Debemos controlar cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación: ONU medio ambiente

  • Recuperación sostenible reduciría emisiones previstas para 2030, indica el organismo internacional.
  • Después de breve caída en emisiones de CO2 por pandemia, el mundo todavía se dirige hacia un aumento de temperatura superior a 3°C este siglo.

Miguel Valera

El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2020 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente  (PNUMA) considera que “la pandemia es una advertencia de la naturaleza que nos llama a actuar sobre el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación”, pero también existe una ventana de oportunidad si se llegan a implementar medidas verdes para la recuperación de esta crisis, ya que se podría reducir alrededor de un 25% las emisiones de gases de efecto invernadero previstas para 2030 según las políticas vigentes antes del COVID-19.

La undécima edición del documento señala que, a pesar de una breve caída en las emisiones de dióxido de carbono causada por la pandemia de COVID- 19, el mundo todavía se dirige hacia un aumento de temperatura superior a 3°C este siglo, más allá de los objetivos del Acuerdo de París que buscan limitar el calentamiento global por debajo de 2°C y de hacer todo lo posible por no superar el umbral de 1.5°C.

“Los compromisos de los gobiernos en virtud del Acuerdo de París, conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), siguen siendo insuficientes de forma manifiesta. Las emisiones previstas para 2030 dejan al mundo en camino de un aumento de 3.2°C en este siglo, incluso si todas las contribuciones no condicionadas se implementan por completo”.

“Los gobiernos deberían hacer todo lo posible para impulsar una recuperación ecológica y aumentar la ambición de sus compromisos antes de la próxima cumbre climática de 2021”, expone. Una recuperación sostenible puede poner al mundo más cerca de la trayectoria de los 2°C y para ello es necesario implementar medidas económicas de rescate y recuperación que contribuyan a una recuperación económica veloz, que cree empleos, resulte rentable y respalde la transición a una economía con bajas emisiones de carbono.

Las medidas que deben priorizarse incluyen: el respaldo a tecnologías e infraestructura de emisiones cero, como energía renovable y con bajas emisiones de carbono, medios de transporte y un sector industrial con bajas emisiones de carbono, y edificios con un consumo energético nulo; ayudas a la investigación y el desarrollo de tecnologías de emisiones cero; subsidios a los combustibles fósiles a través de reformas fiscales; y soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de paisajes y la reforestación a gran escala.

“En cambio, es probable que ciertas medidas económicas de rescate y recuperación den continuidad a un desarrollo con una profunda huella de carbono y dañino para el medio ambiente. Entre ellas se encuentran las siguientes: inversiones en infraestructura que se apoya en combustibles fósiles o incentivos fiscales a tecnologías y proyectos con un nivel elevado de emisiones de carbono;exenciones respecto a normativas ambientales o desmantelamiento de estas, y rescates financieros a empresas con un uso intensivo de combustibles fósiles sin imponer condiciones en materia de transición a operaciones bajas en emisiones de carbono o sostenibilidad ambiental (por ejemplo, compañías aéreas, empresas automovilísticas de vehículos con motores de combustión interna y empresas del sector industrial y de la energía fósil).”

En consonancia con ediciones pasadas del Informe sobre la brecha en las emisiones, el documento publicado presta especial atención a los miembros del G20, puesto que están detrás de alrededor de un 78% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y, por consiguiente, determinan en buena medida las pautas globales de emisiones y hasta qué punto se va a eliminar la brecha en las emisiones del 2030.

Hasta la fecha, indica PNUMA, “se ha perdido en gran medida la oportunidad de utilizar las medidas de recuperación para acelerar una transición verde” y,  de acuerdo con los mecanismos principales de seguimiento de las inversiones públicas relacionadas con la COVID-19, pocos miembros del G20 han aplicado realmente medidas de rescate y recuperación con bajas emisiones de carbono. Sólo una cuarta parte de los integrantes de esta agrupación ha dedicado expresamente parte de su gasto (el 3% del PIB como máximo) a intervenciones bajas en carbono, mientras que la mayor parte se ha concentrado sobre todo en actuaciones con un alto consumo de carbono o neutras.

Ante este panorama, México no es la excepción, ya que los estudios realizados por el Proyecto de Recuperación Económica de la Universidad de Oxford, el Fondo Monetario Internacional y Vivid Economics muestran que la mayoría de las medidas de recuperación planteadas por nuestro país generan un alto consumo de carbono, un mínimo son consideradas neutras y ninguna contribuye a reducir las emisiones de carbono.

“No obstante, sigue existiendo una gran oportunidad para que los países implementen políticas y programas de bajas emisiones de carbono. Los gobiernos deben aprovechar esta oportunidad en la próxima etapa de las intervenciones fiscales de la COVID-19”, propone el informe.

Asimismo, considera que “el progreso en política climática más importante de 2020 es el creciente número de países que ha prometido alcanzar la neutralidad de emisiones a mediados de siglo. Para que sean factibles y creíbles, estos compromisos deben traducirse urgentemente en políticas y acciones sólidas a corto plazo y reflejarse en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional”.

PNUD indica que más países necesitan desarrollar estrategias a largo plazo consistentes con el Acuerdo de París, y las NDC nuevas y actualizadas deben ser consistentes con los objetivos de neutralidad de emisiones. Los sectores del transporte marítimo y la aviación, que representan 5% de las emisiones mundiales y siguen en crecimiento, también requieren más atención.

“Cambiar nuestra forma de vivir es una condición previa para que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero se mantenga y para reducir la brecha en las emisiones. Según la contabilización basada en el consumo, cerca de dos tercios de las emisiones mundiales están vinculados a actividades domésticas. Reducir las emisiones mediante la introducción de cambios en nuestra forma de vivir exige transformar tanto las condiciones sistémicas en general como las acciones a nivel particular”.

El estudio realizado el Organismo de dependiente de Naciones Unidas establece que las emisiones relacionadas con el modo de vida se deben a muchas fuentes y sectores, entre los que destacan el transporte, el ámbito residencial y la alimentación. Cada uno de ellos genera casi un 20% de las emisiones efecto invernadero, lo que significa que son esferas con un gran potencial de mitigación.

“Tanto en países desarrollados como en desarrollo existen abundantes ejemplos de buenas prácticas que demuestran que se puede vivir de forma más sostenible. Algunos de estos ejemplos son sustituir vuelos domésticos de corta distancia por desplazamientos en tren y proporcionar incentivos y la infraestructura necesaria para fomentar el ciclismo y el uso compartido de vehículos a la vez que se limitan los automóviles”, concluyen.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.