No hay evidencia científica de que ocurrencia de un sismo propicie otro: experto

Raúl Valenzuela Wong, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM.
  • Raúl Valenzuela Wong, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, participó en ciclo de conferencias de la UV.
  • El 24 de febrero dictó la charla “Anisotropía sísmica del manto superior y su relación con la tectónica de México”.

Claudia Peralta Vázquez 

Raúl Valenzuela Wong, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dio a conocer que hasta el momento la ciencia no ha podido demostrar que la ocurrencia de un sismo en algún punto del país haya desencadenado otro en una región distinta.

En el caso de México, se refirió a algunos eventos recientes que han tenido como epicentro los estados de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, donde han notado que pueden acelerar la ocurrencia de otro en una zona cercana o aledaña; sin embargo, es un fenómeno tan complejo que aún no se cuenta con las herramientas para realizar dicha precisión.

Valenzuela Wong destacó lo anterior el pasado 24 de febrero en la charla virtual “Anisotropía sísmica del manto superior y su relación con la tectónica de México”, como parte del ciclo de conferencias del cuerpo académico (CA) Volcanes, Sismos y Sociedad, y el Observatorio Sismológico y Vulcanológico de Veracruz (OSV), adscrito al Centro de Ciencias de la Tierra (CCT) de la Universidad Veracruzana (UV).

En entrevista posterior, subrayó que por las placas tectónicas es decir, rocas sólidas ubicadas debajo del manto de la tierra, como sismólogos conocen los puntos donde ocurren los temblores más grandes, pero hasta el momento no han podido anticipar una fecha, hora o magnitud exacta para su ocurrencia.

El investigador mencionó los sismos ocurridos en 2017; uno de ellos el 7 de septiembre, de magnitud 8.2 y con epicentro en el istmo de Tehuantepec, el cual afectó los estados de Oaxaca y Chiapas; seguido del suscitado el 19 de septiembre y que impactó la Ciudad de México y las entidades de Morelos, Puebla y norte de Guerrero.

Al respecto, dijo que como científicos se cuestionaron sobre la relación entre ambos, pero con base en los hechos no han podido demostrar que la ocurrencia de un sismo, de algún modo, haya desencadenado el segundo.

“Fue una trágica coincidencia que con 32 años de diferencia tuviéramos dos sismos devastadores para la Ciudad de México un 19 de septiembre, es algo que no se puede predecir.”

Raúl Valenzuela habló sobre la posibilidad de que la actividad sísmica y volcánica haya sido mayor hace tres mil millones de años de lo que actualmente se observa. Hoy en día, el número de sismos que se producen en un año en todo el mundo es aproximadamente el mismo comparado con un periodo anterior o posterior.

A la fecha, a nivel mundial cada año se registran entre 15 o 20 sismos de magnitud entre 7 y 7.9; y uno cada dos años, superior a este número (magnitud 8). De estos, muchos ocurren alejados de centros de población y no causan ningún daño importante.

Respecto al impacto de los fenómenos ocurridos al interior del planeta, afirmó que todos esos procesos tectónicos y geodinámicos desde el punto de visto social, controlan la ubicación de la sismicidad y el vulcanismo.

El científico dictó una ponencia a invitación del CA Volcanes, Sismos y Sociedad, y el OSV, del Centro de Ciencias de la Tierra.

“Nosotros como geofísicos y sismólogos estamos tratando de ver más allá, no sólo es lo que vemos y sentimos en la superficie, sino que se tiene una tercera dimensión espacial en profundidad.”

Agregó que la misma interacción entre las placas tectónicas da origen a los fenómenos ya estudiados, así como al vulcanismo y la sismicidad. “Esta actividad tectónica genera un planeta Tierra extremadamente vivo, activo, lo cual no observamos en Marte o Venus, donde se sabe no tienen tectónica de placas”.

Incluso, la actividad de las placas tectónicas a través del vulcanismo también tiene un efecto sobre la composición química de la atmósfera, la existencia del agua y, posiblemente, una influencia directa sobre el origen de la vida misma en el planeta, conexiones que deben explorarse a profundidad, subrayó.

“El hecho de que nuestro planeta se encuentre vivo o activo da origen a la vida, quizá en el sentido biológico.”

Explicó que la teoría de tectónica de placas es relativamente reciente pues data de la década de los sesenta, pero gracias a ella actualmente se pueden explicar muchos fenómenos sísmicos, volcánicos, comunes y relevantes.

Sin embargo, es importante saber que no todos los sismos ocurren en los límites de placas; este es el caso de Veracruz donde se han registrado sismos corticales o superficiales a menos de 60 kilómetros de profundidad, mismos que han causado daños severos.

Al final, estos eventos hacen recordar que, aunque la mayoría de los sismos ocurren en los límites de placas, hay otros que pueden producirse al interior del continente, como el terremoto de Xalapa en 1920, el cual también provocó afectaciones importantes.

Valenzuela Wong resaltó las numerosas colaboraciones que el Instituto de Geofísica de la UNAM ha realizado en materia de investigaciones y experimentos con colegas extranjeros de Estados Unidos, Francia y Japón, que han derivado en la adquisición e instalación de equipos, así como en descubrimientos relevantes.

Asimismo, con otras instituciones públicas del país como la UV, a través de la Red Sísmica de Veracruz, a cargo de Francisco Córdoba Montiel, investigador del CCT; y del OSV, donde también participan Katrin Sieron, Sergio Francisco Juárez Cerrillo (los tres integrantes del CA Volcanes, Sismos y Sociedad) y Blake Weissling. En este sentido, reconoció el trabajo y estudio que el grupo de investigadores realiza en torno al monitoreo del Pico de Orizaba, del volcán San Martín Tuxtla y, en general, de la sismicidad en el estado de Veracruz.

No obstante, también han emergido otros esfuerzos por parte de universidades públicas de Nuevo León, Puebla y Chiapas, lo cual significa que la labor se extiende a otras regiones de México.

Un ejemplo de lo anterior fue la participación de especialistas de Oaxaca y Chiapas, quienes realizaron estudios de campo para determinar el impacto del sismo del 23 de junio de 2020, con epicentro en la primera entidad mencionada. O bien, de la actividad sísmica en Chiapas, que les ha hecho pensar su relación con el volcán Chichonal.

Actualmente, el Instituto de Geofísica de la UNAM coordina más de 60 estaciones sísmicas de banda ancha del Servicio Sismológico Nacional, distribuidas a lo largo del país; además la Red del Valle de México, conformada por 30 estaciones del mismo tipo.

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