El libro puede formar parte de la vida afectiva: Agustín del Moral

“Creo que el elemento clave para explicar la vigencia del libro radica en lo que significó para la humanidad: el tránsito de la oralidad a la escritura”, señaló el escritor veracruzano (foto de archivo)
  • Con su invención, el libro representó un pasaporte hacia el futuro, apuntó el escritor de la Editorial UV.
  • La Biblioteca del Universitario ha sido uno de los grandes aciertos editoriales de la Universidad Veracruzana.

David Sandoval Rodríguez 

Agustín del Moral Tejeda es escritor, traductor y editor fundador, junto con Jorge Medina Viedas, de la Biblioteca del Universitario (BU) de la Universidad Veracruzana (UV); asimismo, fue director general de la Editorial de la UV y algunos de sus libros son Cuéntame lo que me pasa, Nuestra alma melancólica en conserva y Un crack mexicano: Alberto Onofre.

En el marco de la celebración del Día Internacional del Libro, el 23 de abril, Universo entrevistó al autor quien admite llevar casi seis décadas de convivir con el libro impreso, además de observar en la Biblioteca del Universitario una iniciativa editorial que ha continuado, manteniendo su diversidad y calidad, reflejando la esencia que buscaba su creador, Sergio Pitol.

¿Cómo es posible que el libro siga vigente en nuestra sociedad después de tantos siglos? ¿Cuál sería o serían los elementos que lo distinguen? 

Hace poco leí un libro extraordinario y extraordinariamente bello: El infinito en un junco de Irene Vallejo. Es, para retomar su subtítulo, una historia de la invención de los libros en el mundo antiguo. Pero no sólo eso. Creo que su lectura también nos permite valorar y apreciar el libro “después de tantos siglos”, como dice la pregunta.

Y a partir de su lectura, voy a tratar de responder. Creo que el elemento clave para explicar la vigencia del libro radica en lo que significó para la humanidad: el tránsito de la oralidad a la escritura, con todo lo que dicho tránsito representó: el rescate del pasado, la salvaguarda de la memoria; fijar las historias para siempre, petrificarlas, cristalizarlas, salvarlas de la destrucción y el olvido. O como dice Vallejo: el libro representó “un pasaporte hacia el futuro”, un futuro que ya dura varios siglos y sigue contando.

Refiero brevemente una historia contada por Vallejo. El uso del papiro significó un gran avance en la historia del libro. Judíos, griegos y romanos comenzaron a usarlo por igual. Su cultivo, sin embargo, era exclusivo de Egipto, de donde se exportaba a otras regiones del mundo. En determinado momento, en Pérgamo se inició la construcción de una biblioteca. Egipto no podía permitir que se compitiera con la gran biblioteca de Alejandría. Interrumpió entonces el suministro de papiro a Pérgamo. Contra lo que podía esperarse, Pérgamo no se detuvo y perfeccionó la antigua técnica oriental de escribir sobre cuero. Surgió entonces el pergamino.

Saco dos conclusiones de Perogrullo: la escritura ya había adquirido carta de naturalidad y se plasmaba en la superficie que el ingenio humano lo permitiese, y el tránsito de una forma a otra del libro viene de larga data. Tal vez lo que hoy nos cuestiona tanto acerca del libro digital proceda del hecho de que el libro impreso, en papel, lleva ya varios siglos de existencia y ha marcado la vida de innumerables generaciones.

Hace 20 años, algunas voces vaticinaban el fin del libro impreso y esto no ocurrió, ¿a qué se debe que se sigan imprimiendo y comprando libros? 

Trataré de responder a partir de mi experiencia o, en el mejor de los casos, de la de mi generación, “la sub-60”. A partir de mi primer contacto con la lectura y la escritura, el libro impreso pasó a formar parte de mi vida, lo mismo de mi vida cotidiana que de, digamos, mi vida afectiva. Llevo casi seis décadas de contacto regular con el libro (no sólo en mi condición de lector y aspirante a escritor, sino también como editor y, eventualmente, como traductor). Además está mi condición de “comprador” regular de libros, con todo lo que ello implica: ese placer gozoso de tener un libro impreso en las manos, de abrirlo, de oler la tinta, etc.; o, en otro caso, de por fin encontrar en una librería de viejo el ejemplar que durante tanto tiempo he buscado. Para mí el libro está unido al contacto físico con él como objeto. Mi anclaje en el pasado me dificulta percibirlo de otro modo. Celebro la aparición del libro digital, pero por lo que a mí hace creo que seguiré comprando libros impresos.

La Universidad Veracruzana ha asumido el compromiso de formar lectores, como han coincidido en señalar Felipe Garrido y Olivia Jarvio; en este sentido, ¿cómo podemos dimensionar la importancia de la Biblioteca del Universitario? 

Creo que la Biblioteca del Universitario ha sido uno de los grandes aciertos editoriales de la Universidad Veracruzana. A casi 15 años de distancia podemos decir que se trata de una colección consolidada, que ha sabido mantener su continuidad, que desde el principio quedó en las manos de quien debía quedar (hablo, por supuesto, de Sergio Pitol), que estas manos le dieron un sello de universalidad y calidad indiscutibles, y que hoy el Consejo Consultivo que la impulsa está sabiendo mantener la diversidad y el sello que la distinguen.

Y creo que lo mismo podemos decir de su papel como colección destinada a formar lectores. Mencionar a Olivia Jarvio y a Felipe Garrido, qué bueno, pues ellos mostraron desde el inicio de la colección su interés en hacer de ella una herramienta para la formación de lectores. Pero creo que también se debe mencionar a Guadalupe Flores, a José Luis Martínez Suárez, a Elizabeth Corral, a José Luis Martínez Morales, a Alfonso Colorado; en fin, a un buen número de académicos de la UV que han mostrado igual interés en que la Biblioteca del Universitario sea no sólo una colección más, sino sobre todo una colección que encuentre una “aplicación práctica” en y para la formación de lectores. Y lo mismo puede decirse de las regiones de la UV, en especial de la región Poza Rica-Tuxpan, que a lo largo de estos 15 años le ha sabido dar a esta colección un papel central en este objetivo.

En lo personal, a mí me da mucho gusto ver que se anuncian los nuevos títulos de la colección y en las redes sociales los estudiantes de la UV (aunque creo que no sólo de…) y los lectores en general manifiestan su gusto por ello. Este fue recientemente el caso del Ensayo político sobre el reino de la Nueva España de Humboldt, propuesto y prologado (excelentemente) por otra académica de la UV, Citlali Aguilera. Es muy reconfortante ver que la colección no se queda en el aire, sino que encuentra eco, “aterriza”, encuentra lectores. Creo que esa es la exacta dimensión de la Biblioteca del Universitario.

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