Historia de Plan del Río y su fortín de órdenes militares

Pintura «La marcha de la conducta» pintada en 1836 por el artista inglés Daniel Thomas Egerton.

Por L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias

A 36.5 kilómetros al sureste de la ciudad de Xalapa y a 71.4 kilómetros al noroeste del puerto de Veracruz en México, a orillas de la carretera federal 140 se localiza la pequeña población de Plan del Río, perteneciente al municipio de Emiliano Zapata. Esta localidad, según el censo de población del INEGI, tenía apenas 1 199 habitantes en 2010, una cifra bastante reducida si se toma en cuenta la gran antigüedad que posee el poblado como sitio habitado y que se remonta a siglos antes del periodo de colonización española en el siglo XVI, pues se halla próximo al yacimiento arqueológico de Pangololotlan, que data del Horizonte Preclásico, siendo su periodo de mayor apogeo el Clásico Tardío, entre los años 600 y 900 de nuestra Era.

El nombre de Pangololotlan nombre, en opinión del antropólogo José Luis Melgarejo Vivanco (1914-2003), epigrafista del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, es una palabra extraña mezcla del náhuatl con elementos lingüísticos de origen posiblemente africano: Panco (puente), lolo (se desconoce su acepción) y tlan (lugar), viniendo a significar “Lugar donde se pasa”. En referencia a los pasos que existen para cruzar las abruptas barrancas de Plan del Río.

La expedición del capitán general Hernán Cortés desembarcó en las playas de Chalchicueyecan el 22 de abril de 1519, frente al islote de San Juan de Ulúa. Después de la fundación del cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz hacia el 20 de mayo, se realizaron la construcción de sus edificios hacia el 28 de junio en la bahía frente al pueblo totonaco de Quiahuiztlan y la concertación de una alianza militar anti mexica con los caciques y principales de los grandes señoríos y pueblos de Zempoala, Chiconquiaco, Tlacolulan y Mizantlan.

Finalmente, el 16 de agosto de 1519 partió desde Zempoala una expedición de aproximadamente 4 000 hombres entre europeos, africanos e indígenas aliados, que guiados por capitanes de Moctezuma, se dirigieron hacia Tenochtitlan. El primer día llegaron a Izcalpan -la parte prehispánica del actual pueblo de Rinconada-, el segundo pasaron por Pangololotlan y acamparon en algún punto cerca de Cerro Gordo. Al tercero arribaron a Xallapan (la actual ciudad de Xalapa) y el cuarto a Xicochimalco (actual Xico Viejo) para después remontar las montañas hacia Tlaxcala y Tenochtitlan, a donde llegaron el 8 de noviembre del mismo año.

Esta ruta -con excepción del tramo de Villa Rica a la ciudad de José Cardel- a partir de 1525 se fue convirtiendo en el camino real de Veracruz a México. Después de 1809, al entrar en servicio el Puente del Rey (actual Puente Nacional), el tramo de Veracruz a La Antigua y la Ventilla o camino real Viejo, fue gradualmente abandonado pues el tráfico comercial y militar se enfocó en el camino real Nuevo abierto entre Veracruz y Perote por el Consulado de comerciantes de Veracruz a través de la región de Paso de Ovejas.

FUNDACIÓN Y EL CAMINO REAL

Entre 1525 y 1530, el conquistador español Pedro Maldonado fundó una venta o mesón, junto a Pangololotlan, cuya población totonaca casi desapareció por el azote biológico de epidemias. No obstante, la venta continúo dando servicios a los viajeros y arrieros por estar situada estratégicamente a orillas del naciente camino real, que comunicaba Veracruz -situado entre 1525 y 1599 en La Antigua, a orillas del río Huitzilapan- y Xalapa, en su ruta de ascenso hacia la Ciudad de México.

Hacia 1600, este mesón era propiedad de Baltazar de la Bezares, después de su hermano Melchor y en 1609 fue vendida a María Núñez en 400 pesos de oro común, quien en el mismo año, la traspasó a Juan Gallegos por 550 pesos. En 1613, la propiedad pasa a Pedro Ruíz , vecino de la provincia de Xalapa, recuperándola María Núñez en 1619. Tras pasar por varios dueños, el negocio fue adquirido poco antes de 1640 por don Sebastián de la Higuera Matamoros, quien la arrendó a diversos venteros de Xalapa, permaneciendo en poder del Mayorazgo de la Higuera durante el resto del siglo XVII.

Durante el siglo XVI, el sitio fue conocido como La Penja, El Plan y la Venta de Arroyo. Será hasta el siglo XVIII, cuando reciba su nombre final de Plan del Río. Un nombre muy bien aplicado ya que el poblado está asentado en una planicie rodeada de elevaciones, cruzadas por dos afluentes del río Actopan, también llamado San Carlos, famoso por sus aguas cristalinas y muy recomendables para el consumo humano. En geografía, un Plan es un terreno que presenta marcadas variaciones en su orografía. Ubicado a 885 metros de altitud y en las últimas estribaciones del volcán Cofre de Perote, presenta un conjuntos de valles, barrancas no muy profundas, cerros muy altos.

En el siglo XVIII, Plan del Río queda encuadrado en el territorio de la Alcaldía Mayor de Xalapa, pues el gobierno indígena de Xalapa obtuvo una licencia para construir en el paraje conocido como Aguascalientes (hoy Plan del Río) una venta para atención y alimentación de los viajeros, con el comercio de los productos de la localidad (miel, madera, verduras y artículos manufacturados), ampliando así el territorio de la alcaldía. Al igual que en otras poblaciones, las ventas fueron elemento para propiciar el crecimiento de la población con un estilo de vida similar al español.

Desde el siglo XVI, formaban parte de una ruta llamada Camino de las Ventas, que partía desde San Juan de Ulúa a la venta de Buitrón en la costa, luego por tierra enlazaba con La Antigua, Rinconada, Plan del Río, El Encero, Xalapa y las ventas de Sedeño, Aguilar, Las Vigas y Perote; que con el paso del tiempo se fueron complementando con establecimientos diversos en Cerro Gordo, San Miguel del Soldado, La Joya y Cruz Blanca, que no siempre consiguieron sobrevivir hasta el siglo XIX.

Miles de viajeros se detuvieron en la venta de Plan del Río o el territorio ocupado por este pequeño pueblo y los mencionaron en sus testimonios escritos, a lo largo de más de 400 años. Un ejemplo, es el brigadier de ingenieros español Manuel de Santisteban, destinado al servicio en la Nueva España desde 1761 y que se encargará del diseño y construcción de la fortaleza de San Carlos, en las afueras del pueblo de Perote.

En 1769, el virrey Carlos Francisco de Croix le solicita un reconocimiento y descripción de la ruta Veracruz-Xalapa-Perote a lo largo de 134.08 kilómetros, partiendo de la Nueva Veracruz hacia La Antigua, a orillas del río Huitzilapan. El informe, titulado RELACIÓN DEL CAMINO REAL DE MEXICO, QUE DESDE LA PLAZA DE VERACRUZ SIGUE POR XALAPA HASTA EL PUEBLO DE PEROTE fue terminado de redactar el 16 de marzo y detalla los desfiladeros, ríos, puentes y pasos existentes en el trayecto y se envió toda esta documentación a España para su aprobación, con carta fechada el 20 de mayo de 1769. Menciona lo siguiente, acerca del tramo de La Antigua hasta Cerro Gordo, pasando por el Plan:

“De la Antigua al rancho de Arroyo Seco hay tres leguas y media, se pasa por el de Sn. Francisco, camino bastante incómodo, pedregoso y lleno de atascaderos en tiempos de lluvia.

