#ApuntesEconómicos La generación de inflexión y los costos de la no sustentabilidad

Por Edgar Sandoval Pérez

@EdgarSandovalP

Y es que la vida presente no es más que el resultado de acciones pasadas.

En el escenario actual podemos ver cómo explotamos todos los recursos que tenemos a nuestro alcance, esto bajo la premisa de aumentar el crecimiento y el desarrollo, sin embargo, esto está muy alejado de la realidad. Si bien es una decisión difícil en materia administrativa, siempre se opta por el beneficio próximo y no la consecuencia futura, dejando el problema a la siguiente generación.

Sin embargo, esta problemática de recursos en escasez y con altos índices de contaminación no es problema de la generación pasada, ni debe ser problema de la generación futura, es un problema totalmente de nosotros, ya que no podemos culpar a otras generaciones por vivir de acuerdo con sus avances, a sus usos y costumbres, es decir vivir de acuerdo con su momento histórico. Tampoco podemos condenar a problemáticas tanto medioambientales como sociales y económicas a las generaciones futuras, cuando nosotros tenemos un grado de conciencia sobre lo que se esta haciendo mal, y como si bien no resarcirlo, si al menos desacelerarlo.

Actualmente nos fijamos mucho en la explotación desmedida del medio ambiente en factores como la contaminación de plantas industriales, contaminación de ríos y mares, alto consumo de agua, el aprovechamiento de zonas naturales, etcétera.

Pero la realidad es que estas explotaciones son producto de la inercia evolutiva, industrial y tecnológica que hemos ido desarrollando, la cual desde que iniciamos los procesos productivos hemos ido implementando a costa del sacrificio de nuestro entorno, sin embargo, estamos en un punto sin retorno, es decir, un punto de inflexión, donde mediante el conocimiento y avances tecnológicos, y sobretodo un grado de conciencia mayor sobre el medio ambiente, podemos evitar el degradamiento de nuestro entorno.

En economía, le llaman la tragedia de los comunes a la circunstancia donde los bienes que al ser de uso general y que no generan un costo aparente, se sobreexplotan y se les da un mal uso sin responsabilidad, como el caso de los ríos, mares, el aire, la quema de bosques, etcétera, los cuales, en teoría al no generarnos un costo directo, tendemos a no cuidarlos.

Si bien, actualmente, la relación progreso-explotación ya no es directamente proporcional, sigue siendo aproximada, ya que la inercia de la vida diaria nos limita en las acciones.

Si tan solo viéramos la cantidad de combustóleo que se quema y cuánto contamina eso para generar un kWh, pensaríamos más en el uso de la energía eléctrica en casa, si viéramos los arrecifes destruidos, los peces agonizando, la basura flotando y pensaríamos dos veces en utilizar solo una vez los desechables, si viéramos a los animales sufrir por la perdida de su entorno, pensaríamos en no quitárselos.

El crecimiento y desarrollo económico son sumamente necesarios, y prioritarios, pero el costo de oportunidad de no hacerlo de forma responsable y sobretodo sustentable nos limitará demasiado en el futuro, no solo en la destrucción de todos esos recursos, si no en las repercusiones sociales que habrá, como enfermedades, que el Estado tendrá que solventar, siendo así un nuevo hueco para las finanzas públicas, por otro lado, se enfrentará a los nuevos costos de una nueva infraestructura de desarrollo orientada a las circunstancias de ese momento, por lo que no es rentable permanecer indiferente ni ahora, ni en el futuro.

La explotación del hoy es el costo del mañana.

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