#ApuntesEconómicos Asistencialismo productivo

Por Edgar Sandoval Pérez

@EdgarSandovalP

Citando a Confucio, “dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá siempre”.

La ley de ingresos contempla para este 2021 un ingreso que asciende a los 6.2 billones de pesos (millones de millones) de los cuales se dividen en dos partes, el gasto programable (es el gasto que se destina a proveer bienes y servicios públicos a la población, y lo maneja en su totalidad el gobierno federal), y el gasto no programable (es el gasto que se destina al cumplimiento de obligaciones como: transferencias a los Estados y municipios, pagos de deuda, etcétera).

De esta manera, vemos que el gasto programable que maneja el gobierno federal representa el 73% del total, lo que significa que maneja $4.6 billones; en cuanto al gasto no programable, representa el 27% del ingreso total y se destina a pagar la deuda y a transferirle recursos a los Estados y municipios, mediante los ramos.

Sin embargo, el punto central es ver cómo se manejan esos 4.6 billones de pesos, cuanto se destina a la asistencia social, y, sobre todo, qué tan efectivo es dar esos montos.

De los 4.6 billones, el gobierno federal destina 2.9 billones a los diversos programas de asistencia social, como pensiones a los adultos mayores, jóvenes construyendo el futuro, becas Benito Juárez, etcétera. Sin embargo, la implementación de estos programas asistencialistas representa ciertas complejidades; principalmente una, el costo de oportunidad, ya que la cantidad destinada a este rubro es sumamente alta, y no representa una oportunidad de retorno sobre ese monto, es decir, no representa gasto de inversión, y el utilizar este recurso reduce potencialmente el poderlo utilizar, en salud, educación, infraestructura, políticas de emprendurismo, etcétera.

Si bien utilizar programas de asistencia solventan ciertas necesidades de la población mas vulnerable en el país, que por cierto es sumamente alta, superando el 50%, la problemática real es la financiación de estos recursos, ya que, al ser un recurso limitado, y este gasto, no tiene retorno, limitará el crecimiento de dichos recursos, ya que por simple efecto de inflación, cada vez en términos reales será menos el monto de la transferencia, alcanzándoles para comprar menos artículos.

Por lo cual, el camino a seguir no puede seguir siendo políticas públicas puramente asistencialista, ya que estas terminan por matar el presupuesto, y el poder adquisitivo de las personas, sin mencionar el costo de oportunidad.

Con esto, la solución debe ir orientada hacia la producción vinculada con el asistencialismo, utilizando mecanismos que por un lado fortalezcan las políticas para la erradicación de la pobreza, pero buscando la cimentación de características que hagan del recurso destinado un catalizador económico, esto mediante capacitaciones, vinculaciones y cooperativas formacionales.

Dando así dos nuevas fortalezas, por un lado, las finanzas publicas y las arcas federales, permanecerán solidas y constantes, y la mas importante, el ingreso disponible para los beneficiarios de los programas sociales, no perderá poder adquisitivo de compra, y por el contrario, estaría la posibilidad de aumentar su ingreso, disminuyendo así los umbrales de pobreza.

Con este esquema podríamos estar cumpliendo el proverbio de Confucio, enseñándoles a pescar.

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