De Arroyo Seco hasta la Venta de la Rinconada, distante siete leguas de la Antigua, continúa el camino con la misma incomodidad. De la Rinconada a la venta del Plan del Río, hay tres leguas con el mismo piso y antes de llegar, se pasan dos puentes de piedra, aunque los arroyos permiten el paso lo más del año. Tiene esta situación una bajada y empinada subida cubierta y cerrada de árboles por ambos costados, siendo posible dificultarla mucho más, con retrincheramientos y cortaduras, y aunque sigue por la izquierda una profunda barranca que facilita excusar dicha subida, se hace respetable su tránsito por la dominación del terreno en toda la distancia, hasta desembocar en el paraje llamado Cerro Gordo y tierra del Coyote, distante como legua y media del Plan, para introducirse en el camino real que pasa al pie del Cerro Gordo. Este monte, de bastante altura, a manera de cono truncado, formando un dilatado placer en la parte superior y dominando los terrenos inmediatos y con especial la referida subida, sería digno del mayor aprecio para defensa de este importante paso si conviniesen las demás circunstancias de agua y saludable benigno temperamento para un efectivo restablecimiento pero en la ocasión conviene ocuparlo y defenderlo, cuanto lo permitan las operaciones de campaña”

LOS DOS PUENTES

La población no había experimentado un crecimiento demográfico importante en los siglos XVI y XVII, pero era un sitio de paso obligado para los viajeros y el tráfico de mercancías hacia Xalapa y los pueblos de la zona cercana. El camino era muy difícil de transitar y sufría constantemente las inundaciones de los ríos Actopan y Huitzilapan, lo que obligaba a los pueblos y villas a destinar recursos económicos a la reparación de estos tramos.

Esta situación comenzó a cambiar durante el gobierno del rey Fernando VI (1746-1759), apodado “El prudente”, quien el 13 de octubre de 1749 emite la real instrucción a los superintendentes generales de correos, postas y estafetas, especificando las normas que seguirán en materia de caminos, incluyendo su reparación y apertura. En cuanto a la explotación y conservación de los mismos dice la instrucción:

“Los Intendentes corregidores harán especial encargo a todas Justicias de su provincia y subdelegados de ella para que cada uno en su término procure tener compuestos y comerciables los caminos públicos y sus puentes en que se interesa la causa común; que no permitan que los labradores se entren en ellos; y a este fin pongan sus fitas y mojones, y procedan contra los que ocuparen alguna parte de ellos con las penas y multas correspondientes a su exceso, a más de obligarles a la reposición de su coste, y que si necesitaren de mayor ensanche o reparos de puente o calzada que facilite los pasos y tránsitos den cuenta con la justificación necesaria a mi Consejo para que por él se providencie lo conveniente en lo que no puedan costear los pueblos, en cuyo territorio se deban hacer, interín que por mí no se tome otra regla y providencia; y cuidarán de conservarlos corrientes conformes a las órdenes dadas y las ordenanzas municipales”
Esto marcó un cambio importante en la forma en que la monarquía española veía la cuestión de sus vías de comunicación, asumiendo por primera vez responsabilidades directas en la ejecución y explotación de los caminos principales, que experimentarán un gran auge durante el reinado de Carlos III (1759-1788).

En 1757, el virrey Don Agustín de Ahumada y Villalón, marqués de las Amarillas, ordena a Antonio Primo de Rivera, alcalde mayor de Xalapa, la reparación del camino real en el tramo de Perote a Veracruz. Este alcalde otorga un reconocimiento al Agrimensor en Tierras, Aguas y Minas, José Miguel de Santa María, por la construcción de los puentes conocidos como Plan del Río y El Encero. Bajo su dirección, en 1758 se construyen dos puentes de mampostería sobre los dos arroyos de Plan del Río y hacia 1760, otro a poca distancia de la venta del Encero (hoy Dos Ríos).

Sobre el arroyo sur o río Chico del Plan, tras dejar la cuesta del camino real que baja desde La Cumbre y Palo Gacho, se hizo un puente de dos arcos, que posteriormente se amplió a tres, y que fue conocido como Puente de la Reina en el siglo XIX, por la idea de tener un real compañero del gran Puente del Rey, construido con 7 arcos entre 1805 y 1807 sobre el río La Antigua, 22.7 kilómetros al sureste del Plan. También se le ha conocido como Puente de San Pedro. Actualmente, mide 56.53 metros de longitud, 5.50 de alto, 8.40 de ancho, varias bocanas de desagüe inoperantes y 4 contrafuertes dispuestos como tajamares y espolones, siendo cilíndricos y gruesos los del lado oriente y más alargados -sin duda una sustitución- los contrarios. Los tres arcos son de medio punto con un vano de 10.3 metros (12 varas) cada uno, notándose un claro ángulo de pendiente en el espesor de las bóvedas de sur a norte. Del lado oriente, también se visualiza un cordón rematado en volutas neoclásicas por ambos extremos, siendo esta ornamentación, la única que se aprecia en los puentes de arco del camino real de Veracruz hasta Perote, que han sobrevivido hasta nuestros días.

En el profundo arroyo norte o río Grande del Plan, a 470 metros del Puente de la Reina y a 51 metros de la venta, se edificó un puente con un solo gran arco arco de medio punto, de 12.53 metros de anchura (15 varas) y con una bóveda excesivamente gruesa de piedra bruta y acuñada. Este puente ya no existe, pues fue volado con pólvora en febrero de 1848, por guerrilleros veracruzanos que trataban de impedir el paso de un convoy norteamericano rumbo a la capital. Aunque la Ciudad de México ya había sido capturada en septiembre de 1847, la guerra continúo, hostilizando con gran éxito por parte de la guerrilla mexicana, a las vías de abastecimiento entre la capital y el puerto de Veracruz, a lo largo del camino real, rebautizado nacional desde 1824. A pesar de que se había ya firmado el 2 de febrero, el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, oficialmente llamado Tratado de Amor y Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América y que fue ratificado el 30 de mayo. El historiador y funcionario de gobierno, Miguel Lerdo de Tejada, escribe al respecto en el segundo tomo de su obra APUNTES HISTÓRICOS DE LA HEROICA CIUDAD DE VERA-CRUZ, publicada en 1858:
“Aunque al concluir el año 1847 el padre Jarauta y su compañero Martínez se habían retirado del camino de Vera-Cruz, dirigiendo sus excursiones por los llanos de Apan y las inmediaciones de Pachuca, y otros de los jefes de las guerrillas se habían cansado ya de la vida errante y en el mes de Febrero siguiente, á pesar de estar ya firmado el tratado de paz, atacaron otro convoy en el mismo punto, donde se apoderaron de mas de ocho mil pesos en sederías; poco después hicieron lo mismo en la Antigua con unos atajos de muías cargadas, matando é hiriendo á los arrieros, porque llevaban licencia de los americanos para portar armas, y el 20 atacaron en la Soledad á una partida de éstos, quitándoles tres carros, y haciéndole 13 muertos y 13 heridos. Además, con el objeto de impedir ó molestar el paso al enemigo por el camino de Vera-Cruz á Jalapa, destruyeron los guerrilleros el puente del Plan del Río, con lo cual no perjudicaron tanto á los americanos como al gobierno mexicano, porque su reposición en 1854 y la construcción de un puente provisional de madera que se hizo allí antes, costaron á la República mas de ochenta mil pesos”

