Obra de Inés Arredondo no es fantástica, sino realista: Lucía Melgar 

Lucía Melgar, crítica cultural, habló de la obra de la cuentista mexicana Inés Arredondo.
  • La crítica cultural y profesora de Literatura analizó la obra de la escritora sinaloense, en la sexta sesión del ciclo de charlas “En busca de una literatura propia: narradoras latinoamericanas”.
  • El foro es auspiciado por la UV, UANL y la Fundación para las Letras Mexicanas.

Claudia Peralta Vázquez 

La obra de Inés Arredondo no retrata un mundo fantástico sino realista; tiene una prosa muy trabajada, poética, casi dramática, plasmada en las descripciones de las pasiones, experiencias, sentimientos y emociones de los personajes, expresó Lucía Melgar, crítica cultural.

La también profesora de Literatura y Estudios de Género hizo una crítica de la obra de la cuentista y ensayista mexicana, al participar el jueves 18 de marzo, en la sexta sesión del ciclo de charlas “En busca de una literatura propia: narradoras latinoamericanas”.

El foro, transmitido por YouTube, es realizado por la Universidad Veracruzana (UV), la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y la Fundación para las Letras Mexicanas.

Dentro del ciclo que busca destacar la escritura de importantes autoras de la cultura latinoamericana, Lucía Melgar hizo un recorrido literario basado en la obra de la escritora originaria de Culiacán, Sinaloa. Analizó, además, algunos contrastes entre las obras de Arredondo y Elena Garro, esta última guionista, escritora y periodista mexicana.

Dijo que al igual que Garro y Juan Rulfo, Inés Arredondo nació fuera de la Ciudad de México, en 1928. La semejanza entre ellos es que nacieron en ciudades o pequeños pueblos en provincia, y en algún momento tuvieron que trasladarse hacia la capital del país.

Sin embargo, la autora de Río subterráneo, con el cual obtuvo el Premio “Xavier Villaurrutia”, pasó la primera parte de su vida en su natal Culiacán, cuyos recuerdos de infancia fueron muy luminosos, especialmente de las vacaciones que pasaba al lado de su abuelo, Francisco Arredondo, quien administraba la Hacienda El Dorado.

En ese lugar alimentó su interés por los libros y relatos, y en sus cuentos idealiza esa finca en la que había cultivos de flores, diversas especies, así como de animales.

De acuerdo con Lucía Melgar, el dueño de la hacienda, el señor Redo, deseaba crear una especie de paraíso, donde Francisco Arredondo tuvo un papel muy importante.

Su abuelo fue el personaje fundamental en la vida de la escritora, pues al recitarle romances españoles, como El Romance del Cid, despertó en ella el interés por la literatura

Inés Arredondo en su juventud.

También, fue una persona decisiva al apoyarla en su inquietud por estudiar, primero en Guadalajara y luego en la Ciudad de México, a pesar de las ideas tradicionalistas y conservadoras de su padre, quien era médico y no quería que su hija saliera de Culiacán.

Narró que Inés Arredondo estudió en una escuela de monjas donde recibió la mejor educación, dentro del contexto de las familias mejor acomodadas de ese entonces. No obstante, tuvo una infancia un poco difícil, pues según cuentan diversos críticos, en particular su biógrafa Claudia Albarrán, sus padres tenían una relación difícil y, por otro lado, eran muy exigentes con ella respecto a sus estudios.

Esta situación provocó que fuera una niña tímida y un poco insegura; tenía ocho hermanos más pequeños que ella y la asustaban un poco con sus gritos y juegos ya que Inés era más tranquila, silenciosa y gustaba de la lectura, atributo que representó un apoyo en su vida.

“Fue una alumna modelo en muchos sentidos, y por otro lado tuvo el deseo de seguir estudiando y de salir de su círculo familiar.”

En Guadalajara cursó la preparatoria y vivió en una pensión, donde siguió con una vida ordenada y disciplinada, lo mismo ocurrió cuando se trasladó a la Ciudad de México.

En 1947 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y ahí conoció a quienes serían llamados los integrantes de la Generación del Medio Siglo, entre ellos: Juan García Ponce, Huberto Batis, Juan Vicente Melo y José de la Colina.

Más adelante, decidió hacer una Maestría en Literatura donde estudió la obra del veracruzano Jorge Mateo Cuesta Porte Petit, poeta, ensayista y editor.

Inés Arredondo se casó con el poeta Tomás Segovia y tuvo cuatro hijos, de los cuales uno falleció. Se divorció en 1964 y se adentró en el mundo de la escritura tras la muerte de su segundo hijo.

Se empleó en diversos trabajos: en el comercio, traducción, edición, docencia, colaboración en revistas y suplementos culturales, además de su escritura de ficción. Además, fue becaria del Centro Mexicano de Escritores, entre 1961 y 1962.

Es autora de tres libros de cuentos: La señal, Río subterráneo, y Los espejos, y de uno para niños titulado Historia verdadera de una princesa.

También, escribió sobre Gilberto Owen, ensayos y reseñas sobre diversos autores, temas y revistas, escritos autobiográficos, guiones para radio y televisión, mientras que dos de sus cuentos fueron adaptados al cine.

Con respecto al tema feminista, Inés Arredondo decía: “No soy feminista porque ¡soy muy feminista!”.

En este sentido, Lucía Melgar platicó cómo la escritora siempre trabajó para la Revista Mexicana de Literatura, incluso las reuniones del Consejo Editorial se hacían en su casa, pero su nombre nunca apareció en él.

“Hacía el trabajo, pero no la tomaban en cuenta para documentar su labor.”

Por ello, en una entrevista hecha por el periodista cultural Miguel Ángel Quemain, expresó: “Yo no soy escritora, yo no quiero ser una de las mejores escritoras, quiero ser uno de los mejores narradores de México junto con los hombres, yo creo que las mujeres nos estamos discriminando solas”.

Asistentes al ciclo virtual de charlas “En busca de una literatura propia: narradoras latinoamericanas”

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