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“¡No sabemos robar!”, Cuitláhuac… Up´s, ¡Creo que sí!

Por Edgar Hernández*

 

No se sabe bien a bien, que le pasó cuando era niño.

Leyendas urbanas hablan de que su mamá en algún momento se descuidó, se le zafó de los brazos y se dio tremendo cocazo en la testa. Otros, sin embargo, afirman que se atoró en un viaje, pero hay quienes juran por ésta, que es tan solo una mala imitación del Peje.

El punto es que cada vez que habla nuestro intrépido Cuitláhuac no se le entiende nada. Como que se le traba la lengua o como que quiere imitar a Cantinflas.

Esas frases pausadas. Ese estilo de barrio cantadito. Su aflautada voz. La ausencia de dicción y sonoridad en sus palabras más dan la impresión de que está hablando alguien de allá de “El Castillo”.

Afortunadamente ahora se viste con un traje ralo con una corbata mal acomodada, pero todo pierde relevancia cuando empieza a hablar.

Cuando da paso a la argumentación.

Presume un “¡No sabemos robar!” cuando están documentados y señalados por la propia Auditoría Superior de la Federación los faltantes e irregularidades financieras; cuando no hay explicación de los moches por la compra de millonarias patrullas y autos blindados para la Fiscalía, cuando se soslaya la misteriosa compra millonaria de medicinas.

“Hipócritas se asustan de la situación que provocaron”, dice el gobernador en una generalidad ininteligible de cara a una escalada criminal imparable, de feminicidios que nos colocan en segundo lugar a nivel nacional.

Olvida la presencia de un nuevo Cartel criminal que él mismo denunció en días pasados, al igual que esa farsa, esta sí hipócrita, de que “cumplí con mi compromiso de campaña de bajar los índices delictivos” cuando el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública Nacional acusa lo contrario.

Se ufana de haber impuesto una gran obra pública a pesar de la pandemia por Covid-19, cuando ésta solo existe en frases y pequeños videos de dudosa veracidad.

El II Informe de Cuitláhuac García resultó tal como se esperaba, un informe de nada.

Sin gente, ausente de todo protocolo, breve al no tener nada más que decir y con la desacreditada presencia de una “veracruzana” Rocío Nahle, que en realidad es zacatecana y un puñado de diputados aplaudidores de Morena quienes hasta de la foto rehuyeron en tan desangelado acto.

Fue un informe de rencores -no invitó a la prensa- al criticar a los que protestan en “carritos de lujo” cuando no se mira en el camionetón de lujo con otros tres camionetones de lujo en que se transporta.

Nos recuerda que su “pecho no es bodega” -tampoco su cerebro- evocando a sus detractores “que les molesta mucho que se les recuerde que ellos provocaron que los grupos delictivos se afianzaran en Veracruz, esa es la verdad, ahora se espantan, se encabritan”, señaló.

Y sí, tiene mucha razón, están muy “encabritados” esos detractores en la misma proporción que la opinión pública, los medios de comunicación, los empresarios secuestrados y asesinados, las familias en indefensión, las mujeres muertas por crímenes de odio, los jóvenes apaleados y asesinados en San José por la propia policía, las alcaldesas asesinadas y criminalizadas, los casos no resueltos como el del diputado Juan Carlos Molina, acribillado en las puertas de su casa… e historias delincuenciales sin fin que se escriben en el día a día.

“¡No sabemos robar!”, presume el gobernador volteando la cara cuando se le pregunta por las transas y trastupijes de su primo hermano Eleazar Guerrero, responsable en la Secretaría de Finanzas de todos los contratos multimillonarios que dan lugar al gasto de 129 mil millones de pesos anuales.

“¡No sabemos robar!”, dice con orgullo cuando en el DIF hay una denuncia de parte del propio administrativo de esa institución por el desvío de 450 millones de pesos en 2019.

¿Y los malos manejos de la Secretarías de Salud, SIOP y SEV, así como las transas descubiertas en los poderes legislativo y judicial, eso es no saber robar?

“¡No sabemos robar!”, se defiende escudándose en el apoyo del Peje. Ello, a sabiendas que justo cuando pronunciaba su II Informe, se daba cuenta a la opinión pública que seguía en los últimos lugares de aceptación ciudadana, en el lugar 26 de 32 -aunque ha estado en el 31-, cosa que no es motivo de orgullo para nadie.

“¡No sabemos robar!… Tampoco hablar. Tampoco gobernar y menos convencer.

Da pena y no precisamente ajena ya que es nuestro gobernador, un mandatario que cada vez que abre la boca para balbucear, tratar de hilar frases que no concluye, argumentos ininteligibles y frases cantaditas más mueve a la risa y conmiseración que al reconocimiento.

Ni modo, nos tocó un atarantado que no sabe convencer.  

 

*Premio Nacional de Periodismo

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