Denuncian riesgosas anomalías en la nucleoeléctrica de Laguna Verde

F-1-21-PROTOCOLO-SANITARIO
G-1-15-OBSERVACION-ELECTORAL
H-1-15-DEBATES-ENTRE-CANDIDATOS
I-1-15-ATENCION-VPMRG
El 21 de febrero pasado, el físico matemático Bernardo Salas Mar envió a la Presidencia de la República la última de sus cartas alertando sobre una serie de anomalías que se han venido registrando en la operación de la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde y que expondrían a un grave riesgo la salud de más de un millón de veracruzanos que radican en los municipios circunvecinos de la zona centro del estado. Sin embargo, hasta ahora el académico no ha obtenido respuesta a esta ni a las otras 12 cartas que envió anteriormente al presidente Andrés Manuel López Obrador.

En la edición impresa de este viernes del diario EL UNIVERSAL, la columnista Peniley Ramírez publica un texto titulado “Las alertas ignoradas de Laguna Verde”, en el que con base a información proporcionada por Salas Mar detalla las irregularidades que los propios trabajadores y técnicos de Laguna Verde han advertido y que los directivos de la nucleoeléctrica y funcionarios de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) siguen sin atender.

Ramírez relata: “El 21 de enero de 2021, a las 03:10 de la madrugada, hubo una fuga de combustible en uno de los generadores de la planta nuclear de Laguna Verde. Los resultados de una evaluación de riesgo determinaron ‘probabilidad de accidente severo’ y ‘de una descarga radiactiva grande al medio ambiente’. Los reportes y fotografías muestran los cables de los generadores nucleares corroídos y las instalaciones oxidadas.”

Pero además refiere: “Un mes antes, el 21 de diciembre, en los reportes internos se registró una ‘fuga de diésel’ como un ‘evento no usual’. Solo habían transcurrido tres semanas desde otro Reporte de Condición, que describía cómo se activaron los mecanismos del reactor nuclear sin colocar las compuertas de seguridad.

“El 20 de enero, la Unidad 1 de la planta nuclear tuvo un ‘paro súbito’. Llevaba 110 días de operación con problemas de recarga de combustible, arrancando sin tener operables los sistemas de seguridad y con cinco barras de protección ante accidentes, de ocho que tiene el reactor nuclear, fallando. El 21 de enero, la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias informó por escrito a la jefatura de Laguna Verde que no les au torizaba a modificar los planes de trabajo para operar con dichas fallas, porque los estándares de seguridad requieren que al menos seis barras de control estén funcionando, con niveles adecuados de boro, la sustancia que permite amortiguar los efectos de radiación ante un accidente nuclear, y solo tres estaban activos.”

La columnista afirma que obtuvo copia de todos esos reportes, los cuales forman parte de los anexos de la última de las 13 cartas que el físico matemático Bernardo Salas envió a la Presidencia de México el 21 de febrero.

Y refiere que cuando Salas Mar recurrió a la prensa de Veracruz para expresar sus preocupaciones, “obtuvo como respuesta un duro comunicado de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la institución que administra la planta nuclear”, acusándolo “de ser alguien que solo alarma a la población, sin conocimiento de lo que sucede en la planta”.

Pero Peniley sostiene que las preocupaciones del académico están sustentadas también en otros documentos: “El 15 de septiembre de 2020, la división de Energía Nuclear de General Electric envió una carta al Gerente de Centrales Nucleoeléctricas de la CFE. La Comisión la reservó por cinco años, pero Salas lo obtuvo, dice, de sus colegas al interior de Laguna Verde. El documento está firmado por Rafael Ledesma, quien ha sido gerente de Energía Nuclear en la compañía durante las últimas dos décadas, según documentos públicos. Ledesma no respondió mensajes para este texto”.

La columnista detalla: “En la carta, General Electric afirma que en su contrato como proveedor incluía que 60 días antes de cada recarga de combustible nuclear, la CFE entregaría una minuta con las actividades que iba a realizar. Pero esto no ocurrió a tiempo. La CFE entregó el programa de recarga a General Electric el 16 de julio de 2020, para una operación que iniciaría menos de un mes después, el 14 de agosto. Cuando inició la recarga de combustible, dice la carta, la CFE no proveyó equipo de protección radiológica y, aunque la compañía dijo que necesitaban por lo menos cambiarse 15 barras de control, CFE arguyó que solo pagaría por 12. Entregaron partes dañadas y quisieron culpar a la empresa por los desperfectos. La empresa, en su carta, aseguró que solo garantizaba las barras que ellos cambiaron y se deslindó de lo que ocurriera con el resto. Además, aseguró que la CFE no les había pagado, aunque ellos hicieron el mantenimiento, aun con todos los contratiempos.”

Según le explicó Salas, “las barras de control son como los frenos de un carro; son las que permiten detener la fisión nuclear y apagar el reactor”.

El científico le dijo que después de aquel mantenimiento con fallas en agosto, la planta ha tenido alertas naranjas en septiembre, noviembre, diciembre y enero. “Oficialmente, la CFE dice que no hay nada de qué preocuparse. Mientras tanto, Salas insiste en que hay una crisis de seguridad nuclear inminente, y que está dispuesto a un debate público para probarlo”, concluye el texto de la columnista.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.