#ObreroDelGis Me voy de la casa…

Diego A. Zapata Gómez

Lo miraba cabizbajo, pensativo, deambulando por el patio. Eso no se veía normal, ya que siempre estaba con sus amigos jugando futbol, gritando, celebrando cuando anotaba gol. Sin embargo, esta ocasión se encontraba con un comportamiento distinto. ¿qué está pasando con este chico? ¿algo le preocupa? ¿o tal vez tiene problemas? Me acerque con él y empezamos a platicar, tenía que ser muy discreto y prudente para que me dijera lo que le estaba pasando. Así después de un rato, empezó a explayarse y me contó sus problemas, y él había tomado la idea de irse de su casa. A lo cual lo persuadí haciéndole ver que la vida nos presenta problemas que tenemos que dar respuesta, y que aún no era oportuno el dejar su casa, y que ya llegará el momento para hacer eso que cruzaba por su mente.

Todos llegamos a esa idea de irnos de la casa, es una voz interior que te dicta lo que se debe hacer. Es en esos momentos donde uno siente que ya no cabe y les dice a los papás: creo que es hora de volar. Es parte de la naturaleza del hombre, apartarse y hacer su propio camino o sendero. Y es que nuestro padres debe quedar claro que “los hijos se crían y educan para que algún día se vayan, no para que se queden, tu trabajo es formarlos para que vuelen con alas propias, y aunque no quieras tendrás que prepararte para ello”.

Citando en la biblia a Abraham; “…Vete de tu tierra, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré…” (génesis 12,1). Es la voz interna que nos dicta que salgamos de ahí porque hay algo mejor en otro lugar. Abraham sentía que era necesario salir para progresar. En la casa de los padres, aunque se sienta bien, hay algo que no cuadra y que nos oprime. Claro en estos tiempos podemos encontrarnos algunos que no quieren salir del cobijo que brinda el hogar paterno por miedo e inseguridad, tal vez por comodidad, o porque los papás temen que le vaya mal a su cachorro. Así el hijo tiene más de 35 años y no crea su proyecto de vida, porque no quiere o porque es más sencillo estar bajo el cobijo paterno.

Cuando el hombre toma una determinada determinación de salir de la casa de su padre, lo hace con todos los temores, pero igual con todas las esperanzas de que le va a ir muy bien. Aunque el dolor de los padres nos dice que no están seguros porque creen que todavía le falta, que todavía es muy inmaduro y pequeño. Porque para los padres los hijos nunca dejaran de ser pequeños y son lo más preciado de su vida.

Bueno, también hay que reconocer que, hay papás quienes reflejan su propia inseguridad o temor, porque a ellos les costó y no quieren que sus hijos pasen lo mismo. Así es como hemos escuchado la frase tan conocida: “Es que le doy a mi hijo, ayudo a mi hijo, le facilito…. Porque no quiero que pase por donde he pasado y vivido”. Le hacemos la tarea, les solucionamos los problemas, los llevamos a realizar trámites, les anticipamos la experiencia que ellos tienen que vivir, etc., y no los dejamos que ellos aprendan haciendo las cosas que a ellos les corresponde. No digo que hay que abandonarlos, sino que hay que dejarlos que ellos solucionen sus problemas hay que supervisarlos y animarlos, porque el mundo en el que vivimos lo exige.

Ahí vamos viendo a papás que defienden lo indefendible, y no analizan la situación. La cual creo que no favorece. Imagina ante un papá o mamá en una situación de vida: que el hijo pierde el empleo. Ya parece que veo a los papás yendo con el patrón, para interceder y pedir que no lo deje sin empleo… o cuando por azares de la vida la novia o el novio le dice: “hemos terminado”. Te imaginas a la mamá dirigiéndose a la novia “No seas así, mira cómo sufre, te ama… anda dale otra oportunidad” ¡¡¡Claro que no!!! Cada persona tiene que aprender de las vivencias para llegar a la madurez y tomar sus propias decisiones.

Me voy de la casa, es una frase de decisión que la persona toma con madurez, porque la tierra prometida está al salir de ella. Donde empiezas a construir tu historia personal y tu patrimonio, donde pones a prueba la educación que has recibido de tus padres, donde los valores adquiridos en el hogar de nuestros padres se ponen a prueba. Te das cuenta de que en esa nueva vivencia dos mas dos puede que no sean cuatro, que sea más o que sea menos. Porque esa nueva experiencia no es según el instructivo que nos dieron, y tienes que actuar con total independencia y autonomía. Cuando eso sucede, y eres capaz de resolver tus problemas, viene una serie de satisfacciones, y dices: “gracias a mis padres que me han formado con valores”, eso para enfrentarse a la escuela de la vida que nunca nos deja de enseñar y nosotros de aprender. Así con el tiempo, la satisfacción de los padres es ver cuando sus hijos regresan a casa y comparten lo vivido, lo que han logrado con todo el esfuerzo, los problemas, los fracasos y las maneras cómo salieron adelante. Porque han educado bien a sus hijos, con valores que los hacen fuertes y no cambian ni cambiarán por siempre.

Cada persona somos ese Abraham que, con todos los temores y esperanzas, toma la decisión de salir, con lo que tiene y se va a buscar lo que es suyo. Porque el mundo está lleno de oportunidades las cuales debemos estar despiertos para descubrirlas y tomarlas o dejarlas ir. Somos ese Abraham que no se nos presenta una vida de manera sencilla, sino que tenemos que enfrentar, así como es y como viene, buscando el bienestar propio para compartirlo con la persona que amamos, es decir, nuestra pareja. Pues nos damos cuenta de que la educación se da en casa y la instrucción en la escuela.

Así que cuando escuches la voz interna que dice me voy de la casa de mis padres, adelante, es porque te espera una tierra prometida. Y cuando escuchemos al hijo que dice me voy de la casa, no lo trates de convencer que no lo haga, con tus miedos y el dolor del corazón, anímalos. Dales tu bendición porque le vaya bien, porque su vida se vea favorecida y llegue a la tierra prometida. No los abandones, está al pendiente de lo que viven y hacen, pero igual no les soluciones los problemas. Si en verdad ellos ya lucharon y no pueden, entonces si sal a su rescate. Bueno eso es lo que creo y pienso.

Al día siguiente volví a ver a mi alumno jugar con sus amigos, sus asuntos no eran tan graves. Después de la charla que tuvimos, él vio luces para recobrar la tranquilidad y solucionar aquello que le parecía tan grande. Con el tiempo me lo he encontrado en algún supermercado o en la calle y me dice “Zapata, ¡¡qué gusto de verte!!”, órale me digo en mis adentros, creo que es Rigo Tovar. Le va muy bien, es todo un abogado de los buenos y eso me llena de satisfacción por la oportunidad de ser su maestro y porque el fue mi alumno, él no era muy destacado pero el tiempo lo fue ubicando.

Agradecido con el de arriba, porque he visto plena mi vocación y doy gracias porque no me equivoqué al elegir ser profesor. Pues no solo se enseña en el aula, sino también en el patio a la hora del recreo. Y entiendo que “Para Educar, hay que saber amar”. Pero de esta frase algún día hablaremos ya que la función principal de un profesor es hacer virtuosos ciudadanos.

Envíame un comentario a diegoazgconrumbo@gmail.com para conocer tus opiniones y así enriquecer mi acervo cultural. Saludos.

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