que se usan para lo que son; o como Alemania, que hace un par de meses su Tribunal Constitucional declaró ilegal el acceso de las autoridades a los datos personales sin restricciones, sean de investigación o administrativas; y que cerca estamos de países como Cuba o Venezuela, donde ni siquiera hay un marco jurídico sobre el tratamiento de datos personales, no existe pues una ley que proteja al ciudadano en estos temas.

No cabe duda de que mientras nos mantienen distraídos con temas menos importantes y que no impactan tanto al ciudadano común, el diablo poco a poco se va metiendo hasta la cocina, con su cámara de video, documentando todo lo que se encuentra en el camino; y al parecer, de esto nadie se salvará. Ahora le encuentro total sentido a la frase del ex Presidente estadounidense Thomas Jefferson, que por cierto hiciera famosa Brad Pitt en la película Joe Black: “Hay dos cosas inexorables en esta vida de las que no te vas a salvar: la muerte y Hacienda”, qué razón tenía.

*Maestro en Derecho. Profesor en la Universidad Anáhuac

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