Entre 1848 y 1851, se hizo un puente provisional de madera para facilitar el cruce. En 1852 se trató de reparar el puente dañado y fracasó incluso una reconstrucción entera del arco, por lo que se ofreció en concurso el contrato de la obra a fines de ese año. La obtuvo y desempeñó en medio de grandes dificultades, de enero a mayo de 1854, el joven ingeniero don Francisco de Garay, cuyo proyecto inicial fue un puente metálico pero se altero a pedido del presidente Antonio López de Santa Anna, a un puente de mampostería y ladrillo. La novel estructura fue llamada Puente Nuevo fue terminada puntualmente el 15 de mayo de 1854, tras las pruebas de rigor, fue abierta al público el 21 de julio, habiendo costado la cantidad de 30.000 pesos y es la que permanece hasta nuestros días. Mide 30.83 metros de largo, 7.67 de ancho y 10 de alto, con altos contrafuertes prismático en el lado que está favor de la corriente. El arco mide 18 metros (21.53 varas) y 7 de sagita, fue formado con ladrillo de piedra caliza local y buena clase, ante la imposibilidad de conseguir piedra labrada o sillería. Al final, se colocó una losa de mármol en uno de los costados y decía en caracteres antiguos:

“Por disposición de S. A . S. el General Presidente de la República Don Antonio López de Santa-Anna, y mandado ejecutar por el Ministerio de Fomento y de sus propios fondos, se reconstruye este puente bajo la dirección del ingeniero Don Francisco de Garay. Año de 1854”.

VENTA Y ERMITA

En la actualidad, Plan del Río se extiende de norte a sur a lo largo de 1.37 kilómetros al borde una barranca poco profunda. Al subir desde Rinconada, se entra por el Puente de la Reina (donde confluye la carretera 140 y el camino real que baja desde La Cumbre) y tras casi medio kilómetro se llega al Puente Nuevo, bordeando un enorme cerro de 70 metros de altura. Cruzando el puente, se llega al núcleo de población de Plan del Río, cuyo crecimiento urbano ha sido siempre en esta área, pues la presencia del gran cerro y la anchura del cauce del río Grande del Plan obstaculizan la construcción de nuevos edificios.
Más adelante -siempre a lo largo de la carretera que antes fue el camino real de Veracruz a Xalapa- se llega al edificio que fue la famosa venta de Plan del Río en el siglo XIX y mencionada por viajeros ilustres y no siempre en buen tono, dependiendo del trato recibido. Tiene una longitud de 27 metros y 9.80 de anchura, con un gran techo a dos aguas de tejas en la sección casa-habitación junto al camino, reforzada con dos pequeños contrafuertes y un alto nicho en el extremo norte. Atrás tiene la parte de huéspedes con patio, pórtico y arcada de estilo neoclásico. Detenerse ahí era indispensable, pues la venta de La Rinconada estaba a 11.59 kilómetros lineales al sur y la del Encero a 22.32 al noroeste de este edificio, que fue restaurado en 2007 y hoy en día se usa como tienda y casa-habitación.

Más adelante, se halla la antigua Ermita de Plan del Río: está dedicada a la Virgen de los Remedios y es una construcción del siglo XVIII con una nave a dos aguas con teja y viguería de madera. El virrey don Manuel Antonio Florez Maldonado, que gobernó en la Nueva España entre 1787 y 1789, aprobó en este último año la solicitud de los habitantes para reedificar su iglesia local. Pero fue hasta 1791, cuando estando presentes 79 vecinos ante don Pedro Gorrindo Palomino, Subdelegado del partido de Xalapa, éstos se comprometieron a edificar una iglesia de 24 varas de largo (20.06 metros) por 8 de ancho (6.68 metros), techada de madera y teja.

Fue terminada a finales de esa década o durante la siguiente, pues aparece ya en la hermosa litografía La marcha de la conducta del inglés Daniel Thomas Egerton (1797-1842) hecha en 1836, aunque con su arquitectura influenciada por el romanticismo y vista como un edificio neogótico. Más fiel a la realidad es Llegada en Plan del Río, del francés Henri Pierre Léon Pharamond Blanchard en 1863, que representa a los soldados franceses del general de brigada Berthier acampados frente a la iglesia, antes de proseguir su marcha hacia Xalapa, durante la Segunda Intervención Francesa en México (1862-1867). La iglesia actual tiene una planta es rectangular, mide por dentro 23 metros de largo y 8 metros de ancho, un poco más que lo estipulado en 1791.

EL CAMINO DEL CONSULADO

Plan del Río experimentó un nuevo auge, muy comprensible, cuando en 1803 el Consulado de Veracruz, erigido el 17 de enero de 1795, inicia por fin, oficialmente, la construcción de su camino real entre Perote, Xalapa y Veracruz, tras recibir la aprobación por real cédula del rey Carlos IV el 19 de febrero, finalizando casi ocho años de pleitos con el rival Consulado de México, que desde 1796 estaba construyendo su camino real pero por el rumbo de las villas de Córdoba y Orizaba. De esta forma, el 18 de mayo de 1803, inician los trabajos con obras en dos puntos que eran cuellos de botella en la ruta: la barranca de Plan del Río y la Cuesta del Soldado.

Se trabajó hasta 1812, durante esos años la Junta de Gobierno del Consulado siguió el proyecto trazado por el ingeniero español Diego García Conde y supervisado por su superior Miguel de Constanzó, contándose con la valiosa participación del arquitecto José Antonio Rincón Calcáneo y su hermano Manuel Joaquín, en la construcción del enorme Puente del Rey con 7 arcos y 1 alcantarilla grande sobre el río La Antigua.

El nuevo camino estaba proyectado para una longitud de 143 kilómetros con una calzada de 12.5 metros de anchura en con un piso de capas de tierra apisonadas, cascajo, estando solo empedrados los puntos necesarios como las cuestas o el ascenso al altiplano entre Xalapa y Perote. Para tratar con las inundaciones en las llanuras aluviales facilitando su desagüe en épocas de lluvias, se lograron finalizar en 1812, un total de 223 alcantarillas de arco y diversas dimensiones. Además de 11 puentes nuevos de piedra dotados de 5, 4, 3 y 1 arcos.

A partir de 1796, el Consulado de Veracruz invirtió también recursos en reparar 4 puentes de mampostería edificados en el siglo XVIII, que ya existían en el camino real: los tres edificados por don José Miguel de Santa María y uno que aún existe sepultado bajo la Carretera Nacional atravesado por el río Santiago en un paraje próximo a la hacienda de Las Ánimas y que pudo construirse entre 1784 y 1797. Se levantaron además, 3 puentes de madera con un arco de 5 metros en Las Vigas, el Paso de Lagartos y el Río Grande.

Entre 1803 y 1812 se levantaron los puentes nuevos sobre los ríos y arroyos de Sedeño, La Hoya, Copale, Lagartejos, Atliyac, Tolome, Tula, San Juan, Río Grande y los arroyos de Enmedio y Vergara. La mayoría eran puentes de un solo arco. Quedando todo relacionado en el LIBRO DE NOTAS INSTRUCTIVAS escrito por don Salvador de Alva, contador del Consulado de Veracruz.

