EL ARTE DE GOBERNAR 

¡Te abrazo Coatepec! 

Daniel Badillo 

Te abrazo Coatepec. En tus noches taciturnas. Con tus calles bien trazadas. Con tu parroquia frente al parque y con el vigía que da nombre a tu tierra esplendorosa en el cerro de las culebras. Te abrazo Coatepec con los recuerdos de niño, caminando del panteón hasta la caja de agua, donde vivíamos en un pequeño cuarto que era sala, comedor y recámara a la vez. 

Te abrazo Coatepec con el encanto de tus casonas antiguas en el corazón de la ciudad. Con sus jardines amplios y el olor a azahares. Te abrazo Coatepec con la bruma que envuelve a las mujeres que caminan presurosas en tus calles. Te abrazo Coatepec y me maravillo con la melodía del agua que escurre por el río de la Marina, donde muchas veces, acompañado de El Veloz, nos dábamos un chapuzón en los tiempos de calor. 

Te abrazo Coatepec con el rebozo de Juanita, aquel que muchas noches me abrigó del frío a falta de cobijas y de cobertores. Te abrazo Coatepec con el canto del jilguero apenas saliendo el sol, cuando con Roberto Báez caminábamos en la espesura de tus bosques, para llevar el sustento a casa. 

Te abrazo Coatepec y te miro desde lo alto de mi escuela Enríquez. Grande. Sublime. Etérea. Con su campana del recreo sonando en la mañana y los niños jugando en el pasto de su campo anexo. Te abrazo Coatepec, con la brisa matutina y doña Vicky esperando el carro para ir a trabajar. 

Te abrazo Coatepec con las tortillas de mano hechas por doña Lupe en el bracero aquel, resplandeciente de luz y de calor. Mirando sus manos pequeñas voltear una a una sus tortillas. Acompañadas de café con pan. 

Te abrazo Coatepec corriendo en tu campo deportivo López Mateos de un lado a otro, hasta caer rendido a tus pies. Mirando al cielo y contemplando las nubes que bañaban de sombra y de frescura cada una de tus casas. 

Te abrazo Coatepec con el perfume a café recién molido, impregnando al visitante justo atrás de la parroquia, en los comercios de los granos aromáticos que te han dado fama en todo el mundo. 

Te abrazo Coatepec en mi secundaria Ignacio de la Llave acompañado de la guitarra que muchas veces llevó serenata hasta los carriles y de los carriles al centro, y del centro a Campo Viejo. 

Te abrazo Coatepec con la risa de Josué que contagia a todos de alegría, elevando papalotes de colores en la azotea de mi casa rumbo al panteón, jugando a ganar más papalotes a los niños del Infonavit. 

Te abrazo Coatepec al dormir y soñar con tu belleza. Con tu aroma a bosque. Con tu parque esplendoroso donde las familias y parejas se enamoraban más de ti. 

Te abrazo Coatepec. Se nublan mis ojos de sólo recordar mi infancia a lado tuyo. Cuando la inocencia hacía olvidar las penas y las carencias que se hicieron eternas. 

Te abrazo Coatepec y suspiro al mirarte y recordarte en aquellos años. Junto a Sandra y a Miguel jugando a las escondidas en el solar de la casa que nos abrigó en la orfandad. Con el amor de Lupe y de Roberto, a quienes nunca podremos pagar tanta dulzura.  

Siempre vuelvo a ti, amado Coatepec. En mis sueños y en mi realidad presente. Caminando desde la unidad hasta el panteón para recordar el trayecto de la prepa Ramírez Cabañas hasta mi hogar. Para recordar que siempre vivirás en mi memoria y en lo más profundo de mi ser. Te abrazo Coatepec.  

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