#ObreroDelGis Me resisto a crecer

Diego A. Zapata Gómez

Una frase popular dice que todo el mundo lleva un niño por dentro. Lo curioso es que muchas personas ahora también lo llevan por fuera. Personas que se resisten a los cambios que se han presentado en su vida, y que aún tienen comportamientos de adolescentes y que tienen 30, 40 o 50 años.

Algunos son solteros, viven con sus padres, duermen hasta tarde, solo les importa la ropa, tener dinero que sus papás le dan, y que le cambien el auto cada año. Otros están casados y con hijos y se resisten a actuar como adultos, si no fuera por su calva y sus canas, cualquiera diría que es un joven de 18. El filósofo francés Gilles Lipovetsky (1944) estudió los cambios en la presente sociedad, la interacción con las pantallas, la moda, el lujo, el mayor individualismo y el narcisismo actual. Y llamó adultescente a toda persona (varón o mujer) que, a pesar de su edad cronológica y que debería ya pensar y actuar como adulto, no logra superar la etapa adolescente con negación a aceptar y asumir el paso del tiempo.

La adolescencia es una etapa transitoria, donde hay un descubrimiento personal, llena de evoluciones emocionales, sentimentales y sexuales, donde se tiene una búsqueda de la identidad y se siente que el mundo no nos merece, porque somos la solución a todo que se vive en la familia y en la sociedad. Llamarada de petate o pasto seco, decía mi abuelo, porque, así como levanta la llama así también se apaga. La adolescencia lleva a vivir momentos de ansiedad, confusión, aislamiento y una intensa exploración del cuerpo, como Alberto Cortes no dice en la canción mi árbol y yo: “Fue a la sombra de mi árbol donde perdí la inocencia”. Un camino que progresivamente lleva a la definición de sí mismo y la identidad personal. Un tiempo cargado de contradicciones, de aceptar o rechazar los instintos, oposición a los padres, contradecir las normas, imitar y copiar la conducta de otros, la búsqueda de la independencia, egocentrismo, altruista pero calculador, tímido, inseguro, pero en momentos agresivo y autoritario. Lo clásico de un adolescente para dar fin a un conflicto de relaciones humanas con un “Ya no te hablo”.

Y así algunos se han quedado en esa etapa, unos “ni-ni” respecto a quienes lo rodean ya que no pertenece más al mundo infantil ni alcanzó todavía la categoría de adulto. Que forman parte de una trama familiar que favorece la dependencia emocional que brinda amparo y protección económica por el temor a dejar el nido; personas de mayor edad con comportamientos adolescentes que funcionan de manera similar y como pares de sus hijos en donde muchas veces alimentan la fantasía de seguir siendo siempre jóvenes.

Y es una consecuencia de los padres que sobreprotegen a sus hijos y no los dejan que ellos vayan descubriendo el mundo, que resuelvan sus problemas y que salgan de la zona de confort. Afirmaciones que hemos escuchado como: No quiero que mi hijo sufra lo que yo, por eso tiene a sus padres, No te vayas de la casa, mejor construye aquí y vive con tu familia, es que es mi bebé, etc., y no es que sea malo, sino que si es incorrecto. Lo correcto es que los padres le ayuden a ser fuertes y que vayan enfrentándose a la vida, porque si no el mundo acabará con ellos. Los hijos se crían para que vuelen, no para que se queden en casa, y por eso los papás tienen que aceptarlo quieran o no.

Veo que es muy cómodo esta forma de vivir, porque no se conflictúan. Sin embargo, también hay una gran queja de papás de que sus hijos no sean responsables o no quieran salir a buscar trabajo. Están pagando, estos papás, las consecuencias de sobreproteger a sus hijos, y se arrepienten de no a ver sido firmes y que ellos les resolvían los problemas que le correspondían al hijo. Puede parecer simpático que vistan y se comporten como adolescentes, pero es un problema porque niegan a asumir el paso del tiempo. No viven a plenitud cada etapa de la vida, creando así una brecha emocional y una resistencia a ser mayor o adulto. También hay que tener en cuenta que, gracias a los avances de la ciencia, el promedio de vida se ha prolongado, y esto ha facilitado que se diluyan los límites generacionales, la niñez cada vez es más corta, y la adolescencia, más larga.

Creo que a todos nos tocó discernir en la juventud acerca del proyecto de vida y lo que pretendíamos hacer en el futuro. Pero también hay que entender que son otros tiempos y a los cuales tenemos que analizar. Lo cierto es que nuestra sociedad como puede ser muy relajada también es muy dura ante esta serie de situaciones, pues enseguida nos mencionan que no faltemos a sus derechos. Y como es una sociedad que constantemente alude a sus derechos y no a sus responsabilidades y obligaciones, pues solo queda observar estos comportamientos.

Algo bueno hay que sacar de este fenómeno. Los jóvenes nos están enseñando que las cosas hay que tomarlas con mas tranquilidad, pues hemos tenido que ceder a esas posiciones rígidas de épocas pasadas y nos damos cuenta de que no siempre se estaba en la razón, el riesgo es que ya no se valora la experiencia de los adultos mayores. Mejor vamos a reflexionar qué es un adulto en la actualidad, en lugar de reprimir al niño que llevamos dentro, tal vez es mejor dejarlo salir y encontrar un mundo que nos sorprende.

Pues en este mundo donde todo cambia sin darnos cuenta, las empresas acaban, se transforman o se trasladan a otra parte; lo que hoy aprendiste mañana ya es obsoleto; las ideas ya no son firmes; los valores van moviéndose en orden jerárquico; no existe seguridad laboral, pues las compañías quiebran, se fusionan o se absorben unas a otras. Un adulto debe estar preparado para moverse en el mercado de trabajo. Innovar, asombrarse, aprender, que son características de los niños, cruciales para seguir vigentes.

Así que ni tanto que queme al santo, ni poco que no le alumbre. Debemos estar abiertos a los cambios y descubrir que es lo bueno. Lo que si me atrevo a sugerir es que dejemos que nuestros hijos vayan descubriendo, con esa actitud de niño, el mundo. Y que vayan solucionando sus retos y problemas, pues nos damos cuenta de que son ellos los que van a cambiar su entorno gracias al acompañamiento de unos padres responsables. Fomentar el deseo de crecer y ser mejores personas, eso mejores personas. Que saquen lo mejor de si mismos, y que no se aferren a ser los número uno, porque cuando no lo sean se van a conflictuar emocionalmente. Y esta sociedad en la que vivimos requiere de personas con valores y sentimientos, leales, respetuosos y ubicados emocionalmente en su edad correspondiente. A ser unos verdaderos humanos.

A quienes hemos llegado al quinto, sexto, séptimo piso o mas arriba, disfrutemos la vida, porque es tan poco el amor como gastarlo en celos. Y recordar que ya no tenemos tiempo para perderlo en simplezas que no nos llevan a nada. Así que canta, baila, pasea, come, y disfruta esta vida con una buena bebida o un café, y decir: Vida nada te debo, vida nada me debes, estamos en paz.

Gracias por tu atención, y te pido me envíes un comentario diegoazgconrumbo@gmail.com para enriquecer mi acervo cultural u continuar mi proceso de aprendizaje.

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