En la barranca de Plan del Río, desciende suavemente hasta 38 metros de profundidad con el pueblo en su borde, desde abril de 1803 se inició la construcción de un gran muro de contención en escarpa, con 151.80 metros cúbicos de gruesa mampostería de piedra de río y 17 contrafuertes prismáticos de gran tamaño. Mide de 209 metros de largo, 43 centímetros de pared, 9.40 de ancho total y 5.70 de alto, teniendo en el centro una alcantarilla en talud, cuyo arco de medio punto rebajado mide 1.04 metros de vano. Gran parte de la longitud de esta obra fue reforzada durante la construcción de la Carretera Nacional entre Veracruz y Xalapa en la década de 1930, con un segundo muro de 1.67 metros de espesor. Sobre esta obra monumental y subiendo suavemente una pendiente de transita el que fue llamado Camino Nuevo o Camino del Consulado muy nivelado para las carretas, aumentado el tráfico comercial y sus ganancias comerciales. Además de la seguridad de los viajeros, al abandonar el uso del accidentado Camino Viejo de herradura, siempre en pendiente hasta Cerro Gordo, que se usaba desde el siglo XVI y que comienza en la última calle de Plan del Río antes de enfilar hacia el gran muro de contención. Está delimitado por un muro de cal y canto de hasta 1.70 metros de alto y 45 centímetros de espesor y se extiende durante 4.74 kilómetros paralelo al río Grande del Plan hasta unirse con el Camino Nuevo entre los cerros del Telégrafo y el Atalaya a poco más de un kilómetro de distancia del actual pueblo de Cerro Gordo.

Algo similar se hizo a 45 kilómetros al noroeste, en San Miguel del Soldado, cuyo muro fue conocido como la Muralla Grande y mide 84 metros de longitud, existe otro muy parecido en la Cuesta de la Calera -cerca de Rinconada- del subsisten 78 metros y uno más en Conejos -próximo a Puente Nacional- muy similar al de Plan del Río y del que se conservan aún 40 metros, por hallarse truncado.

Otra obra secundaria pero muy importante, fue la apertura completa del camino a través del bosque baja desde la localidad de La Cumbre -antes llamada El Alto- donde aun se pueden ver restos de la calzada empedrada con piedra basáltica. Este camino fue iniciado en el siglo XVI por don Álvaro López, a pedido de Hernán Cortés en la década de 1530, para unir la Ciudad de México con La Antigua y San Juan de Ulúa y se fue consolidando a través de los siguientes siglos como un difícil camino de herradura, que se comenzó a modernizar intermitentemente desde el 25 de noviembre de 1776.

Desde el actual Rancho Viveros, se extiende por 1.33 kilómetros, con una anchura de 7 metros, un piso con lajas de piedra de río y desciende una suave pendiente de 68 metros hasta unirse con el Puente de la Reina. A partir de ahí comienza la llamada Calzada del Consulado, que vuelve a ascender una suave pendiente de 3 metros, y transita sobre el gran muro de contención y terreno firme 554 metros antes de girar hacia Cerro Gordo. Actualmente, la calzada, que casi llegó hasta Las Ánimas, se halla sepultada bajo la carretera 140 o Nacional, construida entre 1928 y 1938 y que cumplió las expectativas que el Consulado de Veracruz tenía de unir Veracruz, Xalapa y Perote por una ruta que impulsara el crecimiento económico de las regiones por donde cruzara.

LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

Las obras del camino real emprendidas por el Consulado de Veracruz se interrumpieron el 20 de mayo de 1812 por el estado de guerra en que entró la Nueva España desde el 16 de septiembre de 1810, con la rebelión emprendida por el padre Miguel Hidalgo en el pueblo de Dolores. Además de la bancarrota económica en que finalmente cayó la corporación porteña debido al pésimo estado del comercio desde la guerra de España con Napoleón, que iniciada en 1808 se prolongó hasta 1814, obligando a la Nueva España a socorrerla con enormes préstamos que drenaron su antes próspera economía. Por otra parte, cuando la guerra se propagó a la provincia de Veracruz en 1811, los ataques insurgentes a los campamentos de trabajadores y bodegas impedían seguir las obras del camino, que se quedó inconcluso en la zona de Santa Fe, a 14 kilómetros de la ciudad amurallada de la Nueva Veracruz, con la que nunca se enlazó a pesar de haberse construido previamente dos puentes de mampostería en los arroyos de Vergara y Río Enmedio, con uno de madera sobre el Río Grande.

Los rebeldes emprendieron un extenso desgaste a la ya debilitada economía de la zona entre Xalapa y Veracruz se caracterizó por el uso de los accidentes geográficos y pasos estratégicos, destruyendo parte de las obras recién hechas por el Consulado de Veracruz, a fin de impedir el paso de los batallones realistas y apoderarse de los convoyes comerciales que en ambas direcciones, bajaban de México a Xalapa y de ahí al puerto. Para lograrlo, las guerrillas libraron numerosos combates y establecieron parapetos -y más tarde fortificaciones- particularmente en los parajes de Plan del Río, Puente del Rey y San Juan, donde las obras consulares habían creado tres zonas de control estratégico: el espacio entre dos puentes (los de Plan del Río, el Puente del Rey y el río Copal, el río Seco y el rio San Juan).

Este tipo de guerra cerrando los pasos vitales del comercio y el transporte militar, tuvo bastante éxito entre 1811 y principios de 1815, pues a la escasez de recursos económicos y la destrucción de la agricultura en la zona externa a las ciudades, se agregó la llegada de batallones expedicionarios que España, pese a su guerra con el ejército napoleónico, envío como refuerzo al ejército virreinal que luchaba por liquidar la rebelión, que atrajo a sus filas a numerosos desertores de las filas realistas. En 1812 llegaron 3857 hombres de los batallones de infantería de Asturias, Lovera, América, Castilla, Zamora y Fernando VII. En 1813 arribaron a Veracruz 1895 efectivos de los batallones de Extremadura y Saboya. En 1814, no arribaron refuerzos. Estas tropas sobrecargaron la economía xalapeña hasta cerca del borde del colapso y obligó a abrir las cargas de numerario del comercio para pagar sus indispensables servicios, toda vez que, pese al valor desplegado y penurias sufridas, los soldados del rey eran incapaces de doblegar a los insurgentes de Nicolás Bravo, Manuel Rincón, el Chino Claudio y Guadalupe Victoria, entre otros muchos caudillos rebeldes.
Tuvieron bastante éxito, pues casi exterminaron al batallón de Voluntarios de Castilla al mando del bravo coronel Francisco Hevia impidiéndole salir de Veracruz, construyeron sus propios fortines, impusieron contribuciones para autorizar el paso de los convoyes por el Puente del Rey y hacerse de recursos para financiar la rebelión y auxiliarla en otras zonas. También cortaron prácticamente la comunicación entre la capital y la costa durante meses. En contrapartida, pagaron un muy alto precio en vidas humanas, la destrucción de sus rancherías y la quema del pueblo de La Antigua por el batallón de Zamora al mando del coronel Rafael Bracho, pues la guerra en territorio veracruzano se desarrolló con una ferocidad muy superior a la del Bajío donde tuvo su origen.

