Ni sociedad ni Estado dan a la educación la importancia que tiene: investigador de la UV

Para esta marginación se suministran actualmente “pildoritas”, dijo el investigador (Foto de archivo)
  • Sistema educativo del país vive la tormenta perfecta, indica Gerardo Galindo, profesor-investigador de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana.

Karina de la Paz Reyes Díaz 

Para Gerardo Antonio Galindo Peláez, profesor-investigador de la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana (UV), el sistema educativo del país vive “la tormenta perfecta”, pues al rezago que ya padecía se suma el ocasionado por la pandemia de Covid-19. 

Pocas son las referencias históricas de cómo se desarrolló la educación en México en tiempos de pandemias. Guardadas todas las proporciones, antes de ésta que se vive por la Covid-19, el único antecedente conocido es la de la mal llamada “gripe española”, que se sintió en muchos países entre 1918 y 1920 y que causó una gran mortalidad entre la población. Es decir, hace un siglo que el país no experimentaba un suceso así. 

En octubre de 1921, inmediatamente después del final de esa pandemia, en México se creó la Secretaría de Educación Pública. Con ella iniciaron los esfuerzos por reunificar y centralizar toda la oferta educativa que existía en ese entonces, ya que el incipiente sistema nacional creado en el Porfiriato se había colapsado por la irrupción del movimiento armado de 1910, que se prolongó por más de una década. 

Es por ello que no se conoce mucho de cómo el conjunto del sector escolar de esa época enfrentó tal tragedia. 

“México venía saliendo de la revolución armada y no había tanto control sobre las estadísticas de natalidad, mortalidad y salud. Las fuentes históricas lo que dicen es que la gente moría, como hoy, pero pocas veces esas muertes quedaban registradas. Tras una década de guerra, la muerte estaba siempre en la cotidianidad de las áreas urbanas y rurales. 

”Era un México más aislado, más disperso. Sin duda hubo una gran mortalidad, especialmente en la infancia, pero no podemos medir el impacto en las cuestiones educativas con la precisión y certeza con que se verifica hoy.” 

 La escuela perdió su valor ante la sociedad 

Las escuelas del país fueron cerradas en marzo de 2020, en atención a las medidas sanitarias por la pandemia, mientras el regreso presencial a las aulas se instruyó a finales de agosto de 2021; a la fecha se vive una transición que para algunos es lenta y para otros, escalonada. 

Para el también especialista en estudios de historia de la educación regional y análisis de libros escolares mexicanos en los siglos XIX y XX, en este escenario es necesario tener presente que como país “llevamos muchos años con la educación en crisis” pues la sociedad ni el Estado tienen un discurso unificado en torno a su importancia, por el contrario, es “ambivalente” 

Así, por un lado se dice que la educación debe ser el paradigma y palanca del desarrollo y, por otro, ni una parte ni la otra le dan la importancia que merece. 

Como muestra, citó las notas periodísticas que dan cuenta del vandalismo y saqueo que han padecido las escuelas de todos los niveles en esta pandemia. “Es increíble ver cómo la escuela perdió el valor ante la sociedad, hay una parte de la población que no se identifica con ella ni con sus valores”. 

Por otro lado, el Estado mantiene un discurso, pero no asigna ni la atención ni los recursos suficientes a la educación, siendo otras sus prioridades. 

A ello, el autor del libro El Colegio Preparatorio de Orizaba, 1824-1910, continuidad y cambio, añadió el asunto de la falta de recursos y en consecuencia el rezago que tiene el país en el tema de la innovación tecnológica, el uso de tecnologías educativas y de información. 

“Tenemos la tormenta perfecta, porque no podemos dar la cobertura educativa a toda la población que lo necesita, existen rezagos históricos y por diversos factores un sector de la población no está recibiendo la cobertura necesaria al carecer de acceso a las tecnologías y no contar con recursos que se las proporcionen adecuadamente”, destacó. 

Para el co-coordinador del libro México en dos tiempos: 1521, 1821, como nación enfrentaremos en corto, mediano y largo plazo –además de los estragos sociales, económicos y de desarrollo por la pandemia– un rezago educativo “como no lo habíamos visto en muchos años”. 

Es más, “son dimensiones insospechadas, es una catástrofe de la que apenas se empieza a ver la punta del iceberg; es inevitable darse cuenta de la segregación, marginación y el abandono escolar”. 

En términos estrictos, dijo, el planteamiento del gobierno actual de que la gente regrese a las aulas tiene el principio de retomar una educación más incluyente, pero por otro lado, “es el espejo de todas las carencias y rezagos en torno a la educación, porque ni siquiera ese intento presencial tiene éxito”. 

Las consecuencias para un país con rezago educativo podrían ser una obviedad, pero también un asunto grave, opinó el historiador: “Estamos condenados a la dependencia tecnológica del exterior, a la ausencia de valores culturales y sociales –porque la escuela ayuda a la socialización y a la convivencia, a una cultura de tolerancia y respeto, y al perderse, se pierde un lazo que cohesiona–, por lo que aumentará la conflictividad social y la violencia”. 

Utilizando términos médicos, para esta marginación se suministran actualmente “pildoritas”, pero la situación conlleva a un “terrible problema de exclusión y de polarización social” que se verá a largo plazo. 

El académico sugirió revisar la historia del país en los últimos años y replantear qué pasa, cuál es la continuidad de una problemática, como la de la educación, y cuáles los desafíos que la situación plantea. “La situación es sumamente delicada y difícil” y requerirá de voluntad política y de una respuesta social más contundente. 

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