Violencia en México podría agravarse aún más por COVID-19: Estudio

  • El narcotráfico y la estructura financiera de las organizaciones criminales sufrieron restricciones a las que no estaban acostumbrados.
  • Por pandemia se incrementó precio de drogas como la metanfetamina y el fentanilo.

Miguel Valera

La violencia en México podría agravarse aún más como consecuencia del coronavirus, así mismo, los factores desencadenantes son múltiples. El grado de penetración estatal e impunidad del narco en las instituciones del país, así como el papel de las Fuerzas Armadas en el control de la calle durante la pandemia podrían incrementar la violencia criminal, consideró el investigador Juan Antonio Fernández Velázquez de la Universidad Autónoma Indígena de México.

En el libro Violencia criminal en México durante la pandemia, publicado por el Colegio de la Frontera Norte (COLEF) y Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), coordinado por Oscar Misael Hernández-Hernández y José Andrés Sumano Rodríguez, el autor considera que la pandemia está afectando de manera diferencial a la violencia y al crimen organizado en América Latina. “En el caso de México, la aplicación de una cuarentena tardía y un toque de queda parcial no pareció hasta el momento frenar la tasa de homicidios violentos, puesto que alcanzó en el mes de marzo un nuevo récord de 2,585 muertes. Por otro lado, tampoco estaría reduciendo las disputas entre los cárteles por el control territorial, especialmente en el estado de Guanajuato”.

El especialista señala que, entre las consecuencias de la pandemia, está un incremento significativo en el precio de la metanfetamina y algo menor del fentanilo en varias partes de México, potencialmente a causa de la reducción del suministro de insumos.

“Mientras estos últimos provengan del exterior y la producción local de opiáceos actúe como posible sustituta, el mercado del fentanilo estará en riesgo. Lo mencionado podría indicar un cambio en el progresivo desplazamiento de la producción de amapola y heroína a favor del fentanilo”, puntualiza.

Asimismo, recuerda que La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su investigación COVID-19 y la cadena de suministro de drogas: De la producción y el tráfico al consumo, señala que las medidas implementadas por los gobiernos para contrarrestar la enfermedad causada por el SARS-CoV2 afectaron todos los aspectos de los mercados de drogas ilícitas, desde la producción y el tráfico hasta el consumo. Esto debido a las restricciones de movilidad, el cierre de cruces fronterizos y las reducciones en sus actividades económicas iniciadas en marzo de 2020, en casi la mitad de la población mundial.

“Los efectos de las medidas para hacer frente a la pandemia parecieron más homogéneos en los mercados de destino de drogas. Muchos países reportaron escasez en numerosos tipos de drogas en la venta minorista, incremento de precios y reducciones de la pureza, por lo cual sus consumidores cambiaron de sustancia (por ejemplo, de la heroína a los opioides sintéticos) y/o accedieron al tratamiento de adicciones”.

En el artículo denominado El mercado ilegal de las drogas en México y Estados Unidos: algunas aproximaciones a un año de la pandemia Covid-19, Juan Antonio Fernández dice que es importante considerar que, a causa de la emergencia sanitaria, el negocio del narcotráfico, así como la estructura financiera de las organizaciones criminales latinoamericanas han sufrido restricciones a las que no estaban acostumbrados. De un momento a otro las fronteras se cerraron y los precursores químicos procedentes de China, imprescindibles para sintetizar metanfetaminas y opiáceos, ya no llegaron a los puertos mexicanos.

“Además, el tráfico de drogas a Estados Unidos se vio mermado en el proceso de trasiego y distribución, provocando desabasto en ciudades como Los Ángeles y San Diego, lo cual habría influido para que la libra de metanfetaminas aumentara su precio de mil dólares a 2 mil 900”.

En el caso de México, especifica, los insumos provienen en su mayoría del sudeste asiático, de modo que una reducción en la disponibilidad de estas drogas no es de sorprenderse, dado que la movilidad y el transporte marítimo y aéreo se han visto ampliamente imposibilitados. A su vez, el cierre de la frontera norte suponer una caída en el trasiego en la distribución terrestre, ya que en este momento solo se permite el tráfico esencial, por lo que las probabilidades de transitar por tierra se reducen en gran manera.

“Sin embargo, dado las alternativas que los grupos del crimen organizado utilizan, verbigracia, túneles, tal vez este decline no sea tan grave; no obstante, será muy difícil de calcular sin saber cuántos túneles existen ni su capacidad”, indica el investigador.

Fernández Velázquez asegura que el colapso del tráfico de drogas habría menguado a mediados de mayo del año pasado, cuando China reabrió sus fronteras al mundo y muchos de los precursores y otros ingredientes para la elaboración de drogas sintéticas empezaron a llegar a México, inclusive en manos de gente allegada al cártel de Sinaloa.

“Según funcionarios de la Administración de Control de Drogas (DEA), el tráfico no se ha detenido, pero sí ha obstaculizado la capacidad de los cárteles para mover la droga hacia Estados Unidos, lo cual ha provocado una acumulación de drogas ilícitas en ambos lados de la frontera”, concluye.

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