El 31 de mayo de 1813, el virrey Félix María Calleja del Rey, acérrimo enemigo de la insurgencia y que había batido con éxito al ejército de Hidalgo, además de afrontar sin éxito a Morelos en Cuautla, emitió la instrucción para la creación de un Camino Militar entre Perote y Veracruz, es decir, el control y escolta del camino real que había hecho el Consulado en la década anterior. Este y otros documentos referentes, se hallan en el Archivo de Historia Militar de Sevilla:

“Perote le mandará al Sr. Gobernador de la Fortaleza a las órdenes del general del ejército del sur y su guarnición además de los patriotas armados de su distrito constará de 250 de fuerza de infantería, 50 de caballería y 7 leguas de distancia de un puesto a otro. Hoya, en ella se situará un puesto militar que proveerá la villa de Xalapa y estará a las órdenes del comandante que de ella se nombre; la fuerza de este destacamento será de 70 de infantería, 30 de caballería y a la distancia de 4 leguas. Xalapa; además de los patriotas armados de su distrito tendrá una fuerza de 250 de infantería, 50 de caballería a una distancia de 5 leguas y media. Cerro Gordo; se establecerá en él un puesto militar que dependerá del comandante de Xalapa con la fuerza de 75 de infantería, 25 de caballería y a 5 leguas. Rinconada, se establecerá en él un puesto militar que dependerá de Xalapa con la fuerza de 75 de infantería, 25 de caballería a 4 leguas y media de distancia. Paso de Ovejas; se establecerá en él un puesto militar que proveerá el Sr. Gobernador de Veracruz y estará a sus órdenes con la fuerza de 100 de infantería, 50 de caballería a 7 leguas. Santa Fe; se establecerá en ella un puesto militar que guarnecerá la plaza de Veracruz y estará a las órdenes del Sr. Gobernador de ella con la fuerza de 1 200 de infantería, 50 de caballería a 3 leguas de Veracruz”

No resulta difícil visualizar lo reducido del ejército realista entre Perote y Veracruz, en una zona extremadamente agreste con un clima mortal a los europeos y gente nacida en clima frío, además de una geografía montañosa que proporcionaba numerosos refugios a los insurgentes. Por ello, solo una red de puntos fuertes en zonas escogidas -similar a la estrategia de portaaviones hoy en día- podía sostener el dominio del rey el tiempo suficiente para que España expulsara por fin a los franceses de sus fronteras y volviera de nuevo su atención hacia la más importante colonia de su imperio.

FERNANDO MIYARES Y MANCEBO

En 1814 la situación en España mejoró con la retirada de los ejércitos napoleónicos y el cuerpo de comerciantes de Cádiz presionó por el restablecimiento seguro de la ruta México-Jalapa-Veracruz. Financiaron el envío del tercer cuerpo expedicionario de reconquista, aprovechando para ello la disponibilidad abundante de tropas por el fin de su propia guerra de independencia.

De esta forma, el 18 de junio de 1815 desembarca en Veracruz el brigadier venezolano Fernando Miyares y Mancebo (1780-1816), considerado uno de los mejores y más capaces jefes que hicieron la guerra contrainsurgente. Bajo un plan rotativo de servicio de 2 años en ultramar, traía bajo sus órdenes 1 749 soldados: el Regimiento de Órdenes Militares No. 33 al mando del coronel Francisco Xavier de Llamas (2 batallones con 1 126 soldados de la infantería de línea) y el batallón de Voluntarios de Navarra al mando del coronel José Ruíz (623 soldados de infantería ligera).

Del brigadier Fernando Miyares y Mancebo, se sabe que era hijo del Capitán General de Venezuela, Don Fernando Miyares y González y Doña Inés Mancebo de Miyares, ambos nacidos en Cuba (durante su estadía en Caracas, doña Inés ayudó a amamantar al hijo recién nacido de su amiga Doña Concepción Palacios de Bolívar, el futuro libertador Simón Bolívar). Esta familia era de ilustre y contaba con numerosos miembros en el ejército español. Nacido en la ciudad de Caracas en 1780, destacaba por ser muy activo y emprendedor.

En 1803 con el grado de teniente de Ingenieros es nombrado ayudante del regimiento real de Zapadores y Minadores. Su historial militar incluye su participación en 1808 como capitán de ingenieros en el Regimiento de la Princesa del ejército expedicionario español en Dinamarca, exigido por Napoleón al monarca Carlos IV de España en virtud del Tratado de San Ildefonso, firmado el 27 de junio de 1796. En abril de 1815 el Ministro de Indias comunica al gobernador de Veracruz la salida de Miyares al mando de casi 2 000 hombres para aquel puerto.

Inmediatamente se trasladó a la zona de Jalapa, siendo investido de muy amplias facultades por el virrey Félix María Calleja del Rey.

Estuvo menos de un año en la Nueva España, logrando sucesivos triunfos que le valieron ser nombrado gobernador de Veracruz. Además se distinguió por su trato muy humano hacia los vencidos, lejos de la bárbara guerra de exterminio que hacían otros jefes con beneplácito de los virreyes como Venegas y Calleja. Falleció en 1816 a causa de una lesión recibida durante su campaña en el camino real de Córdoba y Orizaba.

En el tomo décimo de su HISTORIA GENERAL DE MÉXICO DESDE SUS TIEMPOS MÁS REMOTOS HASTA NUESTROS DÍAS y publicada de 1876 a 1877, el historiador español Niceto de Zamacois (1820-1885) escribe acerca de Miyares y su desempeño en este virreinato:

“El golpe que había recibido el brigadier Miyares en las inmediaciones de San Andrés Chalchicomula, al caer del caballo, como dejo referido en su lugar correspondiente, llegó á dejarle muy delicado en su salud. Deseando recobrar esta, y disgustado de la rivalidad que notaba en algunos jefes contra el virrey, nacida de la superioridad de conocimientos militares de éste, se volvió á España en Abril de 1816, donde murió á poco. Miyares fue uno de los militares más inteligentes, activos y bizarros que en esa época pasaron de la península á la América. Caracas puede enorgullecerse, con justicia, de contar en el catálogo de sus muchos y distinguidos hijos, á ese pundonoroso militar que reunía al valor y los conocimientos del arte de la guerra, los sentimientos más nobles de humanidad y de justicia”.

Tras un análisis detallado de la zona, viendo los recursos insuficientes en tropas, dinero y que los insurgentes hacían guerra de guerrillas y no batallas campales de estilo europeo; el brigadier Miyares determinó el establecimiento de fortines artillados en puntos estratégicos, que permitieran la mutua asistencia a menos de un día de camino y a los campesinos establecerse cerca de ellos, aprovisionando así a las tropas de guarnición. Además de impedir que los rebeldes se fortificaran en sitios vitales, como sucedió en Puente del Rey, donde fue preciso librar dos batallas en 1815 para asegurar el paso.

Éste plan responde perfectamente a la misión que le fue encomendada desde España, en sus propias palabras:

“El objeto de mi venida a este reino con los regimientos de infantería de Órdenes Militares y Voluntarios de Navarra fue el de establecer un camino militar de Xalapa a Veracruz, asegurándolos con fuertes de campaña o del modo que yo tuviese por más conveniente”

Estos fuertes se pudieron establecer hasta marzo de 1816, siendo construidos algunos y descartados otros como grandes obras, pero manteniendo guarnición. Consideraba suficientes para custodiarlos 520 soldados expedicionarios relevándolos cada 15 o 20 días a fin de que disfrutaran del descanso y de su trabajo. Así otros 940 estarían disponibles para escoltas y perseguir bandidos). El plan original de Miyares de 1815, terminó concentrándose en 1816 en solo 5 fuertes: El Lencero, Órdenes Militares, Fernando VII y dos tendientes a construirse en Santa Fe y San Juan. Todos ellos estarían comunicados por telégrafos ópticos de brazos mecánicos, de San Juan de Ulúa hasta Puente del Rey y de éste a Xalapa.

Aunque no todos los fuertes se terminaron de construir en su totalidad y la seguridad nunca fue completa durante el tiempo que Miyares dirigió las operaciones, el tránsito de Veracruz a Jalapa se agilizó y podía recorrerse en solo 5 días con la escolta de los regimientos expedicionarios. Algunos de esos fuertes fueron demolidos o incendiados en 1821 por los patriotas veracruzanos que abrazaron la causa de Agustín de Iturbide y que no deseaban estos obstáculos en su lucha, como el fortín de La Antigua que fue incendiado el 31 de mayo de ese año. El fortín de Órdenes Militares sobrevivió casi intacto y fue el más importante de este camino militarizado, pues era el modelo de arquitectura militar a seguir para construir los demás.

