Educación no se valora como motor de transformación social

César Antonio Aguilar, investigador del IIE.
  • “Es necesario cambiar la perspectiva que se tiene de la universidad pública y no verla como un saco sin fondo que hay que llenar”: César Antonio Aguilar  

José Luis Couttolenc Soto 

Para César Antonio Aguilar, investigador adscrito al Instituto de Investigaciones en Educación (IIE) de la Universidad Veracruzana (UV), es necesario cambiar la perspectiva que se tiene de la universidad pública y no verla como un saco sin fondo que hay que llenar, sino considerarla un valor estratégico que permite transitar en una economía basada en el conocimiento y que ayuda a generar recursos financieros. 

El Doctor en Lingüística opinó que las universidades públicas deben pugnar y mostrar escenarios que dejen claro que invertir en ellas es una apuesta segura y no un gasto del cual se puede prescindir en periodos de crisis económica, en donde se afecta tradicionalmente los rubros de educación, ciencia y tecnología, arte y salud. 

Estos recortes, dijo, “se dan bajo la creencia de que –para salir lo más pronto posible del bache– hay que inyectar dinero a los sectores productivos, tendencia que veo en buena parte de los gobiernos mexicanos de los últimos años, y parece que éste no es la excepción”. 

No obstante, el investigador expresó que la crisis sanitaria por Covid-19 “nos abrió de nuevo los ojos hacia algo que ha venido gestándose desde la década del 2000, base del capitalismo que vivimos hoy, la economía del conocimiento”; esto es, la inversión del capital público y privado para generar productos tecnológicos que innoven y creen tendencias. 

Como ejemplo de este prototipo de economía mencionó el Silicon Valley, que es sede de compañías emergentes y globales de tecnología (Apple, Facebook y Google), sustentado por la relación armónica entre capitales privados y genios publicitarios, “pero sobre todo, jóvenes egresados de universidades públicas y privadas, enfocados en generar softwares y apps que puedan tener un impacto comercial inmediato. Negar la relación que mantienen estos tres factores en conjunto, es pecar de ingenuidad o ignorancia”. 

Reconoció que en la actualidad existe un claro contraste respecto a esta visión del conocimiento, en donde la perspectiva de China en el rubro de la ciencia y la tecnología –incluida en éste la educación– ha pasado a ocupar un lugar estratégico para su desarrollo, proyectándose una meta sumamente ambiciosa como lo es el plan Made in China 2025, que entre sus apuestas está lograr la total autarquía científica y tecnológica, apostando fuertemente por la educación como uno de los motores esenciales para dicho plan, junto con la investigación empresarial, la creación de centros de investigación y desarrollo de primer nivel. 

“Pensar en crecimiento económico en el siglo XXI sin tomar en cuenta el poder de la educación universitaria, particularmente la pública, apostando nada más a la inyección de dinero público y privado a las empresas, es como querer ganar la Fórmula 1 conduciendo un Chevy 1990, gastando litros de gasolina y confiando en la habilidad del conductor.” 

El investigador universitario comentó tener claro que en México aún no se comprende el impacto que debe tener la educación como motor de transformación en la sociedad, y que se continúa siendo un país que para su subsistencia apuesta a la exportación de materias primas junto con la producción de manufacturas. 

“Estas actividades financieras han sido cedidas casi por completo a la empresa privada que, en nuestro actual esquema económico, aportan muy poco por medio de la recaudación de impuestos o la donación de recursos de forma voluntaria.” 

En cuanto a los programas de becas y ayudas económicas para estudiantes, tanto del sector público como privado, dijo que excepto los de Conacyt enfocados en estudiantes de posgrado, los demás brindan un alivio inmediato con un mínimo impacto en la formación de recursos humanos especializados, “son apenas paliativos que no resuelven un problema mucho mayor: la enorme brecha educativa en la población mexicana”. 

Por otra parte, César Antonio consideró que en institutos como el de IIE se pueden generar modelos teóricos y herramientas (metodológicas y tecnológicas) para superar la brecha educativa y digital existente en el país, lo cual debería ser una prioridad. 

Apuntó que junto con la investigadora Olga Acosta escribió un libro en el que hacen una revisión respecto a los logros, alcances y problemas que hoy tienen que enfrentar las tecnologías del lenguaje en México y Chile. 

Por último, el investigador del IIE recordó una frase de Gerardo Sierra, líder del Grupo de Ingeniería Lingüística de la UNAM, quien dijo: “Siempre estamos tratando de resolver lo urgente y dejamos para después lo importante”. 

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