#ObreroDelGis Conectados y desconectados

Diego A. Zapata Gómez

Eran las 10:30 de la mañana cuando todo se detuvo. Resulta que se cayó el sistema de las redes sociales, Facebook. Instagram, WhatsApp, no permitían que uno se comunicara con amigos, clientes, familia o al trabajo. Fue interesante las reacciones que se dieron, por nuestra forma de vida: conectados a las redes sociales. Muchos apagaban su teléfono o la computadora para volver a conectar y ver si esa era una causa, otros llegaron a pensar que se les había acabado el plan o los datos, otros más creyeron que ya sus teléfonos, tabletas o computadoras ya no servían, maldiciones, actividades suspendidas… el asunto es que muchos no sabían cómo enfrentar esta situación de la era digital.

Algo histórico en el mundo, desde que existen las redes sociales, Facebook. Instagram y WhatsApp registraron una caída a nivel mundial, a la que después se unió Telegram por saturación. Los que rebasamos los cuarenta años, nuestras reacciones fueron distintas. Es verdad que muchas cosas, o más bien la mayoría de todo se mueven a través de la digitalización. Se programan horarios, embarques, compras y ventas, audiencias, entrevistas, mensajes, citas, etc., pero cuando se cae el sistema ya no se puede realizar dicha actividad o compromiso. Los jóvenes se sentían desorientados porque no tenían con quien comunicarse, algunos llegaron a expresar una terrible soledad, porque no podían comunicarse con sus pares. Papás que no sabían cómo entretener a sus hijos pues el chupón electrónico no funcionaba. Algunos empleados sintieron un poco de descanso, pero también presionados porque la empresa estaba perdiendo y el jefe o el patrón estaba de malas al ver que esto no se componía, algunos comentan que Telegram, una alternativa a WhatsApp, se saturó y estaba presentando fallas. Este problema afecta mucho más a las nuevas generaciones, mientras que los adultos no tienen problema con quedarse sin Instagram, Facebook y WhatsApp.

Y en la docencia de la misma forma se presentaron estos inconvenientes, pues en estos tiempos donde la educación es a distancia, este medio de comunicación se vio truncado por esta situación mundial. Los papás de educación básica que son los que están al pendiente y al frente de sus hijos y alumnos, no sabían qué hacer. En verdad que ya muchas cosas los estamos dejando a la digitalización y cuando se cae el sistema, se paraliza todo. Fue un momento de silencio, con ganas de decir que así fuera por un buen período para poder reencontrarnos a sí mismos y con quienes nos rodean.

Y es que estamos tan metidos en estos medios, que nos da miedo el silencio y la orfandad digital. Quienes tuvimos la oportunidad de vivir sin estos medios, no fue un problema grave. Nuestros emails eran de escritos en papel, con tanta delicadeza para escribir, bien sellados, con su timbre postal y en un sobre de entrega normal o inmediata, era llevada esta correspondencia a la oficina postal la cual la entregaba. El tiempo pasaba hasta un mes o un poquito más para que esa carta llegara a su destino debido a la distancia, nuestra carta era transportada por avión, ferrocarril, barco o en autobús. La emoción de recibir una carta y leerla, no se compara con lo que recibimos ahora. Esas correspondencias se guardaban en el baúl, no sin antes responder a la misiva del remitente. Y si era tan urgente el mensaje pues hacía uso del telegrama, el cual era un poco más caro y no podía uno explayarse, pues los mensajes eran solo con palabras clave. “Toño mamá urge hables teléfono, tío Juan problemas”, Se traducía “Antonio mi mamá quiere que le hables por teléfono, pues hay problemas con mi tío Juan”, así que con esas pocas palabras enviadas con el código morse así aparecía en clave morse:

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Claro está que a nosotros no nos llegaba así, nos imprimían una hoja con respectiva notificación en nuestro idioma. Todo era más tranquilo y sencillo. Las noticias a nivel mundial se tardaban un poquito más para conocerlas. Y el mundo vivía en completa tranquilidad.

Alguna vez me preguntaron mis alumnos que por qué se dice mediodía o medianoche, no tienen la conciencia de las horas, pues ya pasamos la mayor parte despiertos. La luz día convencionalmente inicia a las seis de la mañana y se acaba a las seis de la parte, son doce horas de luz y por consiguiente doce horas de oscuridad. A las doce del día es la mitad de la claridad, llamándose mediodía; de las seis de la tarde a las seis de la mañana son doce horas así que a las cero horas o doce de la noche es medianoche. Nos íbamos a dormir más temprano, como a las 9 de la noche y eso ya era muy tarde para dormir, pero uno despertaba más temprano. En estos tiempos se duerme uno como a las once de la noche por más temprano y otros después de las doce de la noche. Todo porque estamos en constante actividad con la tecnología y la digitalización, descansa uno menos y la presión, el estrés y el cansancio invaden nuestra persona.

Así que, con esta caída del sistema de estas redes sociales, les afectó más a las personas que han hecho de esto su modo de vida y a los jóvenes que no conocieron el mundo no digitalizado. Quienes sobrevivimos sin estas herramientas, no lo sentimos tan dramático pues somos de la generación sólida, donde lo más importante es nuestra persona y la comunicación de persona a persona, los juegos de mesa, la conversación de frente a frente, que la tecnología de las redes sociales.

La caída de estas redes sociales si trajo problemas, perdidas millonarias para empresarios y no empresarios, porque nos afectó a todos. Todo esto ha pasado porque no elegimos otra plataforma alternativa para comunicarnos, pusimos todos los huevos de la gallina en WhatsApp, Facebook e Instagram, cuando existen otras alternativas para comunicarse. Y Seguirá pasando esto si no equilibramos y buscamos otra red que nos brinde el mismo servicio que las redes que se les cayó el sistema.

Debemos preocuparnos por convivir con nuestra familia, nuestros amigos, salir a tomar un café y hacer por un momento a un lado nuestro teléfono, esto para reencontrarnos como verdaderos amigos, hermanos y familiares, es el momento de desconectarse para sentir el sonido del silencio y meditar, reflexionar, analizar acerca de nuestra historia personal, porque la ausencia de Dios es más fuerte que la ausencia de WhatsApp, Instagram y Facebook.

Saludos a todos y te pido tus comentarios a diegoazgconrumbo@gmail.com para seguir aprendiendo más de la vida con sus comentarios bien recibidos.

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