LA BATALLA DE PUENTE DEL REY

¿Por qué se escogió Plan del Río para construir este fortín? Durante su primer viaje de Veracruz a Xalapa, Miyares escribió notas de todo cuanto veía para formar su plan de campaña contra los insurgentes. Estudió la zona de Puente del Rey y la de Plan del Río, reflejando esto en el DIARIO DE LA PARTE TOPOGRÁFICA Y ESTADÍSTICA DEL TERRENO QUE RECORRE LA DIVISIÓN AL MANDO DEL BRIGADIER D. FERNANDO MIYARES Y MANCEBO, QUE DA PRINCIPIO EL DÍA 21 DE JUNIO DE 1815 Y FINALIZA EN EL DÍA DE LA FECHA.

Salió de Veracruz a tres días de haber arribado, para alejar a sus soldados de las epidemias características de la zona en los meses de verano y que habían diezmado a otros cuerpos expedicionarios. A diferencia de Hevia, siguió el camino por la playa hasta La Antigua, pues la bóveda del puente de Río Enmedio había sido destruido desde 1812 y el camino por el rumbo de Paso de Ovejas, estaba infestado de insurgentes. El 23 llegó al Puente del Rey dando un día entero de descanso a su tropa. El 24 enfila por el camino real pasando por La Nevería, La Rinconada, El Organo y baja a Plan del Río por el sendero desde La Cumbre. Lo describe así:

“El Plan del Río es un pequeño valle comprendido entre dos ríos, llamados Grande y Chico del Plan. Por la derecha del camino termina el valle en la confluencia de los dos ríos que toman el nombre de él, y por la izquierda en unas lomas y alturas en anfiteatro que le dominan. Militarmente visto, es un paraje sumamente expuesto para tropas que marchen por el camino real si no se toman de antemano las alturas de la izquierda, pues si algún cuerpo de tropas se empeñase en el Plan sin esta precaución no tendría más arbitrio que atacar de frente la posición, que no puede flanquearse ni por derecha ni por la izquierda en razón de la profundidad del cauce de los ríos, cuyas orillas son altas, escarpadas y casi inaccesibles. Los puentes por donde se pasan los expresados ríos son de piedra, bien construidos y capaces de pasar artillería de todos los calibres”.

La posición era inmejorable, ya que un fuerte artillado en la cima del cerro estaría a salvo de ser flanqueado por los obstáculos naturales por tres de sus lados y tendría la ventaja de la altura, desde la cual cañones con disparos de trayectoria parabólica podrían batir los dos puentes, el Camino Real e incluso el gran muro de contención distante 900 metros directamente al frente.

Tras su llegada a Xalapa, reforzó su tropa con 350 soldados locales y comenzó su campaña el 24 de julio de 1815 desalojando a la guerrilla de Guadalupe Victoria de su formidable posición en Puente del Rey en su viaje de regreso a Veracruz. Luego se trasladó a la zona de Córdoba y Orizaba y regresó a Xalapa. Durante estos meses no desarrolló su campaña pues la temporada de lluvias impedía un buen desempeño de las operaciones militares. No obstante avanzó en la administración de Xalapa quitando el impuesto que los anteriores jefes militares habían cargado sobre la población y se construyó el fuerte del Encero, fortificando los dos edificios que componían la venta, a fin de controlar el paso del puente muy próximo y la subida del camino real desde Corral Falso y Cerro Gordo.

El 1 de diciembre apareció sorpresivamente por el rumbo de La Ventilla con una división realista de 1 500 soldados de las tres armas, que será reforzada al día siguiente por una fatigada tropa de 700 hombres al mando del coronel Joaquín Márquez Donallo, venida desde Perote. Su plan era desalojar definitivamente a los rebeldes, que habían recibido refuerzos en armas y también habían aumentado sus números a 1 500 hombres con 7 piezas de artillería, con parapetos en los cerros próximos al Puente del Rey y un fortín en la cima del cerro de la Derecha, que posteriormente se conocerá como de La Concepción. Su movimiento clave será apoderarse del cerro de la Izquierda, antes de cruzar el gran puente y establecer ahí su campamento y una batería que construye a gran prisa en la ribera para bombardear el fuerte insurgente, mientras sus batallones cruzan el río y rodean por atrás, construyendo trincheras que estrangularán la defensa y los obligarán a rendirse.

Tras establecer un sitio de una semana, en la noche del 8 de diciembre, la trampa está a punto de cerrarse en torno al fortín al privársele del agua que corre por el arroyo Copal junto al cerro de la Derecha. Mientras Miyares quemaba la masa de cornezuelos que bloquean del Puente del Rey para unirse al coronel José Ruíz, quien manda el batallón español de Voluntarios de Navarra, en la calzada de Chipila. A las 20.30 horas se oyen gritos desde lo alto del cerro sitiado que dicen «¡Viva el rey, viva el general y viva Navarra!», señalando que los cazadores de esta tropa han capturado la fortificación insurgente, gracias al aviso de tres hombres fugados de ahí que indican que han sido abandonada por los defensores, huidos unos hacia la barranca de Acazónica y otros hacia la base insurgente de Tehuacan.

En la mañana del 9 de diciembre, Miyares ocupó formalmente el fuerte mientras Márquez perseguía a los fugitivos hasta la barranca de Acazónica, donde tiene un duro encontronazo con los insurgentes, que no genera mayores consecuencias.

Miyares informa enseguida al virrey Félix María Calleja de su victoria y detalla las abundantes provisiones y excelente artillería abandonados por los rebeldes.

En su informe señala que ha mandado bajar dos cañones de lo alto del cerro de La Derecha, cuyo fortín ha rebautizado como Atalaya de la Concepción en conmemoración del día en que lo capturó (8 de diciembre). Es la primera mención que se conoce de este hecho y cuyos documentos originales están en el Archivo General del castillo de Simancas, en España.

Los insurgentes reconocen que la perdida de tan importante posición y pertrechos se debe a la inexperiencia militar del jefe insurgente, frente a la pericia profesional de hombres como Miyares, Márquez y Rincón que comandan tropas con una moral alta debido a las victorias conseguidas en 1815.

El día 10 se comienza a construir el fortín de campaña del Rey Dn. Fernando VII en lo alto del cerro de La Izquierda, que a partir de entonces se llamará San Fernando en los planos del siglo XIX y del Nopo en el XX. El día 13 la división realista captura el fortín insurgente de La Antigua, junto al río Chico y el 19 regresa a su base en Jalapa finalizando su exitosa campaña, que cambia la marea de la guerra a favor de los realistas, que continuarán su imparable ofensiva hasta diciembre de 1819; cuando Guadalupe Victoria desaparecerá, ocultándose en selvas y cuevas; de las que emergerá hasta 1821.

