Pandemia del COVID-19 causó impacto sin precedentes en la salud mental: Expertas

  • Se necesita una acción urgente para la intervención y prevención de enfermedades mentales.

Miguel Valera

La pandemia ha afectado a la salud de las personas, pero también a sus objetivos, su dinámica familiar, su rol laboral y su estabilidad económica. En este sentido, constituye una crisis global sin precedentes que ha ejercido un impacto sobre la salud mental a través de múltiples mecanismos de forma simultánea, y que requiere una actuación urgente para la intervención y prevención de la aparición de más enfermedades mentales, asegura un informe de ISGlobal.

El estudio denominado ¿Es la salud mental la pandemia después de la COVID-19? indica que el estallido de la contingencia sanitaria ha tenido un impacto profundo en la forma en que nos comportamos e interactuamos con los demás y con nuestro entorno. “Los cambios abruptos en los hábitos diarios, el miedo al contagio, la posible desconexión de la naturaleza y las modificaciones de los roles familiares (por el teletrabajo, la escolarización en casa o incluso el desempleo) se han traducido a veces en niveles altos de estrés a lo largo de semanas o incluso meses, y han podido provocar ansiedad, depresión y otros trastornos de salud mental”.

También cabe destacar que durante el confinamiento domiciliario aumentó significativamente la violencia en el hogar, misma que se asocia con un riesgo de 2 a 3 veces mayor de depresión y ansiedad en las mujeres supervivientes, y es el factor más habitualmente asociado con el suicidio en niños y niñas.

El documento elaborado por las especialistas Ximena Goldberg, Oriana Ramírez, Matilda van den Bosch, Liudmila Liutsko y Berta Briones, además aborda los aspectos neurobiológicos del estrecho vínculo entre la enfermedad de la COVID-19 y los trastornos de salud mental e indica que alrededor del 30 al 60% de los pacientes con COVID-19 sufren manifestaciones del sistema nervioso central y periférico.

A su vez, la pandemia ha alterado o interrumpido servicios críticos de salud mental en el 93% de los países del mundo, al tiempo que la demanda de apoyo en salud mental ha aumentado. Esto demuestra el impacto devastador de la enfermedad en el acceso a los servicios de salud mental y subraya la necesidad urgente de aumentar los recursos financieros en este rubro.

Ante este panorama, las autoras consideran que los problemas de salud mental relacionados directamente con la infección se reducirán a medida que avance el control de la propagación; sin embargo, aquellos asociados al trauma y al impacto socioeconómico de la pandemia aumentarán incluso después de haber alcanzado la inmunidad poblacional.

Los monumentales costes de la COVID-19 para la salud mental no son inevitables, señalan, y estas son algunas medidas que podrían ser tomadas y promovidas de manera inmediata:

  1. Incluir los servicios de salud mental como servicios esenciales incluso cuando se apliquen confinamientos y medidas estrictos, mediante la provisión segura de los servicios y adoptando formas innovadoras, como la telemedicina, las intervenciones de teleterapia, las líneas de atención telefónica y la formación ad-hoc para los proveedores de salud. Además, se debe considerar detenidamente el restablecimiento de servicios.
  2. Considerar dedicar más esfuerzos a la integración de los servicios de salud mental en la atención sanitaria general, y desarrollar servicios de salud mental comunitarios, en especial para los grupos de población vulnerables.
  3. Dedicar recursos a implementar los servicios de salud mental y las intervenciones comunitarias como un componente integral de la respuesta al COVID-19 y de los planes de recuperación.
  4. Se deben aplicar estrategias de protección social y para el desempleo (por ejemplo programas de renta mínima), garantizar el suministro de servicios básicos, postergar los plazos establecidos para el pago de impuestos, hipotecas o alquileres para los grupos de población vulnerables, y financiar los servicios sociales para ayudar a las familias necesitadas, al tiempo que ser realiza una monitorización cercana del impacto de las políticas públicas sobre la salud mental.
  5. El hecho de que la salud mental y la exposición a la naturaleza estén interconectadas debe traducirse en acciones estratégicas para una recuperación óptima, dirigidas tanto a combatir el cambio climático como a combatir la crisis de salud mental. Tales acciones incluirían inversiones en espacios naturales urbanos de alta calidad, en especial en zonas desfavorecidas donde deben implementarse intervenciones multifacéticas. Ha llegado el momento de ampliar el concepto de Salud en Todas las Políticas (HiAP, según sus siglas en inglés) para incorporar también la salud de los entornos naturales.

6.Las partes interesadas en investigación e innovación deberían comprometerse a priorizar y coordinar investigación esencial y relevante para las políticas en los ámbitos psicológico, social y neurocientífico, para garantizar que cualquier inversión se enfoque de manera eficiente a cuestiones de salud mental críticas, abordadas a medida que se desarrolla la pandemia.

  1. Deben hacerse esfuerzos para mejorar el sistema actual de monitorización dirigido a orientar la provisión de servicios de salud mental, la intervención sobre ellos y las políticas relativas a ellos. Para llevar a cabo investigación en dichas áreas de forma apropiada, se necesitan planteamientos innovadores para facilitar la recopilación de datos a gran escala, utilizando registros comunes e historiales electrónicos interoperables que permitan recopilar, analizar y divulgar los resultados en los que pueda basarse el futuro diseño de políticas con base empírica.

8. Dadas las transformaciones en la práctica clínica que ha provocado la pandemia, existe una necesidad urgente de evaluar de forma rigurosa nuevos programas y resultados obtenidos en los pacientes. Las oportunidades en investigación deberían aprovechar los experimentos naturales que emergieron como consecuencia de las respuestas a la crisis, como los estudios cuasi experimentales sobre resultados en salud mental basados en los cambios en el uso de la telesalud.

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