COVID-19 acentuó analfabetismo digital “entre los que tienen y los que no tienen”: manda Oralia Gómez

  • Por pandemia, estudiantes enfrentan discriminación tecnológica, expuso.
  • Teleeducación sirve para mantener a estudiantes entretenidos frente a la televisión, advirtió.

Miguel Valera

A consecuencia del COVID-19 se excluyó socialmente a una gran parte de la población que no tiene los recursos esenciales para tener acceso a internet, particularmente a los estudiantes, por lo que se está llevando a cabo una gran discriminación tecnológica, advirtió la docente de la división de Ingeniería Eléctrica y Telecomunicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Amanda Oralia Gómez González.

La pandemia agarró a muchos alumnos de todos los niveles educativos aislados en áreas remotas, en donde no llegaba la señal de internet, pero también le sucedió esta exclusión a los estudiantes de la ciudad que no tenían los recursos necesarios para acceder a una computadora, por lo que “hubo una barrera para el estudio y el conocimiento, y se acentuó el analfabetismo digital ya no entre los que saben y los que no saben, sino entre los que tienen y los que no tienen”, explicó.

Durante la ponencia El impacto del COVID-19 en la educación, organizada por el  Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olof Palme recordó que, a pesar de la comercialización masiva de dispositivos con acceso a internet, en la actualidad existe una fractura en el acceso a las nuevas tecnologías y refirió que existen diferentes tipos de brecha digital.

La brecha de acceso, que se refiere a las posibilidades que tienen las personas de acceder a la red, donde entran en juego las diferencias socioeconómicas entre las personas y el déficit de infraestructura para el acceso: “Esto de hablar de que estamos todos conectados, pero habría que ver a qué velocidad estamos conectados”, comentó.

Además, apuntó, está la brecha de uso, que hace referencia a la falta de competencias digitales que impide el manejo de la tecnología, mientras que la brecha de calidad del uso distingue a aquellas personas que, aunque tienen competencias digitales básicas, no tienen los conocimientos para hacer un buen uso de la red y sacarle el mayor provecho posible. “Usar internet para platicar con los amigos es muy diferente de cuanto tenemos que trabajar con contenidos digitales previamente fabricados”.

La especialista refirió que, en sólo unos días, el nuevo coronavirus nos encerró en nuestras casas, por lo que para estudiar, trabajar y mirarnos a los ojos tuvimos que depender de la red, y la teoría dice que el internet nos permitió seguir adelante con nuestras vidas, pero la realidad es que casi la mitad de los habitantes del planeta no tiene acceso a esta tecnología.

“En educación se activó la teleeducación con cursos a distancia en todos los niveles académicos, pero más de la mitad de los estudiantes de nivel básico hasta nivel universitario quedaron aislados debido a la falta de plataformas de cómputo, redes y telecomunicaciones, y sobre todo el acceso a internet”.

La pandemia de COVID-19 obligó a que los profesores se empezaran a capacitar, en ese momento, pero el proceso formativo no fue parejo, porque las escuelas privadas rápidamente comprendieron cómo llevar a cabo los cambios y se pusieron a hacerlos, pero las escuelas públicas, sobre todo en las comunidades rurales los maestros no tenían computadora, no tenían acceso a internet y no tenían contenidos digitales, por lo que muchos de ellos se quedaron sin conectividad y el proceso formativo no fue parejo, así que se creó un vacío tremendo, más allá del que ya existía, porque ahora los docentes de educación rural no pueden viajar a las comunidades y no tienen manera de impartir sus conocimientos, expuso.

“De la noche a la mañana hubo que reinventar lo que se hacía, los centros hicieron autoformación, pero, insisto, la mitad de la población no estaba preparada y todavía no lo está”.

La Doctora en Ingeniería indicó que el Gobierno también se dio a la tarea de impartir educación a través de la televisión, sin embargo el alcance es muy poco, la difusión es poca, no se establece el contacto con los docentes y no queda claro de qué manera se van a evaluar a los alumnos cuando haya terminado todo esto; “entonces, es simplemente mantener a los estudiantes entretenidos frente a la televisión”.

Además, si las clases se dan en español, los niños de las comunidades indígenas que hablan otro idioma ya no entendieron absolutamente nada, porque originalmente su maestro era bilingüe, comentó.

Para Amanda Oralia Gómez es muy claro que este año los estudiantes quizá hayan ganado experiencia humana, pero a nivel académico han perdido continuidad en sus estudios, por lo que es necesario impulsar de manera urgente la conectividad para llevar internet a las comunidades rurales.

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