EL FORTÍN

No se conoce la fecha exacta de inicio de construcción del fortín de Órdenes Militares, pero según el DIARIO DE LAS OPERACIONES CONTRA PUENTE DEL REY, escrito por Miyares a don Francisco Xavier Abadía, inspector general de Indias, reportando su campaña militar entre el 1 y el 22 de diciembre, ya se había iniciado antes del día 12. Miyares aprovechó la gran desorganización insurgente, resultado de sus victorias, para acelerar la conclusión del fortín de Órdenes Militares en Plan del Río. Escribió al respecto:

“Día 11. Llegó la división de Márquez y salió el regimiento de Navarra a explorar los pasos de Rinconada y Cuesta de la Calera a fin de que el 2º. batallón de Órdenes, que debe llegar en este día con un gran convoy de víveres y municiones, lo verifique con felicidad, como con efecto ha sucedido. He dado la orden para que el 2º. batallón de Órdenes marche mañana a Xalapa, llevándose los heridos, balerío suelto, alguna artillería y demás objetos que no sean necesarios aquí. He providenciado también lo conveniente para que se conduzcan al Plan del Río los efectos necesarios, y con los que debe concluirse totalmente el fuerte de Órdenes Militares establecido en aquel punto. Día 12. Marchó el 2º. batallón de Órdenes Militares en cumplimiento de la orden que se le dio ayer. He resuelto marchar contra el fuerte de la Antigua, que se halla guarnecido por la gavilla del “Chino” Claudio, y a este efecto he dado mis órdenes para verificarlo en el día de mañana.”

No obstante, en su extenso INFORME A SU SUCESOR EN EL GOBIERNO DE VERACRUZ SOBRE EL ESTADO DE LA PROVINCIA, fechado 8 de abril de 1816, Miyares informa al mariscal don José Dávila lo suficiente para situar el periodo inicial de construcción alrededor del mes de noviembre de 1815:

“El objeto de mi venida a este reino con los regimientos de infantería de Órdenes Militares y voluntarios de Navarra fue el de establecer un camino militar de Xalapa a Veracruz, asegurándolos con fuertes de campaña o del modo que yo lo tuviese por más conveniente. Esta operación estuvo suspensa desde el mes de junio del año pasado en que yo llegué a Veracruz, hasta el mes de octubre próximo anterior en que se principió, a causa de que el temperamento no permitió que se ejecutase en el intermedio del tiempo citado. Las facultades que yo traía tuvo a bien ampliarlas el excelentísimo señor virrey de este reino, y en consecuencia de ellas empecé a operar sobre el camino real haciendo construir casi a un mismo tiempo los fuertes del Encero y de Órdenes Militares, situado en el Plan del Río. Seguidamente se arrojó a los rebeldes de los fuertes que construyeron en Puente del Rey, y lo mismo se verificó con el que habían hecho en La Antigua, los cuales se ocuparon por más tropas, y con ellos y los anteriormente citados del Encero y Órdenes Militares juzgué que estaba bastante bien apoyado el camino militar, aunque de un modo provisional.

Tampoco se conoce el día exacto en que se terminó de construir, pero sí que fue en el mes de febrero de 1816. El día 18, Miyares informó al virrey Calleja que el Órdenes Militares ya se encuentra operativo, por lo que se estima el tiempo en levantar el fortín entre 60 y 75 días aproximadamente. Los trabajos, a un costo estimado de 2.600 pesos, fueron dirigidos por los hermanos y capitanes José Antonio y Manuel Joaquín Rincón Calcáneo, mismos que también habían trabajado en la edificación del Puente del Rey y el camino real entre 1805 y 1811, a las órdenes del ingeniero militar Diego García Conde. Por su conocimiento de caminos, puentes y trabajos de zapadores, habían sido reclutados en 1814 por el coronel Luis del Águila y después por Miyares.

También informaba del estado en que se encuentran las demás fortificaciones, algunas de las cuales debieron suprimirse por la imposibilidad de obtener agua para sus respectivas guarniciones.

En su informe del 8 de abril de 1816 al mariscal Dávila, Miyares describe el fortín de Plan del Río y su potencia de fuego:

“El fuerte de Órdenes Militares está construido en una montaña situada a tiro de cañón de la confluencia de los ríos Grande y Chico del Plan, que bañan muy próximamente las faldas de la indicada montaña. Este fuerte es de la figura y proporciones que se indican en el plano que acompaño a vuestra señoría, construido según el citado sistema del general Montalemberg. Este fuerte está dominado por un crestón de la misma montaña en que se halla establecido, cuyo defecto, aunque conocí, lo desprecié en razón de que desaparecería luego que se concluyese la obra, pues debiendo establecerse en ella un telégrafo situado en el centro de la azotea y apoyado en el robusto pilar, que con este objeto se construyó, es también necesario, después de situada la máquina a la altura que convenga, construir a su pie una casita o habitación que sirva para el manejo de ella, y en consecuencia esta casa o habitación hace los efectos de un espaldón con el cual queda desenfilada la obra y nula la dominación. En este fuerte hay en el día situadas una pieza corta de a 4 con otra de a 6, y el piso en donde están puede muy bien resistir piezas de a 12”

Arquitectónicamente, se trata de una robusta torre poligonal de 7 lados irregulares, de casi 9 metros de altura y 3 niveles (sótano, entrepiso y terraza) sobre roca caliza ligeramente nivelada. Los muros están en escarpa. El fortín ocupa un área total de 46.67 metros cuadrados. Su entrada era mediante un puente levadizo en el cuerpo medio, práctica muy seguida en la época para evitar el fácil asalto por tropas enemigas. Fue construido con piedra caliza, arena y madera de la región. El techo de madera y vigas radiales, está sostenido por una maciza columna central que se ve en el entrepiso.

No se trataba de una fortificación de traza irregular, sino armoniosa que se adapta a los accidentes del terreno. Sus lados miden según su orientación, 3.42 metros al oeste/este, 8.30 metros al sur/sureste/suroeste. 9.80 al noroeste y 9.60 al noroeste. Formando una punta de diamante, como la que se aprecia en la traza irregular del baluarte de Santiago en el Centro Histórico de Veracruz. Este modelo diseñado por Miyares, era geométricamente proporcionado, buscaba el perfecto equilibrio y armonía en la arquitectura, que además debía ser eficiente y resistente.

La forma se debe a la aplicación del sistema de fortificación de Defensa Perpendicular propuesto por el francés marqués Marc René de Montalembert (1714-1800), quien proponía una defensa exitosa basada ya no en baluartes grandes (cuando predominaba aún la fortificación abaluartada inspirada en los principios del marqués de Vauban, mucho más costosa y dilatada de construir, desde su origen en el siglo XV) sino en sólidas casamatas complementadas por trincheras.

El marqués de Montalembert nació en Angoulême el 16 de julio 1714 y murió en París 28 de marzo 1800. Fue un hombre de letras en general y un ingeniero francés, especializado en fortificaciones defensivas, autor de un importante tratado sobre fortificaciones militares y tres comedias. La Defensa Perpendicular, que constaba de cinco volúmenes publicados entre 1776 y 1784, consistía básicamente en lograr varias maneras de fortalecer la línea recta, triángulo, cuadrado y todos los polígonos, ampliando los lados según lo exigiese el terreno, dando así a la defensa una dirección perpendicular (la condición de perpendicularidad se da entre dos entes geométricos que se cortan formando un ángulo recto). Sus ideas fueron despreciadas por sus contemporáneos pero aplicadas por todas las naciones europeas a partir de 1850, cuando la necesidad de economizar recursos y hacer frente a la artillería de proyectiles explosivos, se impuso y su uso se prolongó hasta el siglo XX, en la forma de casamatas, torres y bunkers.

