Línea Caliente

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Cazarín/Delia González, disputa de truhanes

Por Edgar Hernández*

 

Una por ingenua e inepta el otro por ser el talibán de Cuitláhuac, el caso es que ni a cuál irle en esta disputa de poder entre ORFIS y el Congreso del estado por impedir queden al descubierto las rapacerías del gobierno.

De Juan Javier Gómez Cazarín se han escrito sórdidas historias de abusos de poder, complicidades y desvíos millonarios de recursos financieros en el Poder Legislativo, así como por ser el operador estrella de Cuitláhuac García Jiménez -el del hacha en lugar de bisturí para la operación política- en el trabajo sucio.

Es el iletrado que aprendió a tocar la flauta.

El vendedor de autos usados hasta hace unos años que por sus servicios lo mínimo que espera, amén de lo ya ganado del 2018 para acá, sea la gubernatura.

Y es que tumbar al Fiscal Winckler, en una acción fuera de toda legalidad; destituir a la mala a la titular del Poder Judicial, Sofía Martínez Huerta tras amenazarla de muerte; echar a la calle a las magistradas de más prestigio del Tribunal Superior de Justicia, Yolanda Cecilia Castañeda y Concepción Flores Saviaga y por estos días buscar poner “patitas en la calle” a Delia González Cobos, auditora responsable de ORFIS, tienen su precio.

Obligado, por tanto, el pago de la factura.

Y es que si bien los atropellados han sido -excepción hecha de las magistradas- unos tramposos y rateros que merecían mas que el despido la cárcel, es indiscutible que el marco legal en que se ejecutó la limpia fue ilegal.

 El caso Delia.

Del otro lado del mostrador, punto más que imposible entrar a la defensa de Delia González Cobos con todo y que es la recomendada del primo incómodo, el rapaz Subsecretario de Finanzas, Eleazar Guerrero y del propio Cuitláhuac.

La auditora, hoy en predicamento, jamás pudo parar al Cartel de ORFIS, convertida en la hermandad de la corrupción, ni poner en orden su área jurídica con un retraso en la cuenta pública 2020 y menos córtales las uñas a sus representantes auditores dedicados a la abierta extorsión de los presidentes municipales.

A ello se suma su novatez.

Anteriores auditores responsables de ORFIS ganaron la tolerancia del gobernante en turno por la complicidad en el manejo de los números, la autorización de las cuentas públicas anuales, por limpiar el cochinero financiero y hacerse de la vista gorda ante el saqueo al erario.

Delia, sin embargo, pensó -si es que a eso se le llama pensar- que si revelaba que si los ediles y equiperos del gobierno de Cuitláhuac, robaban poquito justificaría la cloaca; que si hacía públicas las irregularidades por más de cuatro mil millones de pesos -el presupuesto anual es de 128 mil millones de pesos- por la cuenta pública 2019, no pasaría nada.

No fue así.

El primero en respingar públicamente fue Cuitláhuac al señalarle que las cuentas no las había hecho bien y que estaba confundiendo los tiempos de solventación.

La de Orfis quiso recomponer el lio y encabronamiento del gobernador aduciendo que las irregularidades denunciadas se superarían al momento de ser solventadas (sic).

¡Vaya ingenuidad!

Nadie va solventar nada. Los alcaldes se van en diciembre y los de la 4T son toma todo.

Por ello y a pesar de ser la recomendada de Eleazar, quien ya no le toma ni la llamada; de tener el palomazo inicial del jefe político quien se niega a recibirla y estar en manos del Taliban, lo seguro-seguro es que esta ingenua no cargue los peregrinos.

La exitosa burócrata que tanto dinero ganó en el pasado en el servicio público por sus chambas de carácter federal en la ciudad de México, tendrá que regresar derrotada a la tierra que la vio nacer.

Y mas vale que lo haga rápido ya que una vez que el expediente se lo pasen al “Bola 8”, el siguiente paso será una no muy cálida casita de ladrillo en Pacho Viejo.

Así son estos.

Tiempo al tiempo.

 

 

*Premio Nacional de Periodismo

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