Estudiante UV investigó prácticas funerarias en sitio arqueológico de Apazapan 

“Probablemente el alma del difunto fungía como un mensajero entre el mundo terrenal y el mundo divino”: Anali Melchor
  • Es el primer descubrimiento de esta índole en los 12 años de investigación del PARP 

Karina de la Paz Reyes Díaz / Fotos: Proyecto Arqueológico Río de Los Pescados 

Hace cinco años el Proyecto Arqueológico Río de Los Pescados (PARP) de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana (UV) descubrió un contexto de ofrenda y una urna funeraria en el sitio arqueológico Apazapan 1, lo que propició un minucioso estudio y microexcavación en laboratorio. Las primeras conclusiones permiten afirmar el hallazgo de restos de una infante en el interior de la vasija y, a la par, adentrarse en las prácticas mortuorias empleadas por la sociedad prehispánica de esa región.

El PARP –cuyo fundador y director es el académico Rodolfo Parra Ramírez y está avalado por el Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia– inició funciones en 2010 y el hallazgo de 2017 fue el primero que dio cuenta de costumbres funerarias en la zona, convirtiéndose en la pauta para iniciar estudios sobre la temática.

El inicial lleva por título “Los entierros de infantes en el sitio arqueológico Apazapan 1. Un estudio de caso”, trabajo práctico científico a través del cual Anali Melchor Tiburcio obtuvo el título de Licenciada en Arqueología, bajo la dirección del propio Rodolfo Parra, y las sinodales Yamile Lira López y Rocío Hernández Flores.

Como lo especifica el documento, tal sitio es el más complejo de los asentamientos prehispánicos establecidos en la cuenca media del río Huitzilapan-Los Pescados; se ubica al sur, en las afueras del poblado homónimo, y está construido sobre una gran plataforma diseñada y nivelada de manera artificial, cuyas dimensiones son: 600 metros de largo y 250 metros de ancho.

La hoy egresada dijo sentirse afortunada por ser parte del equipo que protagonizó el hallazgo. En su caso, realizaba la segunda práctica de campo y la primera sobre excavación.

“Estábamos en la cuarta capa de excavación –del nivel 60 a 80 centímetros de profundidad– y fue cuando nos percatamos de la posible existencia de una vasija”, rememoró.

La vasija fue trasladada al Laboratorio de Arqueología de la Facultad y así inició un estudio que implicó tomografías y una microexcavación de la pieza, para determinar qué contenía en su interior.

El hallazgo de 2017 fue el primero que da cuenta de las costumbres funerarias en la zona

Ofrenda dedicada a inhabilitar una estructura 

Las tomografías no les proporcionaron información del relleno de la vasija, sin embargo, permitieron rectificar que la pieza estaba sumamente fragmentada, lo que les implicó un trabajo de microexcavación más cauteloso del habitual.

A través de la microexcavación identificaron restos óseos y dadas sus dimensiones hacían suponer que eran de un infante. Esto fue confirmado a través de un análisis osteológico, que además permite decir la edad tentativa –tomando en consideración el brote dental–: un año y cuatro meses.

También permite decir que el posible sexo es femenino. Esto de acuerdo con el material y contexto arqueológico que la acompañaba: punzón, malacate y navajillas de obsidiana; estos artefactos están relacionados con la actividad del hilado y de acuerdo con varios teóricos consultados por Anali Melchor, era una práctica propia de las mujeres.

Un dato más que la egresada plantea en su trabajo práctico científico versa sobre lo que motivó el hecho: “De acuerdo con nuestras evidencias y análisis del contexto arqueológico, podemos decir que la urna funeraria posiblemente formó parte de una ofrenda dedicada a la inhabilitación de una estructura, ésta puede ser una plataforma habitacional o religiosa, no tenemos certeza debido a que no pudimos liberar de manera total la estructura”.

En entrevista, aclaró que la investigación y el análisis osteológico no permiten afirmar que se trató de un sacrificio. “Quise tratar de hacer ese análisis, sin embargo, mi formación limita llegar a ese tipo de resultados, no soy experta en el tema para concluir que el infante murió sacrificado o por causas naturales, y que fue aprovechado para ser ofrendado”.

Desde su incorporación al programa de estudios en Arqueología, Anali Melchor ha tenido interés en la antropología física, por ello a la par estudió Criminología en la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, con el propósito de prepararse para un posgrado en antropología física o bioarqueología.

Por tales razones es que el hallazgo funerario sigue causándole emoción y cuatro años de investigación reafirmaron y retroalimentaron su interés académico inicial.

La urna funeraria fue restaurada por quienes integran el PARP

El alma fungió como mensajera entre el mundo terrenal y divino 

Tanto en la presentación del documento recepcional –ocurrido en diciembre de 2021– como en la entrevista, Anali Melchor hizo hincapié en que esta investigación es importante porque permite saber sobre tradiciones y costumbres de las poblaciones antiguas, que a su vez reflejan ideologías sociales, políticas y religiosas a través de las cuales se regía y normaba.

Es importante también porque pone en evidencia el desarrollo cultural de esa región: “En la actualidad el hecho de ofrendar la vida de un infante es considerado un acto atroz; sin embargo, las sociedades prehispánicas consideraban la vida como lo más preciado. En este caso, probablemente el alma del difunto fungía como un mensajero entre el mundo terrenal y el mundo divino”, plantea en su documento.

Dijo que esta investigación puede ser la base para futuras investigaciones respecto al tema, porque el estudio de prácticas funerarias con población infante es escaso.

Una aportación más aborda la protección del patrimonio arqueológico en sí, toda vez que las personas al encontrar una vasija antigua suelen creer que en su interior hay oro o dinero, de ahí la importancia de dar a conocer este tipo de investigaciones, porque se quitan ideas erróneas.

“Muchas veces las personas destruyen los sitios, montículo o vasijas pensando que dentro de ellos encontrarán oro y es una idea errónea. Posiblemente esto ayude un poco a cambiar su visión y a preservar el patrimonio cultural de nuestra nación.”

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