Pandemia impactó en cuidado y protección de áreas naturales protegidas

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  • Estos espacios deben ser reconocidos como el principal mecanismo de conservación de la naturaleza, expone estudio.

Miguel Valera

Los impactos sociales y económicos de la pandemia por el COVID-19 son evidentes en la desestabilización de los sistemas nacionales de áreas protegidas, particularmente esta crisis afectó la capacidad de gestión, los presupuestos y la efectividad de forma significativa, al igual que el impacto en los medios de vida de las comunidades que viven en o alrededor de estas áreas, así lo expone el  Informe Planeta Protegido 2020: Latinoamérica y el Caribe.

“Según una encuesta completada en octubre a 14 países de la RedParques, más del 70% reportó el cierre temporal o por completo de las áreas protegidas al público al inicio de la pandemia; la mitad indicó que el nivel de personal en las áreas protegidas ha disminuido por reducciones de presupuesto y medidas de seguridad para el personal; el 43% señala que el compromiso con las comunidades se ha detenido parcialmente; hay mayores cargas laborales para el personal, que además cumple con roles adicionales relacionados a la asistencia social de comunidades locales, y aumentó el reporte de crímenes y ocupaciones ilegales en algunas zonas, por falta de presencia y vigilancia”.

El documento editado por Mónica Álvarez Malvido, Cristina Lázaro, Xavier De Lamo, Diego Juffe-Bignoli, Renata Cao, Paula Bueno, Carolina Sofrony, Claudio

Maretti y Felipe Guerra, considera que esta crisis también puede representar una oportunidad, ya que más del 70% de los encuestados reportó haber introducido nuevas medidas, en respuesta al COVID-19, que continuarán después de la pandemia, como la tecnología vía remota para monitoreo y vigilancia y nuevos protocolos de seguridad para el personal y visitantes.

“En el contexto actual, las áreas protegidas pueden ser parte de una respuesta a la pandemia, ya que reducen la posibilidad de que se repitan eventos similares, y construyen un futuro más sostenible para las personas y la naturaleza”, refiere.

El estudio recuerda que, con más de 8,8 millones de kilómetros cuadrados en áreas protegidas terrestres y marinas, Latinoamérica y el Caribe es la región más protegida del mundo, en cobertura terrestre (sin considerar la región polar). Además, alberga una extraordinaria diversidad biológica y cultural en sus territorios.

“Sin embargo, las amenazas antropogénicas se incrementan en esta área y el resultado se ve en el estado de las especies que la habitan. En este sentido, a pesar de que América Latina y el Caribe cuentan con el 60% del total de especies evaluadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en el 2020 se identificaron 5,758 especies de animales y plantas en riesgo de extinción (en estado crítico, en peligro o vulnerable). Esto representa casi el 40% de las especies de animales y el 1% de las especies de plantas amenazadas del mundo”.

El escrito refiere que en América Latina y el Caribe se han identificado un total de 2,300 Áreas Clave para la Biodiversidad que cubren más de 3.2 millones de kilómetros cuadrados (más del 20% de la superficie terrestre de la región). El 56.3% de esta superficie son áreas protegidas, pero el 43.9% no tiene ningún grado de protección, por lo que es prioritario continuar con su identificación, promover su adecuada salvaguarda y acelerar los esfuerzos para detener la pérdida de biodiversidad en los sitios más críticos.

“La importancia de la conservación más allá de las áreas protegidas debe verse como una estrategia que requiere necesariamente una política de estado que involucre a los gobiernos centrales, locales, al sector privado y a las organizaciones locales. La conservación integral del patrimonio natural implica empezar a cambiar el modelo de desarrollo, para encontrar nuevas maneras de integrar la naturaleza al desarrollo y viceversa”.

Además, dice que es urgente atender la necesidad de crear las condiciones propicias para que los sistemas nacionales de áreas protegidas puedan implementar plenamente sus objetivos de conservación. “Las condiciones incluyen: mejorar la seguridad del personal en el territorio; incrementar los recursos financieros hacia los sistemas nacionales de áreas protegidas para lograr la conservación efectiva del patrimonio natural; y medir el aporte de las áreas protegidas a otras metas globales de conservación y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Este llamado cobra gran relevancia, ya que América Latina y el Caribe es la región con el área más rica en biodiversidad del planeta”.

En un futuro marcado por la incertidumbre, las áreas protegidas y conservadas deben ser reconocidas como el principal mecanismo de conservación de la naturaleza y de los servicios ecosistémicos (elementos básicos para el bienestar humano), exponen los expertos, por ello es fundamental que sean gestionadas de manera más eficaz y que sean reconocidas como sitios que desaceleran la pérdida de biodiversidad.

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