Cultura otomí, una sociedad del sueño 

María Guadalupe Ramírez habló sobre la cultura de la sierra Otomí-Tepehua.
    UV

  • Especialistas reflexionaron sobre la espiritualidad de este pueblo originario en el XXII Coloquio Internacional sobre Otopames.

Paola Cortés Pérez 

La antropóloga María Guadalupe Ramírez Ramos apuntó que la cultura de la sierra Otomí-Tepehua es una sociedad del sueño que se construye a partir de especulaciones y narraciones oníricas que juegan un papel importante, al participar en la Mesa 6 “Cosmovisión y ritualidad 1” del XXII Coloquio Internacional sobre Otopames, organizado por la Universidad Veracruzana (UV).

El conversatorio se transmitió la mañana del miércoles 21 de octubre en la página de Facebook del coloquio, con la participación de María Guadalupe Ramírez; Federica Rainelli, Premio “Noemí Quezada”; Israel Lazcarro Salgado, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Jorgelina Reinoso Niche, de la Universidad Intercultural del Estado de Puebla (UIEP).

En su participación intitulada “La manifestación del mundo onírico otomí a través de las nuevas generaciones”, Ramírez Ramos explicó que para los otomíes de esta región la noche es el escenario idóneo que permite la entrada al espacio onírico, “es cuando tanto las fuerzas del otro mundo como las entidades de la naturaleza se expresan.

”Los sueños no pueden ser concebidos como experiencias sensoriales idiosincráticas, deben ser examinados como mensajes colectivos codificados culturalmente.”

Para el caso de los jóvenes de esta cultura, comentó la antropóloga, se puede observar que el arte, su trabajo en torno a las expresiones artísticas, ha sido un medio para acercarse a la construcción propia de su identidad desde sus propios contextos culturales y experiencias oníricas.

“Es interesante esta forma artística integral de apropiación del espacio que ha encontrado la juventud, es un fenómeno sociocultural que ha ampliado sus redes migratorias pero desde el camino del arte donde podemos vislumbrar la conciencia social, la preocupación por la recuperación, el mantenimiento de su cultura y la transmisión de ella tanto en este mundo como en el otro.”

Jorgelina Reinoso habló de la importancia del sueño para los bädis.

Continuando con el tema de los sueños, los bädi o chamanes, Jorgelina Reinoso ofreció la plática “Los sueños del bädi y sus maestros oníricos las Antiguas. Narraciones del diálogo sagrado entre los otomíes de la sierra Norte de Puebla”, dijo que para los otomíes los sueños significan acontecimientos conscientes donde los bädi pueden comunicarse con los ancestros llamados Antiguas.

“Durante el sueño las personas tienen un diálogo con sus antepasados, el mensaje sagrado sólo puede ser interpretado por el bädi, brujo, adivino o chaman, quien también es el intérprete de todos los sueños de una comunidad.

”Todo el trabajo que conforma la medicina tradicional otomí es soñado, el curandero sueña y después puede hacer su actividad.”

Las Antiguas, detalló, han sido definidas como seres de otro mundo, son los grandes ancestros oníricos, gracias a ellos los curanderos saben soñar; y se presentan bajo muchos cuerpos. “Son el modelo a seguir por las personas otomíes”.

Los sueños o trances son inducidos por la hierba Santa Rosa o no, éste es el sello del chamanismo otomí, y el bädi se prepara a lo largo de su vida para poder presentar el cuerpo a las Antiguas.

De tal manera que cada sueño o trance del bädi es una visita al otro mundo y esto le da fuerza hasta el día de su muerte, pero si no se realiza correctamente o no tienen una buena relación con las Antiguas, el bädi muere.

“El curandero cuando muere se convierte en Antigua y desde el otro mundo sigue curando, enseñando y comunicándose con los vivos; entonces, es un círculo de poder infinito entre los vivos y los muertos, aparte una transformación bädi–Antigua y Antigua-bädi, es un círculo infinito.”

Israel Lazcarro dijo que los chamanes otomíes son los más respetados y temidos.

En su charla “Auge y declive de un chamán otomí. El problema de la construcción interétnica de las jerarquías y los dominios chamánicos”, Israel Lazcarro comentó que los otomíes encabezan la jerarquía de los chamanes por ser los más poderosos, peligrosos y temidos.

“Algo que les asusta o hace la diferencia es el uso de la hierba Santa Rosa, ya que son los especialistas otomíes quienes suelen consumirla, mientras que los otros chamanes la consideran muy peligrosa.”

Por último, Federica Rainelli, quien presentó la plática “Detrás de la máscara. Usos y significados del cuerpo en la práctica ritual otomí (Sierra Madre Oriental, México)”, compartió que en la cultura otomí los cuerpos son máscaras, coberturas pesadas, son los cuerpos de papel que ocupan en los rituales.

“El cuerpo es una cobertura o una envoltura, es el receptáculo de energía, de nuestra fuerza vital. Todos los seres tienen un cuerpo y los que no tienen se les da uno, de madera o papel, como sucede con las entidades incorpóreas.”

Todos los cuerpos, estos receptáculos, son perecederos, se gastan, se pudren y al hacerlo sueltan la fuerza vital. Los que no se pudren son las Antiguas, son el verdadero esqueleto del mundo.

Federica Rainelli, Premio “Noemí Quezada”.

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