Adoptaba las siguientes características:
1. Se confiaría a la torre un papel central en la defensa de toda plaza.
2. Se usarían recintos poligonales capaces de adaptarse a las irregularidades del terreno.
3. La base de la torre está formada por ángulos cuyos lados se flanquean recíprocamente a 90° con el fin de garantizar la defensa cercana.
4. Las casamatas se sitúan a los lados y la artillería de tiro lejano en los entremedios, inspirados en las baterías de los buques de guerra de tres puentes de la época.
5. Las torres alojan numerosos cañones destinados a la acción lejana.
6. La torre permite una gran potencia de fuego al concentrar los cañones, que pueden disparar en todas las direcciones.
7. En montaña, donde los cañones de gran calibre tienen dificultades de acceso, la torre conserva muchas ventajas a pesar de su relativa debilidad.
8. Al contrario de lo que era habitual hasta entonces, los cañones se colocan en casamatas abovedadas a prueba de bombas, quedando protegidos del tiro enemigo, y más particularmente de los tiros de rebote.

Miyares adoptó este sistema para reducir el número de tropas destinadas a cubrir los fuertes y escoltas del camino real. Indicaba que no bastarían 800 hombres, pero que aplicándose este sistema, bastaría con la mitad e incluso podría reducirse más. Los los soldados estarían bien guarnecidos y casi nada expuestos al daño.

La comprobación de los beneficios de la Defensa Poligonal se hizo precisamente en el fortín de Órdenes Militares, bajo este criterio:

“Propuse que los fuertes se construyesen bajo este sistema que prescribe el general Montalemberg, por considerarlos yo los más a propósito para la especie de guerra que se hace en este país”

Miyares estaba versado en el arte de la fortificación, pues había sido ayudante de ingeniero en 1801, justificaba la elección de su diseño en los siguientes términos, en su correspondencia al virrey:

“El indicado sistema tiene en sí, como se sabe, las ventajas siguientes: 1ª. La guarnición de estos fuertes puede aumentarse o disminuirse considerablemente, sin perjuicio de su buena defensa; 2ª. Quedan encerrados en ellos los víveres, municiones y demás efectivos, sin que puedan jamás deteriorarse, ni por las lluvias ni por los ardores del sol, y por la razón expresada se precave a sus guarniciones de las enfermedades que son consiguientes en este país a todo individuo que sufre la intemperie; 3ª. En los expresados fuertes no hay que hacer sino el primer gasto y puede asegurarse que su duración, sin hacer en ellos composición ninguna podrá ser la de 50 años; 4ª. Para apoderarse de cada una de ellas, si son medianamente provistas y defendidas, se necesita de un sitio formal, pues los ataques bruscos, y aún los sorpresa, están muy distantes de tener lugar en esta especie de obras, si en ellas hay la décima parte de la vigilancia, que se requiere en cualquiera otra fortificación; 5ª. Su elevación proporciona ventajosamente el establecimiento de telégrafos, circunstancia que no he olvidado.”

Situado en un cerro cuya altura es de 70.26 metros, surgía la preocupación sobre la capacidad de cobertura que podría brindar la fortificación a sus defensores. A esto Miyares suscribe:

“El único defecto que se pone a las torres de Montalemberg, es que sólo tienen en sí una defensa directa y que los defensores no registran el pie del muro de la obra que defienden, pero este defecto ha desaparecido en Órdenes Militares, habiendo yo hecho construir escapes o ladroneras en todos sus frentes, desde las cuales ya con el fusil, ya con granadas de mano, queda todo perfectamente visto y defendido, esto es desde el pie del muro hasta la distancia de tiro de cañón no hay un paraje en donde el enemigo pueda establecerse a pecho descubierto, sin que sufra daño, cuando los defensores están tan cubiertos que es muy causal pueda haber en ellos la menor desgracia”

Entraba en los planes de Miyares y más tarde, del virrey Juan Ruíz de Apodaca, establecer casamatas con cañones y obuses de a 6 y 4 libras lo largo del camino real. Los obuses a diferencia de los cañones, tenían más calibres y disparaban esferas de hierro huecas rellenas de pólvora que explotaban en un momento predeterminado por el artillero, gracias a un fusible ajustable que se encendía en el instante del disparo. Recortando el fusible, podía estallar en el aire encima del enemigo arrojándole metralla.

Las bodegas del nivel inferior tenían gran capacidad según expresa la correspondencia de Miyares al virrey cuando informa del término de su construcción:

“El fuerte de Órdenes Militares [Plan del Río] puede contener ochenta defensores. En su almacén de víveres pueden encerrarse treinta mil raciones, en su almacén de municiones he tenido yo depositados doscientos treinta mil cartuchos de fusil, quinientos tiros de cañón y seiscientas granadas, quedando aun un gran espacio para que los arrieros transeúntes puedan depositar en ellos lo que gusten y entreguen con cuenta y razón”.

La gran capacidad de almacenamiento que menciona, se debía a las estimaciones sobre los alimentos para las tropas. Miyares era un jefe previsor, buen administrador y preocupado por el bienestar de sus solados. Sus cálculos señalaban que se podían almacenar en Xalapa y en los fuertes construidos víveres para 4 meses, consumiéndolos a razón de 2 000 raciones diarias: sus dos regimientos expedicionarios y las tropas auxiliares de Xalapa, ascendían en 1816 a más de 2 000 hombres. Se daría así, tiempo para reponerlas reduciendo su consumo en proporción a que las guarniciones fueran cada vez menores. Consideraba muy costoso este sistema, mientras no se hubiera logrado avecindar un número suficientes de rancheros en torno a los fortines y estos pudieses abastecer con sus productos agrícolas a los soldados destinados a la guarnición.

El edificio recibió el nombre del regimiento de infantería Órdenes Militares, cuyas tropas lo custodiaron.

DESPUÉS DE 1821

El fortín participó en todas las guerras del México Independiente (1821-1876) y cesó su actividad militar en 1867 tras el fin del imperio de Maximiliano de Habsburgo. Abandonado por el gobierno se fue deteriorando paulatinamente. Fue restaurado en 1985 y después en 2007 por el equipo de la Universidad Veracruzana dirigido por el arquitecto Alfonso García y García, siguiendo planos originales. El rescate tuvo un costo de aproximadamente un $ 1.100.000 pesos.

* El autor es originario de la ciudad de Veracruz, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana y técnico en informática por CENESCO. Investigador independiente en historia, antiguas vías de comunicación y campos de batalla desde 2009. Ha sido profesor del área de Humanidades, historia, antropología, fotografía, diseño grafico e informática en colegios y la Universidad Empresarial en Veracruz, Boca del Río y Soledad de Doblado. Se especializa en historia universal y militar, el periodo de la conquista de los siglos XV y XVI, las guerras de los siglos VIII al XIX en Europa y América, así como en heráldica, numismática, armamento y artillería antiguos. También es conferencista de nivel estatal, diplomado en historia del arte prehispánico, colonial y mexicano, paleografía colonial, historia de Veracruz y Boca del Río, administración pública, gestión social, grabación de escenas, etc. Desde 2019 es miembro del grupo ciudadano TOLOME UNIDO a cargo de asuntos históricos, coordinador estatal de cultura para el Estado de Veracruz para la Promotora Nacional de Economía Solidaria (PRONAES), director de Investigación, Análisis y Proyección Históricas para el Proyecto Ruta de Cortés perteneciente al Proyecto México del Consorcio Constructor de Empresas Mexicanas (CCEM) y fundador-director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR). También se desempeña como explorador, guía-senderista, asesor en recorridos históricos y organizador de expediciones documentales en el Camino Real de México a Veracruz y la Ruta de Cortés. Participa en diversos proyectos de preservación del patrimonio y rescate de memoria histórica. Ha sido galardonado dos veces con la medalla y el diploma de honor de la Institución de la Superación Ciudadana del H. Ayuntamiento de Veracruz y declarado “Hijo Adoptivo del Pueblo de Tolome”, entre muchos otros reconocimientos y honores a su actividad profesional.

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