Elissa Rashkin recibió Mención Honorífica en el Premio “Arturo Warman”

“Mi proyecto habla de ideas y acciones de hace casi un siglo, y de por qué es importante esa memoria campesina” (Fotografía de Nayani Castañeda).
  • A la académica de la UV le otorgaron el galardón por la investigación “Soy de nación campesino: identidades y representaciones en el agrarismo veracruzano”.

Karina de la Paz Reyes Díaz 

Elissa Rashkin, investigadora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación (CECC) de la Universidad Veracruzana (UV), planteó que la pandemia por Covid-19 llegó a Veracruz después de otras situaciones “brutales”: sequía, contaminación de ríos, violencia, migración y una crisis constante en el campo que somete al campesinado a vivir y producir aun en situaciones precarias, de ahí que la memoria histórica sea fundamental para entender el escenario actual.

La académica, dedicada a la historia cultural a través de la comunicación, recibió Mención Honorífica en la séptima edición del Premio “Arturo Warman” 2018, con la investigación “Soy de nación campesino: identidades y representaciones en el agrarismo veracruzano”, cuya ceremonia de entrega de reconocimientos se desarrolló el 3 de septiembre, vía remota.

La Mención Honorífica fue tomada por Rashkin como una validación a esa investigación interdisciplinaria, en la que utilizó la historia y la antropología, así como historias de performance, del discurso y la literatura, para acercarse a la vida del campesinado veracruzano de los años veinte del siglo pasado, aglutinado en organizaciones como la Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz (LCAEV).

“Mi proyecto habla de ideas y acciones de hace casi un siglo, y de por qué es importante esa memoria campesina”, explicó la autora de La aventura estridentista. Historia cultural de una vanguardia (2014).

Comentó que desde los tiempos radicales que analiza en el trabajo galardonado –cuando se conformó el partido político oficial, en pleno periodo posrevolucionario–, a las organizaciones campesinas se les utilizó como clientelismo.

En contraparte, la falta de apoyos, la introducción de maíz transgénico, la migración del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades de vida y, naturalmente, la pandemia, son sólo algunos de los planteamientos que ilustran la situación que actualmente padece el campesinado veracruzano.

“Yo creo que sí se requiere de una memoria histórica”, insistió; “mi proyecto es rescatar un poco de las diferentes perspectivas, en términos de representación –que creo son necesarias–, porque la brecha campo-ciudad es enorme y se ve en la academia, hasta la fecha”, añadió la autora de Atanasio D. Vázquez: fotógrafo de la posrevolución en Veracruz (2015).

Mientras indagó en archivos para sus estudios de la vanguardia estridentista –como el General del Estado de Veracruz (AGEV)–, encontró documentos de la LCAEV que la motivaron a pensar ésta como “una vanguardia en el campo, que no había sido vista como tal, porque la idea de la vanguardia y la modernidad siempre están ligadas a las ciudades, y veo que algo muy radical pasó en el campo”.

Si bien el tema ha sido estudiado por Heather Fowler-Salamini, Romana Falcón, David Skerritt Gardner, entre otros, “hay una cuestión de identidad, una serie de encuentros y desencuentros en la formación de colectivos que se alimentan de un discurso radical”, explicó.

En esencia, su investigación habla de discursos y artefactos históricos, a través de los cuales se expresan las identidades agraristas que buscaban conformar en aquellos años, así como las posturas y derechos que reclamaban: prensa y propaganda de la LCAEV, fotografías, música, testimonios personales, así como de novelistas y cuentistas –en este caso no se trató de la organización agrarista, pero sí de escritores interesados en representar experiencias campesinas.

“Los archivos son fascinantes”, expresó. Se trata de “escuchar las voces que están ahí, recuperarlas un poco, sin dejar de ver las mediaciones, porque la población era mayormente rural y de comunidades indígenas, aunque eso no se destaca en los documentos, sí se nota”.

Recordar, conocer, así como reflexionar estas ideas y acciones, es de utilidad al plantearse cambiar la realidad actual, remarcó la académica.

Elissa Rashkin recordó que Arturo Warman es una figura central de la antropología mexicana, por ello su satisfacción al recibir esta Mención Honorífica en la séptima edición del premio que lleva su nombre y cuya temática fue “Articular la complejidad: alternativas y resistencias ante el neocolonialismo”, bajo las problemáticas: defensa del territorio, agua y biodiversidad; soberanía y seguridad; memoria y resiliencia; redes y tecnologías de la información y de la comunicación; respuestas a megaproyectos y extractivismo.

Dicho está de paso, desde 2006 y de manera bienal, la Cátedra Interinstitucional “Arturo Warman” convoca al premio homónimo.

La cátedra está conformada por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Autónoma Metropolitana, la Iberoamericana, El Colegio de México, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, el Colegio de Etnólogos y Antropólogos, A.C., y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Con el galardón buscan alentar las investigaciones acerca de los campos y temas que desarrolló Arturo Warman.

“Autor de obras de capital importancia para la antropología, la etnomusicología y la etnohistoria mexicana, Arturo Warman indagó con rigor analítico la condición de los indígenas en México, la situación del campesinado y la problemática agraria, las políticas públicas y sociales, las tradiciones culturales expresadas en las danzas, la música y los rituales festivos, la historia del maíz, el desarrollo rural, las relaciones interétnicas y la teoría antropológica”, se lee en su página (http://www.catedrawarman.unam.mx/).

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